14 de diciembre de 2010

De Libros y Autores

“LIBROS REVUELTOS, GANANCIA DE PENSADORES”

Autor: Francisco Henríquez Rosa

Esta compilación no está elaborada bajo un criterio de selección sino dentro de un contexto de apreciación a lo que pueda recrearse como un aforismo, apotegma, epigrama, refrán, proverbio, etc.

En esta compilación, Los aforismos están ordenados por temas, sin tomar ningún orden cronológico ni estrictamente conceptual de los autores, ya que dicha compilación no tiene carácter antológico ni académico.

Quizás aquí no están todos los que son, pero estoy seguro que todos los que están, son. Que hay un germen literario en Santo Domingo que ha durado mucho en cuarentena. Que tenemos autores que, por sus frutos los conocerán y es precisamente con estos aforismos que podemos conocer un poco a nuestros escritores, en su mayoría desconocidos hasta por ellos mismos.

Aparte de que la lectura de aforismos es cómoda, educativa y a veces hasta divertida, es para mí una de las formas más importantes de dar a conocer a los autores, la cual es mi intención principal.

Espero que “Libros Revueltos” les guste y lo aprovechen, porque solamente el lector “común y corriente” es el único que puede y debe promover la verdadera literatura, aunque al final sean los “críticos” los que quieran bautizar al ahijado.

Francisco Henríquez Rosa




"Conozco a Lucy Gómez Marín por mas de 30 años y volví a encontrarme con ella cuando yo presentaba mi libro en Santo Domingo y en esos días ella presentaba un CD de autoayuda. El mas reciente encuentro fue ahora con la aparición de este interesante libro “Dominicanismos” Diccionario para entender al Dominicano, del cual tuve el honor de participar en su presentación junto a la autora en el Pabellón de Cocina de La Feria Internacional del Libro en Santo Domingo.
Este libro no solamente es interesante sino también importante para encontrarnos a nosotros mismos con nuestro monólogo cotidiano en un país donde una persona no dura mas de 5 segundos sin hablar, con un vocabulario original y ancestral a la vez. Lucy rescata algunas palabras que ya no se usan o están olvidadas. Dentro del hablar del dominicano muchas de esas palabras no son necesarias ni relevantes pero es divertido encontrarnos con esos vocablos que muchas veces nos identifican como quisqueyanos". Francisco Henriquez

Gómez Marín Realizó estudios de psicología en el período 1975-1980 y ella misma se presenta como una persona “sensible, libre y auténtica, amante del orden, colaboradora e inquieta a la vez”. Ella cree en su pasión de enseñar, “no importa qué, puede tratarse de cómo y cuándo se acentúan las palabras o cómo elaborar un collar”, pues la autora de este libro también es artesana de vocación y ha sido profesora de Educación Especial y hoy en dia es Maestra-Paracticante de Reiki, una disciplina Alternativa Holística. Lucy también organiza grupos, imparte seminarios y tiene grabado un Disco Compacto de Visualización Creativa y Autocrecimiento.





Cuentos fantásticos de Juan Bosch
Selección y prólogo de José Carvajal

“Como reza el título, Carvajal limita su selección a cuentos fantásticos, sólo siete, para realzar la reputación literaria de Bosch. Aunque Carvajal no es el primero en señalar que Bosch también cultivó el cuento fantástico, nadie rechaza la etiqueta "criollista" para la mayoría de sus cuentos”
“Carvajal también reconoce que los siete cuentos fantásticos tal vez no sean los mejores de Bosch pero sí son los más fantásticos”
“En esta nueva antología, el cuento más cercano al criollismo es "Dos pesos de agua" (1941), variante del tema de la fragilidad de la vida rural sujeta a la alternación de las temporadas de sequía y las de inundación, fenómeno bien conocido en el noreste del Brasil y en ciertas zonas de México, Venezuela, la República Dominicana y otras partes”
“La antología de José Carvajal se enriquece con el ensayo teórico de Bosch: "Apuntes sobre el arte de escribir cuentos" (1958) y el Breviario de la vida y obra de Juan Bosch. Sin duda, esta antología va a contribuir a divulgar una visión más amplia de la cuentística de Juan Bosch, visión bien merecida”
Seymour Menton. Escritor y Crítico literario



RETOZOS
De la Escritora Sheila Acevedo.



“Sheila Acevedo nos asalta con Retozos, un conjunto de diez cuentos eróticos en que la intimidad fluye entrelazada con la vida exterior. En cada historia el encuentro sexual se construye de una forma diferente, guiada por la creatividad infinita del juego erótico”

Pedro Antonio Valdez

“Retozos, de Sheila Acevedo, es una novedad dentro de la narrativa dominicana actual. En sus relatos los personajes destilan un erotismo mediante un juego de pasiones intensas que devienen en el estallido de sus emociones. La autora nos muestra como impronta una voz distintiva que desde la primera línea cautiva al lector”

Tomás Castro Burdiez. EDUCARTE

25 de noviembre de 2010

Para un mejor amor



Por Roque Dalton.

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin del mes).

Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

14 de octubre de 2010

La verdadera muerte de un Presidente


Gabriel García Márquez
.

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor", y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que el se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

15 de septiembre de 2010

José Ángel Buesa: Duarte, Cuba y Dominicana


EL ÚNICO POETA HISPANOAMERICAMO EN VENDER MÁS DE DOS MILLONES DE COPIAS DE SUS LIBROS

José Ángel Buesa (Cruces, 1910- Santo Domingo, 1982), polvo hoy, “más polvo enamorado”, marcó una época en la historia de la literatura latinoamericana. Por encima de admiradores y detractores, fue un poeta en el arte de la palabra: Romántico, pero místico; amatorio, pero reflexivo; circunstancial, pero eterno. Obligado por coyunturas extra literarias, dejó atrás la patria que lo vio nacer y vino a internarse en esta media isla para darlo todo a cambio de nada. Debió ser el destino quien hizo posible que el poeta dedicara los últimos quince años de su vida a la República Dominicana, país donde dejó, junto a publicaciones, revistas y labor formativa, a un grupo de sus mejores amigos y sus mejores historias.
El olvido, la peor de todas las muertes, no puede ser la solución para la obra de este hombre, contradictorio, culto, rimador y abandonado a su suerte, sino el crítico y reflexivo enfrentamiento, porque valores para ello, le sobran.

El canto a Duarte
En 1976, y en ocasión de conmemorarse el centenario de Juan Pablo Duarte, José Ángel Buesa escribió y publicó un extenso canto, considerado como uno de los mejores textos épicos de nuestra historia literaria. Y no es raro que su autor fuera un cubano.
República Dominicana era para Buesa no sólo su segunda patria, sino la gran mitad de su corazón. El poeta no se cansaba de repetir que Duarte era el José Martí nuestro ( “Hermano de Martí: Juan Pablo Duarte”), cuya obra y acción debía ser difundida y estudiada con auge especial. Desde el punto de vista formal, el poema tiene varias aristas insospechadas. Además, “Canto a Duarte” es uno de los pocos poemas épicos en su extensa obra. De ahí que su admiración hacia el patricio dominicano sea más sentida que entusiasta. El metro y la rima, aquí van relegados a un plano externo: la gran poesía está incluida como categoría literaria dentro de los acontecimientos históricos y humanos que se resaltan del héroe. Buesa lo escribió “de un tirón”, y lo publicó tras extensas jornadas críticas con la desinteresada colaboración de Mariano Lebrón Saviñón. Sin embargo, su lectura nos advierte, irremediablemente, que el texto fue concebido mucho antes.
Se trata de un poema donde entremezcla cuartetos isosilábicos con cuartetas y dísticos. En total, el poema contiene 342 versos, divido en once partes o cantos que reseñan la trayectoria del personaje a través de los acontecimientos históricos fundamentales que conllevaron a la Independencia Nacional. Los versos están envueltos en un aire musical de gran aliento, muy cercanos a la epopeya lírica

Buesa en Santo Domingo
El poeta llegó a Santo Domingo en 1968, gracias a un contrato de trabajo firmado con la emisora estatal Radio Televisión Dominicana (hoy CERTV), suscrito entre él y el entonces Director General de la entidad, doctor Ramón Lorenzo Perelló. Sin embargo, para muchos, esta invitación estuvo muy vinculada a los deseos del entonces presidente de la República, doctor Joaquín Balaguer de traer definitivamente al país al poeta cubano, por quien sentía gran admiración. Los trámites laborales se viabilizaron con mucha fluidez, entre otras causas, porque Buesa ya conocía la República Dominicana y le agradaba el país: lo había visitado en 1954 y en esa ocasión tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de emergencia en la clínica Doctor Betances, operación de la cual salió en estado satisfactorio. Con esta decisión, el doctor Perelló ganó para el país no sólo a una figura de prestigio universal, sino que logró integrarlo a redactar guiones de radio novelas que supuestamente se trasmitirían por la emisora estatal. El primer libreto encargado fue sobre la famosa novela “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván que Buesa conocía perfectamente debido a su difusión en Cuba.

A los pocos días de instalado en el país, Buesa manda a buscar a su esposa, la señora Juana Ávila Cantú, ciudadana mexicana, con quien acababa de contraer matrimonio ese mismo año y con quien procrearía un hijo varón, llamado igual que él y conocido cariñosamente con el seudónimo de “Papucho”. Vivieron durante dos meses en el hotel Embajador. Después, se trasladaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros.

La Ciudad Corazón
En Santiago, la familia Buesa residió por espacio de ocho años, primero en el hotel “Mercedes” y después en una casa en los Jardines Metropolitanos y, por último, en un apartamento en la calle Estrella Sahdalá. La razón de una permanencia tan prolongada fuera de Santo Domingo se relaciona con el extraordinario parecido que Buesa le encontró a la misma con Santiago de Cuba y, nadie lo podía convencer de lo contrario. Él viajaba periódicamente de Santiago a Santo Domingo para entregar sus libretos. El gobierno dominicano lo rodeó de muy buenas condiciones de trabajo y no lo presionó jamás. Allá en Santiago, Buesa publicaba con frecuencia artículos en el periódico “La información” y realizaba encargos publicitarios para la Compañía Anónima Tabacalera dada la estrecha amistad que lo unía a su antiguo propietario, el “Chino” Almonte. Tras la muerte de Almonte, el poeta decide emigrar a Santo Domingo y, por esos días, conoce al doctor Guarionex López, hermano de su Eminencia Reverendísima, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien lo distinguió con su amistad. El doctor López fue quien le procuró una cátedra docente en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y un empleo como especialista en la Dirección de Publicaciones del propio centro de estudios.

En la UNPHU
Él trabajó en la UNPHU desde el 8 de marzo de 1975 hasta su muerte, ocurrida la medianoche del 15 de agosto de 1982. Allí fue Jefe de Redacción de la revista cultural “Aula”, que dirigía el poeta Mariano Lebrón Saviñón, quien fue su gran amigo y asistente permanente en las tertulias literarias que organizaba en su casa de la calle Santiago, muy notables por la calidad de la oferta cultural que en ellas se desplegaba (música culta, canto operístico, charlas de filosofía y literatura clásicas y comidas cubanas y latinoamericanas tradicionales).
Antes de esa fecha y desde Santo Domingo, Buesa fue el editor de la revista “Oasís”, de la cual sólo salieron 6 números y que tuvo la peculiaridad de ser impresa en Puerto Rico. El alma financiera de la publicación lo fue el señor Esteban Ramallo. Esta revista tuvo la peculiaridad de no indicar su fecha ni su carácter temporal. “Oasis” era una especie de antología de la poesía universal, preparada por Buesa para difundir en el país a los grandes poetas y contribuir así a la educación artística de los dominicanos.
José Ángel Buesa falleció de un cáncer pulmonar en su residencia. Fue sepultado en el Pabellón de la Asociación de Cubanos Residentes en República Dominicana, en el cementerio de Cristo Redentor, en las afueras de Santo Domingo.

El asedio
Buesa asumió el oficio de escritor hasta en la manera de concebir el mundo. Ajeno a los avatares políticos, su vida transcurrió dentro de la existencialidad del creador que asume la palabra como categoría indivisible, muy vinculada a su propio destino. Su obra poética fue (es) el reflejo de la más absurda ambivalencia de la sociedad de su tiempo. Su extraordinario éxito difusivo y comercial le otorgó un exitoso nivel de popularidad muy propicio para la germinación de virus como la envidia o las miserias humanas que, a la larga, lograron hacer diana en él.
Buesa no sólo ha sido el único poeta hispanoamericano que ha vendido más de dos millones de copias de sus libros, sino que gozó de una popularidad tan amplia, que sus versos llegaron a enraizarse en varias generaciones. Éste “delito” mayor, en un autor que rimaba y medía sus versos al estilo de los clásicos del Siglo de Oro español, no podía pasar por alto. Buesa fue el poeta de la emoción directa y no de la ciencia literaria. Sus detractores olvidaban que la emoción no es circunstancial, sino que también trasciende y se inmortaliza junto a todo aquello que la estimule, porque es intrínseca al género humano. Pero, en fin, eran sus detractores, y cultivaban la eterna y absurda comedia entre inspiración y ciencia poética.

Los primeros ataques a Buesa llegaron por el lugar más débil: lo formal. Poeta religiosamente atado a los patrones del verso clásico (métrica y rima) le hizo caso omiso a las corrientes de vanguardias que llegaban de América Latina (surrealismo, ultraísmo, prosaísmo y coloquialismo) y que comenzaron a infiltrarse en la lírica continental dentro del molde del mal llamado “verso libre”. Los “vanguardistas” cubanos, comenzaron a irrespetarlo y a considerarlo como un autor “comercial”, muy empeñado en trascender “asuntos de faldas dentro del más meloso y circunstancial trajín amatorio”.
Él ignoraba esos ataques que, al final, por fuerza de repetición más que por objetividad, llegaron a convertirse en verdades absolutas. Para sus millones de admiradores era un gran poeta, Pero para el “mundillo” intelectual cubano, no era más que un “versificador gratuito, propagador de epidemias que deformarían el gusto”.
Lamentablemente, la historia no la escriben los vencidos, y estos intelectuales confeccionaban antologías, páginas “ilustres” y rodeaban los altares con los “dioses” a su imagen y semejanza. Y en esas aventuras, el poeta fue excluido. Buesa, con un amplio y contagioso sentido del humor consagró su vida a ridiculizar a quienes despreciaban la métrica y la rima. No debió hacerlo, porque la ignorancia hubiese sido su mejor respuesta.
En ese contexto, triunfa la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Él continuó su vida normal. No era un político, pero sus detractores “se engancharon” en el carro victorioso creyendo que con ese paso llegarían más rápido a la inmortalidad.
Otros comenzaron a pedirle que le dedicara poemas al Ejército Rebelde y a sus líderes. Él se negó. Esta negativa fue su sentencia de “muerte”. Desde el suplemento cultural “Lunes de Revolución”, comenzaron a atacarlo despiadadamente.
La publicación, insertada gratis dentro del periódico “Revolución”, fundado por Carlos Franqui en La Habana, en 1959, de línea editorial independiente, fue dirigida por Guillermo Cabrera Infante. El suplemento primero, y el diario después, enfrentaron serios problemas, tanto por no acatar la línea de pensamiento oficial del gobierno, como por rebatiñas y polémicas intelectuales entre sus directivos y redactores. Ambos fueron cerrados a mediados de la década de 1960.
En 1963, mientras cumplía una de sus tantas jornadas internacionales, y después de ser informado de un artículo ofensivo en su contra publicado en el referido suplemento “Lunes de Revolución”, Buesa consideró que el gobierno cubano no lo quería más en su patria, y siguió los consejos de un amigo que lo alertó de que “su nombre figuraba en una lista negra”

Fuente: Listin.com.do

® Luis Beiro Santo Domingo

12 de septiembre de 2010

Escribir


“Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir, en frases propias o ajenas.”
Pio Baroja, escritor español

"Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana"
Graham Greene, escritor inglés

"Yo escribí para que me quisieran: en parte, para sobornar, y, también en parte, para ser víctima de un modo interesante. Para levantar un monumento a mi dolor y convertirlo, por medio de la escritura, en un reclamo persuasivo"
Adolfo Bioy Casares, novelista argentino

"La felicidad que pruebo cuando compongo es el mejor tiempo que paso de mi vida. Pasar los días sin darme cuenta, parecerme las horas cortísimas y maravillarme a menudo de tanta felicidad pasional"
Giacomo Leopardi, escritor italiano

"La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, el blanco y negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe"
Roland Barthes, escritor francés

“El escritor que sobrevive a su época es el que sabe expresarla de manera más adecuada y concreta, con el mayor relieve y talento.”
Diderot, escritor francés

"Los libros no se hacen como los niños, si no como las pirámides, con un diseño premeditado, y añadiendo grandes bloques, uno sobre otro, a fuerza de riñones, tiempo y sudor"
Gustave Flaubert, escritor francés

"Las ideas se le vienen a uno al escribir, durante el trabajo. Eso de tener ideas se puede conseguir con la práctica. Es, de verdad, una cuestión de entrenamiento. Quien no sabe tocar un piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo."
Michael Ende, escritor alemán

“Escribir es devolver al mundo a su estado original, expulsarlo hacia el territorio de lo que aún no ha sido nombrado”
Jorge Esquinca, escritor y poeta mexicano.

"Si los versos no sirven para enamorar, no sirven para nada"
Alí Chumacero, poeta mexicano.

"Escribir es como mostrar una huella digital del alma”
Mario Bellatín, escritor mexicano.

“El escribir es, en los mejores momentos, una vida solitaria. Las organizaciones pro-escritores palían la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública según abandona su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Porque hace su trabajo solo, y si es un escritor lo bastante bueno, debe enfrentarse a la eternidad o a la carencia de ella, cada día”.
Hernest Hemingway, escritor estadounidense.

"De todas las cosas tal y como existen, y de todas las cosas que uno sabe, y de todo lo que uno puede saber, se hace algo a través de la invención, algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace lo suficientemente bien, se le da inmortalidad. Es por eso que yo escribo y por ninguna otra razón".
E. Hemingway, escritor estadounidense.

“Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor, o incluso ser mejor escritor cada día. Todo lo que tienes que hacer para ser un escritor es escribir!”
Khaterine Neville, escritora estadounidense.

"Escribir es fabricarse una identidad. Dicho de otra manera: el narrador de mi novela sostiene que se trata de un relato real. Pero el relato real es imposible porque existe un punto de vista, porque al contar siempre existe un selección. El relato real es imposible proque en la medida en que uno escribe está haciendo ficción. Siempre."
Javier Cercas, escritor español.

"La tarea de la literatura no es crear belleza, sino decir la verdad".
Javier Cercas, escritor español.

"La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo".
Carmen Martín Gaite, escritora española.

"Nunca hubo una buena biografía de un buen novelista. No podría haberla. Un novelista son demasiadas personas, si es que es bueno".
F. Scott Fitzgerald, escritor norteamericano.

"Los poetas no tienen biografías. Su obra es su biografía".
Octavio Paz, escritor y poeta mexicano, en un ensayo sobre Fernando Pessoa.

"Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida".
Augusto Roa Bastos, escritor paraguayo

"El escritor es capaz de comprender, y de asumir, la soledad o el sufrimiento que otros no comprenden, la soledad del corredor de fondo, el sufrimiento de una mujer enamorada, de una mujer que nunca fue amada. Nadie como el escritor asume la desdicha y lo absurdo de la condición humana".
Juan Manuel Larrumbe, editor español

"El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino. El asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura".
Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista español

"El impulso que lleva al escritor a revelar su secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras su descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que puedan quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público".
Mario Benedetti, escritor, poeta y filósofo uruguayo

"Escribir pese a todo, pese a la desesperación".
Marguerite Duras, escritora francesa

"Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos".
Milan Kundera, escritor checo

"El escritor debe ir contracorriente si quiere conquistar territorios a la imaginación".
Antonio Soler, escritor español

"Un escritor no quiere entrar en la academia porque un escritor no escribe para la academia como no escribe para los bienpensantes, como no escribe para bendecir el orden establecido sino sólo la vida, la vida que se abre paso casi siempre a pesar del orden establecido".
Belén Gopegui, escritora española

"Uno escribe porque necesita responder a un impulso de escribir, porque cree que está obligado a expresar determinada realidad, a indagar en la memoria... La actividad continua de un escritor es la escritura, y por eso encuentro injustificable la actitud del escritor que abandona su trabajo. Por eso hay quienes encuentran pesado el trabajo de escribir, el escritor es un ser aburrido, no hace una actividad que se vea inmediatamente. El escritor es un ser insociable, que busca el silencio y la soledad para hacer su trabajo".
Salvador Garmendia, escritor venezolano

"Como escribir es lo más parecido a un parto, yo siempre escribo acostado".
Luis Vidales, poeta colombiano

"Por qué escribe un autor es y será siempre un gran misterio".
José Luis Díaz Granados, escritor y periodista colombiano

"Hay dos clases de escritores geniales: los que piensan y los que hacen pensar".
Joseph Roux, moralista y literato francés

"Aunque soy hombre de letras, no debéis suponer que no he intentado ganarme la vida honradamente".
George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés

"Y… si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta".
Blas Pascal, científico, filósofo y escritor francés

"Un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico, por la misma razón por la cual un pésimo vino puede llegar a ser un buen vinagre".
François Mauriac, escritor francés

"Yo no busco un gran número de lectores, sino un cierto número de relectores".
Juan Goytisolo, escritor español

"El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar".
Vizconde de Chateaubriand, François René Chateaubriand, escritor francés

"Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas".
Albert Camus, escritor francés

"Los que escriben como hablan, por bien que hablen, escriben muy mal".
Conde de Buffon, Georges-Louis Leclerc, naturalista y escritor francés

"Un poema nunca está acabado, solamente abandonado".
Paul Valéry, poeta y escritor francés.

29 de julio de 2010

Escritores, complejos y paranoias

No sólo el temor al rechazo y la incomprensión agobian a los escritores. Fobias, manías y paranoias varias suelen afectar la emotividad de estos individuos. A continuación algunos ejemplos famosos.

por José Luis Díaz-Granados

No solamente Franz Kafka se despertaba en el pellejo de Gregorio Samsa, con la sensación de haberse convertido en un gigantesco escarabajo, debido a la monumental presión de poderes omnipotentes y negativos sobre su endeble sensibilidad. Son muchos los artistas y escritores de su talante que se han sentido alguna vez o durante toda la vida aplastados por el peso de una alteración emocional, una debilidad o una incurable fobia o paranoia. El caso de Kafka es uno de los más conocidos, pero también sobre el que más se ha especulado. En realidad, su complejo de inferioridad se originaba en el autoritarismo de un padre severo e injusto.

Todo ello le crea una incontenible búsqueda de afecto y a la vez una sensación de temor a no poder corresponder a plenitud al ser amado. A todo esto agreguémosle su complejo de sentirse judío en un ambiente de creciente antisemitismo en Europa. Y por contera, una permanente incertidumbre acerca de las virtudes de su arte literario. De ahí que no pasara en la vida civil de ser un empleado oscuro y subalterno, con una sensación perpetua de que no merecía el afecto ni la compasión de sus semejantes, como quien dice, se sentía un miserable escarabajo. Por eso, al final de sus días le pidió a su amigo Max Brod que quemara la totalidad de sus manuscritos.

Si miramos unos siglos atrás, Cervantes habla de sí mismo en el prólogo de Pérsiles y Segismunda, con cierta nostalgia y mucha melancolía, no sólo de su barba de plata «que antaño era de oro» sino de las seis piezas dentales que escondía tras sus labios casi inexistentes, pues ya eran sólo dos líneas. No sólo se dolía por la escasez de dientes sino porque éstos no encajaban entre sí para masticar y, al igual que confesaba después James Joyce, tenía que ejecutar incontables malabares dentro de su boca para desmenuzar las bolitas de pan mojadas en el chocolate. Pero paradójicamente, el autor de El Quijote enarbolaba con orgullo el muñón de su mano izquierda, por haber obtenido esa herida en la gloriosa batalla de Lepanto.

Charles Baudelaire estuvo dominado durante sus 46 años de vida por la intransigente personalidad de su madre, a veces arbitraria y siempre severa que, para colmo, luego de enviudar del anciano padre del poeta, había contraído matrimonio con un rígido oficial del ejército francés. Baudelaire sufrió innumerables complejos de castración (y de Edipo, desde luego) y al final sólo se sentía realizado en compañía de mujeres esperpénticas, inválidas, jorobadas o perversas. Su más grande amor, la mulata Jeanne Duval, era una actriz de ínfima categoría de los bajos fondos de París, quien no sólo le era infiel sino que lo trataba con despotismo.

Tennessee Williams, el genial dramaturgo de El zoológico de cristal, Un tranvia llamado deseo y La gata sobre el tejado caliente, confesó en sus memorias que siempre fue muy tímido, «salvo cuando habia bebido». Sintió mucho miedo cuando en La Habana lo llevaron al Floridita a conocer a Hemingway: «Yo esperaba encontrarme con un supermacho apabullador y malhablado, y fue todo lo contrario: me pareció un caballero y un hombre dotado de una timidez enternecedora». También, en la capital cubana, conoció a Sartre y a Simone de Beauvoir, junto a la piscina del Hotel Nacional. Muerto de vergüenza se acercó a ellos y se presento a la pareja. El, amable; ella, glacial. Williams era propenso al insomnio y a la claustrofobia; sufría ataques de pánico y tenía agudos períodos de alcoholismo. Tomaba pastillas de seconal y fumaba varias cajetillas de cigarrillos al día. Siendo varón sufrió cáncer de mama y vivía en perpetua lucha contra la locura. Al final, autodestructivo que era, se suicidó.

Faulkner tenía una permanente expresion de melancolía. Quienes lo conocieron lo señalan como un hombre muy triste, con ojos de torturado. En la película de la entrega del Premio Nobel aparece impecable, vestido de smoking. Un instante antes de darle la mano al rey de Suecia, hace una venia de granjero tímido y se seca o se limpia la mano en el pantalón. Nadie ha podido saber si se trataba de un gesto de humildad o de ironía. Neruda ya había ganado todos los honores y glorias de este mundo cuando declaró: «Todavía me ocurre que cuando llego a una recepción, me parece que el camarero me va a decir: haga el favor de salir. Usted no ha sido invitado». Y García Márquez confesó en una entrevista radial hace pocos años: «Durante mucho tiempo tuve la sensación de que yo sobraba en todas partes».


El guatemalteco Augusto Monterroso no sólo ha confesado sus miedos y paranoias en ensayos y artículos sino en el más famoso de sus cuentos (o mejor, de sus líneas): «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». En México, cuando le presentaron al poeta surrealista peruano César Moro en la librería donde éste trabajaba, se dio cuenta de que los escritores famosos le producían mucho miedo, hasta el punto de que huía de ellos en sus mismas caras.


Por lo demás, Dostoievski le tenía horror a la oscuridad; Alfredo de Musset a que lo sepultaran vivo; Djuna Barnes, a que alguien hiciera su apología; por el contrario, le atraía aquella persona que la atacaba o injuriaba; Somerset Maugham se volvió homosexual al no encontrar una mujer que igualara en belleza y personalidad a su madre; Proust temía a la asfixia, por eso escribía sin cesar, pensando que sólo así evitaba un ataque de asma; Rulfo sufría de «miedo escénico»: le tenía pavor a hablar en público; Hemingway y Henry Miller manifestaban públicamente el odio por sus madres; Amiel se decepcionaba de una mujer por sólo verla comiendo; Balzac sufría delirios de persecución y Vicente Aleixandre de agorafobia (terror a los espacios abiertos)... Quizás el mayor de los temores de un escritor sea el temor al rechazo, pero esto es otro paseo. Otro cuento.














Fuente: http://www.voltairenet.org

20 de julio de 2010

POESIA "A LO JOSÉ"





José Martí.

MUJERES

Ésta, es rubia: ésa, oscura: aquélla, extraña
Mujer de ojos de mar y cejas negras:
Y una cual palma egipcia alta y solemne
Y otra como un canario gorjeadora.
Pasan, y muerden: los cabellos luengos
Echan, como una red: como un juguete
La lánguida beldad ponen al labio
Casto y febril del amador que a un templo
Con menos devociòn que al cuerpo llega
De la mujer amada: ella, sin velos.
Yace, y a su merced; —él, casto y mudo
En la inflamada sombra alza dichoso
Como un manto imperial de luz de aurora.
Cual un pájaro loco en tanto ausente
En frágil rama y en menudas flores
De la mujer el alma travesea:
Noble furor enciende al sacerdote
Y a la insensata, contra el ara augusta
Como una copa de cristal rompiera:—
Pájaros, sòlo pájaros: el alma
Su ardiente amor reserve al universo.



José Angel Buesa
(Cuba)

Poema Del Renunciamiento
Pasaras por mi vida sin saber que pasaste.
Pasaras en silencio por mi amor, y al pasar,
fingire una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamas lo sabrás.
Soñare con el nacar virginal de tu frente;
soñare con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñare con tus labios desesperadamente;
soñare con tus besos ... y jamás lo sabrás.
Quizas pases con otro que te diga al oido
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amare más que nunca ... y jamás lo sabrás.
Yo te amare en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!
Jose Angel Buesa de su libro OASIS (1977)



José Hierro
(España)

Segundo amor

No quiero que desgranes tu pasado en mis manos,
porque sólo el presente ofrece carne viva.
Sería, recordar, sentir dolores de otros
doliendo en nuestras vidas.

Serenidad. Se siente el otoño en el alma
caer, con la tristeza de su razón cumplida.
A qué mirar adentro, a la espalda, pensar
en la luz que declina.

Quisiera preguntarte; pero yo me someto.
Contengo la pregunta con la mano en la herida.
No quiero que desgranes tu pasado, que tornes
a lo que no se olvida.

De "Libro de las alucinaciones" 1964




José de Espronceda (1810-1842)

SONETO

Fresca, lozana, pura y olorosa,
gala y adorno del pensil florido,
gallarda puesta sobre el ramo erguido,
fragancia esparce la naciente rosa.
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa
vibra, del can en llamas encendido,
el dulce aroma y el color perdido,
sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura
en alas del amor, y hermosa nube
fingí tal vez de gloria y de alegría.
Mas, ay, que el bien trocóse en amargura,
y deshojada por los aires sube
la dulce flor de la esperanza mía.



José Agustín Goytisolo

Como la piel de un fruto, suave...

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,
iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,
sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos, por tu frente...

Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!



José Emilio Pacheco
(Mexico)

Los elementos de la noche

Bajo el mismo imperio que el verano ha roído
Se deshacen los días.
En el último valle
La destrucción se sacia
En ciudades vencidas que la ceniza afrenta.
La lluvia extingue
El bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su verano.
Las palabras se rompen contra el aire.
Nada se restituye ni devuelve
El verdor a la tierra calcinada.
Ni el agua en su destierro sucederá a la fuente
Ni los huesos del águila volverán por las alas.



José Coronel Urtecho

No Volvera El Pasado

Ya todo es de otro modo
Todo de otra manera
Ni siquiera lo que era es ya como era
Ya nada de lo que es sera lo que era
Ya es otra cosa todo
Es otra era
Es el comienzo de una nueva era
Es el principio de una nueva historia
La vieja historia se acabo, ya no puede volver
Esta, ya es otra historia
Otra historia distinta de la historia
Otra historia contratia de la historia
Precisamente lo contrario de la historia
Precisamente lo contrario del pasado
No volvera el pasado
Precisamente es el pasado lo vencido
Precisamente es el pasado lo abolido
Precisamente es el pasado lo acabado
Ya el pasado realmente ha pasado



José Asunción Silva (1865-1896)

NOCTURNOS

A VECES, CUANDO EN ALTA NOCHE
A veces, cuando en alta noche tranquila,
sobre las teclas vuela tu mano blanca,
como una mariposa sobre una lila
y al teclado sonoro notas arranca,
cruzando del espacio la negra sombra
filtran por la ventana rayos de luna,
que trazan luces largas sobre la alfombra,
y en alas de las notas a otros lugares,
vuelan mis pensamientos, cruzan los mares,
y en gótico castillo donde en las piedras
musgosas por los siglos, crecen las yedras,
puestos de codos ambos en tu ventana
miramos en las sombras morir el día
y subir de los valles la noche umbría
y soy tu paje rubio, mi castellana,
y cuando en los espacios la noche cierra,
el fuego de tu estancia los muebles dora,
y los dos nos miramos y sonreímos
mientras que el viento afuera suspira y llora!



JOSÉ SANTOS CHOCANO

Los volcanes

Cada volcán levanta su figura,
cual si de pronto, ante la faz del cielo,
suspendiesen el ángulo de un vuelo
dos dedos invisibles de la altura.
La cresta es blanca y como blanca pura:
la entraña hierve en inflamado anhelo;
y sobre el horno aquel contrasta el cielo,
cual sobre una pasión un alma dura.
Los volcanes son túmulos de piedra,
pero a sus pies los valles que florecen
fingen alfombras de irisada yedra;
Y por eso, entre campos de colores,
al destacarse en el azul, parecen
cestas volcadas derramando flores.




José Saramago

Retrato de un poeta joven

Hay en la memoria un río donde navegan
los barcos de la infancia, por arcadas
de ramas inquietas que despegan
sobre las aguas las hojas curvadas.

Hay un golpear de remos acompasado
en el silencio de la tersa madrugada,
olas blancas se hacen a un lado
con el rumor de la seda arrugada.

Hay un nacer del sol en el sitio exacto,
en el momento que más cuenta de una vida,
un despertar de los ojos y del tacto,
un ansiar de sed no abolida.

Hay un retrato de agua y de quebranto
que irrumpe del fondo de esta memoria,
y todo lo que es río abre en el canto
que cuenta del retrato una vieja historia.



José Batres Montúfar (1809-1844)
(Guatemala)

Yo pienso en ti

Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de la luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme, en ciego frenesí,
sin proferir un sólo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!



José Lezama Lima
(Cuba)

AH, QUE TÚ ESCAPES

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.

Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.




José Gautier Benítez
(Puerto Rico)

UN ENCARGO A MIS AMIGOS


Cuando no quede ya ni un solo grano
de mi existencia en el reló de arena,
al conducir mi gélido cadáver,
¡oh!, recordad mi súplica postrera:

"No lo encerréis en los angostos nichos
que cubren la pared formando hilera,
que en la lóbrega angosta galería
jamás el sol de mi país penetra.

El linde recorred del cementerio
y en el suelo cavad mi pobre huesa,
que el sol la alumbre y la acaricie el viento
y que broten allí flores y yerbas.

Que yo pueda sentir, si algo se siente,
a mi alrededor y sobre, muy cerca,
el ígneo rayo de mi sol de fuego
y esta adorada borinqueña tierra."

15 de julio de 2010

Rubén Darío



Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora

“En mi primaveral adolescencia era ya Cuba para mí una tierra de poesía” —afirmó en una ocasión el gran nicaragüense— y, sin embargo, en una de sus estancias en La Habana —la cuarta, para ser más exactos— pasó uno de los momentos más dramáticos de su vida, cuando intentó suicidarse en 1910.

“La noticia —como dijo el maestro Ciro Bianchi Ross— no pasó a los periódicos. Los más íntimos, al conocer del hecho, se conjuraron, de modo tácito, en una suerte de pacto de silencio. Solo muchos años después, el poeta dominicano Osvaldo Bazil contaría el incidente”.

Como se sabe, el gobierno de su país había designado a Darío su representante en las festividades por el centenario del Grito de Dolores, pero el poeta se vio imposibilitado de cumplir su misión, pues el Presidente que lo nombró —el doctor José Madriz— fue derrocado.

Sin respaldo oficial alguno quedó el poeta en Veracruz, por lo que debió de regresar a la capital cubana, donde días antes hiciera una escala de 24 horas con destino a México, en el mismo barco que lo llevó a ese país.

Como un niño

El hombre que retornaba ahora no era el mismo que se mostraba anteriormente como si tuviera el mundo a sus pies y recibiera reconocimientos por doquier. “En este penoso trance de su varadura en La Habana”, como dijo Ángel Augier, el autor de “Azul”, deprimido, derrotado y con escasos fondos en los bolsillos, se prodigó al alcohol con todas sus fuerzas.

Esta súbita transformación, censurable en muchos aspectos, no resulta difícil de entender, dado lo adverso de los acontecimientos, y más para un hombre que, según sus íntimos, era como un niño cuando se enfrentaba a la vida.

Darío “se entregó al demonio de todos los alcoholes y a las furias de todas las tempestades de la dipsomanía”, al decir de su amigo el poeta y diplomático dominicano Osvaldo Bazil, quien en memorable texto —“Cómo era Rubén Darío” — develó más tarde lo sucedido: “(…) cuando abandonamos el barco, su rostro revelaba una gran tortura mental y su paso era vacilante”. (…) “En el hotel (…) cayó de súbito en hondo sopor. A veces lanzaba roncos quejidos”.

Whisky y más whisky

En la habitación 203 del hotel Sevilla donde el bardo se aloja hay que buscarle con urgencia un médico, el doctor Gustavo Aróstegui, por cierto, un pediatra, quien luego de examinarlo, le dispensa los cuidados necesarios, y a la pregunta de rigor responde que podían ofrecerle alcohol de cuando en cuando y disminuírsele gradualmente.

Darío alivia su salud, pero, por voluntad propia, permanecerá alejado de agasajos y compromisos en su permanencia de cerca de dos meses en la capital cubana, donde otrora disfrutó de los muchos homenajes que le rindieron.

Asistió tan solo al acto ante la tumba de su muy admirado Julián del Casal, el 21 de octubre, en el decimoséptimo aniversario de su muerte, donde leyó conmovedoras palabras, y sobre el que luego comentó con un dejo de amargura, en “este año había menos visitantes que en los anteriores.”

Confiesa a la prensa su deseo de que esta estancia habanera suya sea callada y tranquila, “un sitio que se escoge para descanso y por el cual se cruza casi de incógnito”.

No obstante, las crisis alcohólicas se suceden una y otra vez.

Una noche en el hotel Sevilla quiere lanzarse por el balcón hacia la calle. Bazil lucha con él a brazo partido para impedírselo. Darío está a punto de lograr su propósito, pero en auxilio del dominicano acuden el secretario de Rubén y un empleado del hotel. Al fin logran reducirlo y lo conducen a la cama.

“Aseguradas todas las puertas, cerradas todas la ventanas, respiré tranquilo, contaría Bazil. El poeta seguía ingiriendo whisky, desde su cama, de modo incesante. Después de tres litros de whisky, estaba como loco, y no me atrevía a dejarlo solo. Me pasé la noche a su lado. Él no dormía nada. Así, amaneció. Continuaba bebiendo.”

Hoy quiero contarte, /Raquel Catalá…

Los cuidados rindieron sus frutos. “Ya apenas necesitaba mojar sus labios en el vaso de whisky”.

Una noche en que bebió en abundancia junto al embajador de Italia, el poeta Mondello, y su buen amigo Bazil, Rubén Darío, —quien a la sazón ha recuperado el juicio y el buen humor—, abandona el hotel sin dar cuenta de ello a sus acompañantes. A la mañana siguiente asoma radiante de felicidad: Había pasado toda la madrugada —según cuenta— en un círculo de hombres de color donde lo obsequiaron con champagne, y lo nombraron negro honorario.

Portaba en efecto el diploma que lo acreditaba como tal.

De nuevo cumple sus compromisos periodísticos con La Nación, de Buenos Aires. Escribe poemas: “Hoy quiero contarte, /Raquel Catalá /un cuento del cielo, de tierra y de mar… /que pasó en Basora, /que pasó en Bagdad, /que pasó en un reino /que yo no sé ya. (…)”

La revista El Fígaro, por su parte, asume sus gastos en el hotel, pero ya el poeta quiere marcharse. Hasta un ciclón azota La Habana. Al carecer del dinero necesario, lo pide aquí y allá, todo en el más absoluto silencio. Prontas remesas cablegráficas de amigos le llegan a granel; una de ellas incluso de 500 dólares. Ocasión tiene de cobrarlas. “El poeta llegó a bordo y se encerró en su camarote, como era su costumbre en todos sus viajes y empezó a pedir whisky sin cesar…”

El vapor alemán Ipiranga con destino a Europa, lo alejará de La Habana el 8 de noviembre de 1910, pero acaso nunca el gran poeta nicaragüense olvide su intento de suicidio desde una habitación del hotel Sevilla, en la capital cubana.

Fuente: La Jiribilla Cuba

7 de julio de 2010

Poesía a Lo Francisco

Francisco Gómez de Quevedo y Villegas.
(España)



A LA EDAD DE LAS MUJERES

De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco, y por la cuenta
gentil mujer de veinticinco a treinta.
¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!

De treinta a treinta y cinco no alboroza;
mas puédese comer con sal pimienta;
pero de treinta y cinco hasta cuarenta
anda en vísperas ya de una coroza.

A los cuarenta y cinco es bachillera,
ganguea, pide y juega del vocablo;
cumplidos los cincuenta, da en santera,

y a los cincuenta y cinco echa el retablo.
Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,
bruja y santera, se la lleva el diablo.



Francisco A. de Icaza
(México)


PRELUDIO

También el alma tiene lejanías;
hay en la gradación de lo pasado
una línea en que penas y alegrías
tocan en el confín de lo soñado:
también el alma tiene lejanías.

En esos horizontes de olvido
la sujeción de la memoria pierdo
y no sé dónde empieza lo fingido
y acaba lo real de mi recuerdo
en esos horizontes del olvido.

La azul diafanidad de la distancia
en el cuadro los términos reparte;
aquí mi juventud, allá mi infancia
y entre las dos, la pátina del arte. . .
La azul diafanidad de la distancia.

Ese tono del tiempo, que completa
lo que en el lienzo deja la pintura,
hace rugoso el cutis de asceta,
y a la tez de la virgen da frescura
ese tono del tiempo que completa.

Pulimento y matiz del mármol terso
es en la vieja estatua, y melodía
en la cadencia rítmica del verso
donde adquiere la antigua poesía
pulimento y matiz del mármol terso.

Color de las borrosas lontananzas
es del alma en los vagos horizontes,
donde envuelve recuerdos y esperanzas
en el azul de los lejanos montes
color de las borrosas lontananzas.



Francisco Villaespesa
(España)

HUMILDAD

Ten un poco de amor para las cosas:
para el musgo que calma tu fatiga,
para Ia fuente que tu sed mitiga,
para las piedras y para las rosas.

En todo encontrarás una belleza
virginal y un placer desconocido...
Rima tu corazón con el latido
del corazón de la Naturaleza.

Recibe como un santo sacramento
el perfume y la luz que te da el viento...
¡Quién sabe si su amor en él te envía

aquella que la vida ha transformado!
¡Y sé humilde, y recuerda que algún día
te ha de cubrir la tierra que has pisado!



Francisco Morales Santos.
(Guatemala)

TU NOMBRE, PATRIA

Una gota de miel que se desliza
en dirección al pecho,
en las primeras horas del día,
iluminada con ganas
por el sol;
gota tibia y espesa
de poder curativo insospechado.
Gota inquieta, florida,
permanente,
auténtica, fiel

y memoriosa.
Gota en el aire
y en los labios gota
es tu nombre,
Guatemala.



Francisco Orondo.
(Argentina)

El ocaso de los dioses


No hay nadie en la calle, en los ruidos húmedos, en el
vuelo de las hojas y mis pasos quieren reiniciar
las maderas de la adolescencia.

Pero todo está abandonado, no hay nada que pueda
favorecernos; ningún aire de inconsciencia, ningún
reino de libertad. Sólo hábitos tolerantes haciendo
crujir nuestra memoria. "Ha estado bien", decimos.

Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo,
de nuestro hacer, de nuestra música, del único
amor incoherente; soberanos de esa calle donde los
tactos y la impresión hicieron su universo.

Las sombras acarician aún sus veredas, tu mismo
nombre y tu gesto son una forma nocturna que en
esa constelación crece y sabe enrostrar nuestra
culpa.

Y todo termina con una esperanza, con una dilación
–"ha estado bien"–, o en un bostezo, o en otro
lugar donde es menester el coraje.

30 de junio de 2010

Bosch y la alquimia literaria de Miguel Collado


Por José Carvajal

Es interesante notar que el origen de cualquier libro nace siempre de una pasión por poner al descubierto algo que toca el alma del autor. El de “Juan Bosch: Maestro de la narrativa dominicana (Selección de textos críticos)”, editado por Miguel Collado, sería el de un afán tal vez alquímico del bibliógrafo dominicano por dar a conocer lo mejor de nuestra literatura.

El libro reúne casi una cincuentena de ensayos y estudios críticos en torno a la obra narrativa de Juan Bosch. Y lo más novedoso de este último logro es la mezcla de una veintena de extranjeros, de América y Europa, con casi una treintena de dominicanos que analizan los cuentos y las novelas del autor de “La mañosa” y “El oro y la paz”.

La edición, patrocinada con sobrado esfuerzo por el Centro de Estudios Bibliográficos Cedibil, fundado y dirigido por Collado, incluye estudios de críticos tan importantes como el estadoundiense Seymour Menton, el autor de la famosa antología “El cuento hispanoamericano”.

Mi contribución al libro de Collado fue el haberme negado a colaborar en el mismo con la introducción que hice a “Cuentos fantásticos de Juan Bosch”, la antología que preparé hace ya unos tres años con miras a presentar los relatos del autor dominicano al lector extranjero.

Rechacé la inclusión de mi texto porque no me considero un estudioso de la obra de Bosch. Sin embargo, mi satisfacción del deber cumplido queda sellada con el ensayo de Menton, ya que se trata de la presentación que hizo de mi antología en un exitoso acto celebrado en el Centro Cultural Español de Coral Gables, en Miami.

Al rechazar la oferta de Collado, le expliqué mis razones: el ensayo de Menton es suficiente, porque juega la doble función de reseñar la intención de mi antología y la de tocar por primera vez en uno de sus ensayos críticos el elemento fantástico que aparece en algunos de los cuentos de Bosch. Por eso también intercedí por Collado ante Menton, y canalicé el contacto directo entre ambos.

El libro de Collado tiene además la función de celebrar a Bosch en una especie de mano a mano entre los críticos dominicanos y los extranjeros. Cada cual echó en su momento una mirada individual a la narrativa de Bosch, y ahora resulta interesante verlos colectivizados en un trabajo bibliográfico llamado a convertirse en un documento histórico en torno a la obra del mayor escritor dominicano del siglo XX.

Agradezco a Collado su comprensión por mi rechazo a su amable invitación, y ojalá que el "autobús" donde ha reunido a tantos expertos no se encuentre con esos reptiles de la cultura que se arrastran sigilosamente por todos los caminos, con el firme propósito de devorar las ideas de luces para congraciarse con las víboras del poder.

21 de junio de 2010

SARAMAGO Y LAS PALABRAS


Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas, cambiadas, ofrecidas, vendidas e inventadas. Las palabras están ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos dejan: son como garrapatas, vienen en los libros, en los periódicos, en los mensajes publicitarios, en los rótulos de las películas, en las cartas y en los carteles. Las palabras aconsejan, sugieren, insinúan, conminan, imponen, segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre palabras lubrificadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace. Hay muchas palabras.

Y están los discursos, que son palabras apoyadas unas en otras, en equilibrio inestable gracias a una sintaxis precaria hasta el broche final: "Gracias. He dicho". Con discursos se conmemora, se inaugura, se abren y cierran sesiones, se lanzan cortinas de humo o se disponen colgaduras de terciopelo. Son brindis, oraciones, conferencias y coloquios. Por medio de los discursos se transmiten loores, agradecimientos, programas y fantasías. Y luego las palabras de los discursos puestas en papeles, pintadas en tinta de imprenta -y por esa vía entran en la inmortalidad del Verbo. Al lado de Sócrates, el presidente de la junta domina el discurso que abrió el grifo fontanero. Y fluyen las palabras, tan fluidas como el "precioso líquido". Fluyen interminablemente, inundan el suelo, llegan hasta la rodilla, a la cintura, a los hombros, al cuello. Es el diluvio universal, un coro desafinado que brota de millares de bocas. La tierra sigue su camino envuelta en un clamor de locos, a gritos, a aullidos, envuelta también en un murmullo manso represado y conciliador. De todo hay en el orfeón: tenores y tenorinos, bajos cantantes, sopranos de do de pecho fácil, barítonos acolchados, contraltos de voz-sorpresa. En los intervalos se oye el punto. Y todo esto aturde a las estrellas y perturba las comunicaciones, como las tempestades solares.
Porque las palabras han dejado de comunicar. Cada palabra es dicha para que no se oiga otra. La palabra, hasta cuando no afirma, se afirma: la palabra no responde ni pregunta: encubre. La palabra es la hierba fresca y verde que cubren los dientes del pantano. La palabra no muestra. La palabra disfraza.
De ahí que resulte urgente mondar las palabras para que la siembra se convierta en cosecha. De ahí que las palabras sean instrumento de muerte o de salvación. De ahí que la palabra sólo valga lo que vale el silencio del acto.
Hay, también, el silencio. El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundado. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo de pan.

José Saramago
1922

Despedida

Palabras de despedida de Eduardo Galeano,
al enterarse de la muerte de su amigo José Saramago
Despedida:


“Se fue, pero se quedó. No quiero palabrear las emociones. Digo que en este mundo hay finales que son también comienzos, muertes que son nacimientos. Y de eso se trata. Siempre estuvo al lado de los perdedores. Nos hará falta, pero seguirá resonando desde sus libros. Como dije sobre Mario Benedetti hace un año: ‘Hay cosas que se dicen callando.” Eduardo Galeano.


" No es verdad. El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración...El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje. "
Saramago.

18 de junio de 2010

Adios Saramago

El escritor José Saramago ha fallecido en su casa de Lanzarote a los 87 años

Creador de uno de los universos literarios más personales y sólidos del siglo XX, José Saramago supo aunar su vocación de escritor con su faceta de hombre comprometido que nunca cesó de denunciar las injusticias que veía a su alrededor o de pronunciarse sobre los conflictos políticos de su tiempo.


Nacido en 1926, hijo de José de Sousa y María la piedra, una pareja de campesinos sin tierra y sin recursos económicos, José Saramago siempre identificó su carácter como proveniente de ese origen, incluso el hecho, que parecería hoy baladí si no gracioso, de que el funcionario encargado de registrar su nombre se equivocara y en vez de ponerle Sousa de apellido le colocase ese Saramago que es el nombre de una planta que crece por el Alentejo con cierta profusión, contribuyó a ello.
El que luego sus padres emigraran a Lisboa y José de Sousa tuviese que ejercer de policía, el que José tuviera que dejar los estudios porque no podían pagarle la escuela, el que entrara a trabajar en una herrería mecánica para luego ir mejorando y entrar de auxiliar administrativo de la Seguridad Social y poco a poco ir decantándose por la literatura hasta dar el salto con dos novelas, «Tierra de pecado» y «Claraboya», de las que no vendió nada; el hecho, incluso, de que el periodismo le salvara, entrando a formar parte de «Diario de Noticias», haciendo de él una versión fatalista, como sucedía en España e Italia, de un peculiar y dramático «self made man»; el hecho, también, de entrar a formar parte del Partido Comunista, una organización que ha gozado de muchas simpatías en Portugal porque en cierta época se la identificó como un modelo moral, todo ello ha contribuido a que el destino del Portugal moderno y el de Saramago se confundieran hasta el punto de que, a pesar de vivir en Lanzarote y de las polémicas que le han acompañado en su país desde la novela sobre el mensaje evangélico, que chocó con las instituciones católicas y sociales, es obvio que todo el mundo fuera de Portugal identifica a Saramago con aquel país como su representante cultural más acendrado.
Saramago ha representado como nadie al Portugal que se integró en la Unión Europea, al Portugal que supo desligarse del destino secuestrado al que Salazar le mantuvo durante unos años de hierro, al Portugal que mira por primera vez desde hace muchos años hacia adelante. Y lo cierto es que Saramago ha abierto los caminos para que la literatura portuguesa sea conocida fuera de sus fronteras y en cierta manera no se puede entender la fama que posee Antonio Lobo Antunes en Francia, pongamos por caso, sin atender a la brecha profunda que años antes ofreció José Saramago.
Todo, pues, ha contribuido a que su vida y su leyenda fuese de la manera que ha sido. Incluso la publicación tardía contribuyó a ello, pues hizo que su figura fuese conocida en el momento justo en que tenía que serlo. Bien puede decirse que el caso de Saramago tiene mucho de providencial porque da la impresión de que tenía que haber sido inventado si no hubiese existido.
Todo esto es muy portugués y el fatalismo que determina cada uno de sus libros, en especial «Ensayo sobre la ceguera», que publicó en 1995, del que muchos opinan que es su mejor novela, ese especial ahínco en determinar con precisión la decadente visión de nuestro mundo y, a la vez, de salvarlo gracias al personaje que no acepta ese estado de cosas, parecería hecho aposta, como si sólo él hubiese podido descubrir en mil y una facetas el imaginario del alma portuguesa, las fantasías en las que se sustenta.
Prácticamente fue el año 80 cuando Saramago comenzó a publicar en serio con «Alzado del suelo», hasta entonces sus obras anteriores pueden ser calificadas de ensayos preparatorios. Una edad ya avanzada para alguien nacido en el 26. Pero conmueve y asombra repasar, aunque sea de manera somera, la cantidad de obras que Saramago ha publicado desde aquella fecha, más de veinte libros con títulos tan significativos, aparte de los ya mencionados, como «Historia del cerco de Lisboa», «La segunda muerte de Francisco de Asís», «Todos los nombres», «La caverna», «El hombre duplicado»…
En fin, una serie de títulos que nos hablan de una capacidad de trabajo poco común, una capacidad que no le ha abandonado desde que a la edad de doce años tuvo que ponerse a pensar en la mejor manera de sobrevivir y no se le ocurrió otra cosa que meterse en una escuela industrial mientras se leía toda la biblioteca municipal de su barrio. Quizá no haya mejor imagen del escritor que ésta a sus doce años. Lo dice todo.

10 de junio de 2010

Libro de Angelita Trujillo: Una Porqueria





Ponencia del Dr. Roberto Cassá, en el conversatorio sobre el libro "Trujillo, mi padre en mis memorias" de Angelita Trujillo. 1ra parte










“Parto de la premisa de que el libro no es “de Angelita”, sino una obra colectiva, en la cual se ha pretendido validar el trujillato con idénticos argumentos y procedimientos que los utilizados en su momento por los alabarderos del régimen.”


Carece de importancia quiénes han sido los autores de esta obra, puesto que al parecer participaron movidos por el interés mercurial.
Lo interesante es que han aunado esfuerzos en el propósito para presentarse como la emanación actual del discurso despótico.

De paso, cabe constatar la indigencia intelectual de esta capillita trujillista, que hace presencia en un libro muy mal escrito, plagado de faltas ortográficas, disparatoso, carente de todo ingrediente intelectual y de cualquier consistencia expositiva. Posiblemente estos señores han llegado a la conclusión de que el ordenamiento democrático vigente ha dado muestras de tal grado de incapacidad que hace creíble que se reproduzca al pie de la letra el discurso ideológico de antaño. A pesar de la indignación que suscita la intención malévola que guía este libelo de manchar las reputaciones de los antitrujillistas, en seguimiento de los moldes del discurso de la Era, no se le puede evaluar de manera emotiva, puesto que lo que requiere es de una refutación política. En el meollo del asunto, lo que está en juego es desmontar el supuesto balance favorable a la tiranía de los treinta y un años, que según ellos se define no más que por sus magnas realizaciones materiales.


Ante sus seudo-argumentos del “libro de Angelina”, puesto que no trae nada nuevo, lo que queda es reiterar posturas que asumieron los antitrujillistas en sus luchas por la libertad. La “importancia” es del todo punto insustancial porque está hecho en pura clave retrospectiva. El libro parece estar escrito en 1961, como si el tiempo de la historia se hubiese detenido y la verdad horrorosa del esquema trujillista de dominación no se hubiese hecho inconcusa. Aquí se encuentra, por lo demás, una señal de uno de los rasgos de la elaboración ideológica del trujillato, que fue la alteración flagrante de la realidad de las cosas. La mentira hiriente se renueva en la tónica dominante de este libro, que intenta pasar por alto los charcos de sangre que dejó detrás de sí la larga noche del terror de Chapita.


A la luz del tiempo presente, esta operación adolece de falta de eficacia. El solo hecho de que estemos congregados aquí para cada quien expresar sus criterios de manera libre delata un progreso histórico que inutiliza los alegatos contenidos en el libro. Bajo el trujillato la mínima disidencia conllevaba muerte, tortura o exilio. El hecho de que todavía tengamos que afrontar este debate tiene una causa: Tras el ajusticiamiento del tirano no hubo una drástica solución de continuidad y no se ajustaron cuentas con los criminales materiales e intelectuales. De todas maneras qué bueno que este adefesio de libraco pueda circular, porque nos ayuda a ratificar el develamiento de las matrices ominosas del trujillismo.

Visto el contenido del libro, no es solo desfasado, sino sobre todo resulta infamante sin apelación. Por tal motivo, carece de objeto discurrir acerca de sus afirmaciones, todas cargadas de una perversidad inaudita. Nada lo hace merecedor de un debate historiográfico especializado o de una ponderación profesional como fuente. El libro destila mierda, es el peor desecho que puede emanar del ser humano, en este caso un excremento de un concierto de individuos que, desde sus antepasados legitimadores de la mentira y el crimen, perdieron la honra y, por ende, el atributo de la humanidad bien entendida. Solo hay que ver cuánta infamia recorre sus pestilentes páginas, cuando asevera mentiras flagrantes para traspasar los crímenes del tirano a otros. Es el caso de la trama fantasiosa para exculpar al inefable “papá” del crimen de las hermanas Mirabal, hecho que no puede negarse y que tiene que ser recogido por el espíritu malicioso como procedimiento para obviar miles de crímenes y de pasada y a conveniencia endilgar a otros algunos de ellos.

Fuente: Archivo General de La Nacion

7 de junio de 2010


Reseña del libro La breve y maravillosa vida de Óscar Wao (Casa de las Américas, 2010)


Maldiciones y conjuros caribeños que llegan hasta la familia Kennedy, fantasía nórdica, juegos de roles, spanglish, momentos claves de la historia dominicana: Hatuey, las intervenciones norteamericanas, Cuba, los haitianos, el trujillato y la diáspora. “Todo mezclado” —diría Guillén—, para crear una obra maestra que narra, de manera hilarante y en ocasiones dolorosa, la búsqueda de la belleza desde la condición de emigrante, negro, y joven amante de la ciencia ficción.

Con imaginación y humor —y quienes la lean sabrán que no es un recurso retórico— literalmente a prueba de balas, Junot Díaz no ha escrito aquí una sola página en que no nos conmueva y a la vez provoque nuestra admiración.

La breve y maravillosa vida de Óscar Wao, editada en Cuba por Casa de las Américas de cara a la XIX Feria del Libro, es una fiesta que no debemos perdernos. Su protagonista, el antihéroe insólito y al mismo tiempo creíble, que sueña con ser el Tolkien dominicano, capta desde sus primeras apariciones nuestra simpatía.

Si su autor recibió por este libro en 2007 el National Book Critics Circle Award y en 2008 el Premio Pulitzer, es porque con esta novela rompe demasiados esquemas para ser ignorado: escrita originalmente en inglés y repleta de referentes anglosajones —el mismo nombre del personaje central es una alusión a Óscar Wilde—, puede ser incluida entre la mejor literatura latinoamericana; es un desborde de imaginación y sus referencias históricas —como lo demuestran sus muy exactas y no menos irónicas notas al pie— son absolutamente rigurosas; da espacio a las realidades sociales más terribles y a la denuncia de todas las discriminaciones sin dejar de ser divertida; y así pudiéramos seguir largamente en una enumeración paradojal que hace ver en esta obra el surgimiento de algo nuevo y deslumbrante.

La industria editorial española, aunque la incluyó entre las diez mejores novelas del año 2008 en la península, no mostró con ella el mismo entusiasmo que con La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa —libro con el que Díaz polemiza aquí de modo lateral y al que a mi juicio supera en toda la línea—; aquella vez hubo giras por América Latina, reseñas en las principales páginas literarias del continente, entrevistas a bombo y platillos, y tribunas políticas para un libro que, aunque conserva el oficio, dista mucho de los valores de Conversación en La Catedral y La guerra del Fin del Mundo.

Díaz, nacido en República Dominicana en 1968 y residente desde los siete años en Estados Unidos, rompe todos los límites y penetra, amena y agudísimamente, en temas cruciales de nuestro tiempo y de la condición humana, con un disfraz de ingenuidad casi adolescente que no es sino grandeza literaria, profunda cultura y honestidad intelectual. En un mundo de emigrantes, con los hispanos creciendo hasta convertirse en la minoría más numerosa en territorio norteamericano y con el drama haitiano en el orden del día, este texto no nos dará respuestas pero nos hará comprender mejor ese otro que también somos.

Es posible que el relato del fukú terrible que persigue a la familia Cabral desde el trujillato hasta estos veranos en que “los aeropuertos se traban con gente demasiado arreglada; los cuellos y los portaequipajes gimen bajo el peso acumulado de las cadenas y paquetes de ese año, y los pilotos temen por sus aviones …”, sea un intento de zafa salvador y divertido contra esa dinámica de uno mandando y otro mandado, culpable de tantos abusos e injusticias en este Caribe que el también dominicano Juan Bosch bautizó como frontera imperial.

Si los veranos acaban “en un pari grande; un pari grande para todos salvo los pobres, los prietos, los desempleados, los enfermos, los haitianos, sus niños, los bateyes y los carajitos que a ciertos turistas canadienses, americanos, alemanes e italianos les encanta violar…”, los versos de Derek Walcott que abren el libro sintetizan las intenciones del narrador: “si amar estas islas ha de ser mi cruz, de la podredumbre mi alma tomará alas”.

Para los lectores cubanos, no sólo por la simpatía y el cariño con que se refiere a nuestro país —incluso a su pasado más reciente—, muy lejos de cualquier concesión, será una lectura inolvidable. La relación entre dominicanos y cubanos es algo a lo que el libro, en historia y ficción, no deja de hacer guiños de principio a fin, con la feliz coincidencia de que la traducción al español es obra de la escritora cubana Achy Obejas.

Para terminar, sólo una aclaración sobre el título de esta reseña: no es que la novela de Junot Díaz sea precisamente breve, es su lectura sin sosiego la que nos lo hace parecer. Este es de esos libros de los que no podemos desprendernos hasta terminar y que —como los buenos platos— mientras nos vamos acercando al final nos hace tratar de espaciarlo para que no se nos acabe sin paladearlo como merece.

Así pues, compartamos con Óscar Wao la bienvenida a la belleza, o mejor dicho, su búsqueda interminable y riesgosa; sabido es ya que resulta inasible y efímera, como el fugitivo instante quevediano, el único que permanece y dura.


Fuente: Rebelion.org
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5531

3 de junio de 2010

Cultura de Masas?

UMBERTO ECO

Si la cultura es un hecho aristocrático, cultivo celoso, asiduo y solitario de una interioridad refinada que se opone a la vulgaridad de la muchedumbre (Heráclito: «¿Por qué queréis arrastrarme a todas partes oh ignorantes? Yo no he escrito para vosotros, sino para quien pueda comprenderme. Para mí, uno vale por cien mil, y nada la multitud»), la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es un contrasentido monstruoso.


HERACLITO

La cultura de masas es la anticultura. Y puesto que ésta nace en el momento en que la presencia de las masas en la vida social se convierte en el fenómeno más evidente de un contexto histórico, la «cultura de masas» no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (último superviviente de la prehistoria, destinado a la extinción) no puede más que expresarse en términos de ApocaIipsis.

Umberto Eco, “Apocalípticos e integrados”

20 de mayo de 2010

Poesía de José Martí



José Martí

(La Habana, 28 de enero de 1853 - Dos Ríos, 19 de mayo de 1895)

Bosque de rosas

Allí despacio te diré mis cuitas;
Allí en tu boca escribiré mis versos!—
Ven, que la soledad será tu escudo!
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos.

Sufrir ¡tú a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
Oh, la sangre del alma, tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
Un pilón labremos, y en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!

Esta es la lidia humana: la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios ¿no son fieras?
Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta, y mi furor domado.—
Ven, a callar; a murmurar; al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre—
Y la virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, las que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
Del buen obrar ¡qué orgullo al pecho queda
Y cómo en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! Pues hay tormento
Como aquél, sin amar, de hablar de amores!
Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
Ven, que la soledad será tu escudo!

Flores del cielo

Leí estos versos de Ronsard:
«Je vous envoie un bouquet que ma main
Vient de trier de ces fleurs épanouies»,
y escribí esto:

Flores? No quiero flores! Las del cielo
Quisiera yo segar!
Cruja, cual falda
De monte roto, esta cansada veste
Que me encinta y engrilla con sus miembros
Como con sierpes,— y en mi alma sacian
Su hambre, y asoman a la cueva lóbrega
Donde mora mi espíritu, su negra
Cabeza, y boca roja y sonriente!—
Caiga, como un encanto, este tejido
Enmarañado, de raíces! —Surjan
Donde mis brazos alas,— y parezca
Que, al ascender por la solemne atmósfera,
De mis ojos, del mundo a que van llenos,
Ríos de luz sobre los hombres rueden!

Y huelguen por los húmedos jardines
Bardos tibios segando florecillas:—
Yo, pálido de amor, de pie en las sombras,
Envuelto en gigantesca vestidura
De lumbre astral, en mi jardín, el cielo,
Un ramo haré magnífico de estrellas:
¡No temblará de asir la luz mi mano!;

Y buscaré, donde las nubes duermen,
Amada, y en su seno la más viva
Le prenderé, y esparciré las otras
Por su áurea y vaporosa cabellera.

Copa ciclópea

El sol alumbra: ya en los aires miro
La copa amarga: ya mis labios tiemblan,
—No de temor, que prostituye,— de ira!...
El Universo, en las mañanas alza
Medio dormido aún de un dulce sueño
En las manos la tierra perezosa,
Copa inmortal, donde
Hierven al sol las fuerzas de la vida!—
Al niño triscador, al venturoso
De alma tibia y mediocre, a la fragante
Mujer que con los ojos desmayados
Abrirse ve en el aire extrañas rosas,
Iris la tierra es, roto en colores,—
Raudal que juvenece, y rueda limpio
Por perfumado llano, y al retozo
Y al desmayo después plácido brinda!—
Y para mí, porque a los hombres amo
Y mi gusto y mi bien terco descuido,
La tierra melancólica aparece
Sobre mi frente que la vida bate,
De lúgubre color inmenso yugo!
La frente encorvo, el cuello manso inclino,
Y, con los labios apretados, muero.

Pomona

Oh, ritmo de la carne, oh melodía,
Oh licor vigorante, oh filtro dulce
De la hechicera forma! —no hay milagro
En el cuento de Lázaro, si Cristo
Llevó a su tumba una mujer hermosa!

Qué soy— quién es, sino Memnón en donde
Toda la luz del Universo canta,—
Y cauce humilde en que van revueltas,
Las eternas corrientes de la vida? —
Iba,— como arroyuelo que cansado
De regar plantas ásperas fenece,
Y, de amor por el Sol noble transido,
A su fuego con gozo se evapora:
Iba, —cual jarra que el licor ligero
Hinche, sacude, en el fermento rompe,
Y en silenciosos hilos abandona:
Iba,— cual gladiador que sin combate
Del incólume escudo ampara el rostro
Y el cuerpo rinde en la ignorada arena
...Y súbito,— las fuerzas juveniles
De un nuevo mar, el pecho rebosante
Hinchen y embargan,— el cansado brío
Arde otra vez,— y puebla el aire sano
Música suave y blando olor de mieles!
Porque a mis ojos los fragantes brazos
En armónico gesto alzó Pomona.

Media noche

Oh, qué vergüenza!: —El sol ha iluminado
La tierra: el amplio mar en sus entrañas
Nuevas columnas a sus naves rojas
Ha levantado: el monte, granos nuevos
Juntó en el curso del solemne día
A sus jaspes y breñas: en el vientre
De las aves y bestias nuevos hijos
Vida, que es forma, cobran: en las ramas
Las frutas de los árboles maduran:—
Y yo, mozo de gleba, he puesto sólo,
Mientras que el mundo gigantesco crece,
Mi jornal en las ollas de la casa!

Por Dios, que soy un vil!:— No en vano el sueño
A mis pálidos ojos es negado!
No en vano por las calles titubeo
Ebrio de un vino amargo, cual quien busca
Fosa ignorada donde hundirse, y nadie
Su crimen grande y su ignominia sepa!
No en vano el corazón me tiembla ansioso
Como el pecho sin calma de un malvado!

El cielo, el cielo, con sus ojos de oro
Me mira, y ve mi cobardía, y lanza
Mi cuerpo fugitivo por la sombra
Como quien loco y desolado huye
De un vigilante que en sí mismo lleva!
La tierra es soledad! la luz se enfría!
Adonde iré que este volcán se apague?
Adonde iré que el vigilante duerma?

Oh, sed de amor! —oh, corazón, prendado
De cuanto vivo el Universo habita;

Del gusanillo verde en que se trueca
La hoja del árbol: —del rizado jaspe
En que las ondas de la mar se cuajan:—
De los árboles presos, que a los ojos
Me sacan siempre lágrimas: —del lindo
Bribón gentil que con los pies desnudos
En fango o nieve, diario o flor pregona.
Oh, corazón, —que en el carnal vestido
No hierros de hacer oro, ni belfudos
Labios glotones y sensuosos mira,—
Sino corazas de batalla, y hornos
Donde la vida universal fermenta!—

Y yo, pobre de mí!, preso en mi jaula,
La gran batalla de los hombres miro!—

Isla famosa

Aquí estoy, solo estoy, despedazado.
Ruge el cielo: las nubes se aglomeran,
Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan:
Los vapores del mar la roca ciñen:
Sacra angustia y horror mis ojos comen:
A qué, Naturaleza embravecida,
A qué la estéril soledad en torno
De quien de ansia de amor rebosa y muere?
Dónde, Cristo sin cruz, los ojos pones?
Dónde, oh sombra enemiga, dónde el ara
Digna por fin de recibir mi frente?
En pro de quién derramaré mi vida?

—Rasgose el velo: por un tajo ameno
De claro azul, como en sus lienzos abre
Entre mazos de sombra Díaz famoso,
El hombre triste de la roca mira
En lindo campo tropical, galanes
Blancos, y Venus negras, de unas flores
Fétidas y fangosas coronados:

Danzando van: a cada giro nuevo
Bajo los muelles pies la tierra cede!
Y cuando en ancho beso los gastados
Labios sin lustre ya, trémulos juntan,
Sáltanle de los labios agoreras
Aves tintas en hiel, aves de muerte.

José Martí. Héroe Nacional de la República de Cuba. Nació el 28 de enero de 1853 y murió, en combate, el 19 de mayo de 1895. Se destacó como político, escritor, poeta, ensayista, periodista y crítico. Es el inspirador de la gesta independentista de 1895, y en su ideario se funda la continuidad histórica de la nación cubana.

Fuente: La Jiribilla.com (Cuba)

El dolor de estar vivo

Raúl Gómez Jattin (1945-1997): El dolor de estar vivo y el placer de estarlo Cultura 15 Ene 2019 - 4:06 PM Luis Carlos Muñoz Sar...