15 de septiembre de 2010

José Ángel Buesa: Duarte, Cuba y Dominicana


EL ÚNICO POETA HISPANOAMERICAMO EN VENDER MÁS DE DOS MILLONES DE COPIAS DE SUS LIBROS

José Ángel Buesa (Cruces, 1910- Santo Domingo, 1982), polvo hoy, “más polvo enamorado”, marcó una época en la historia de la literatura latinoamericana. Por encima de admiradores y detractores, fue un poeta en el arte de la palabra: Romántico, pero místico; amatorio, pero reflexivo; circunstancial, pero eterno. Obligado por coyunturas extra literarias, dejó atrás la patria que lo vio nacer y vino a internarse en esta media isla para darlo todo a cambio de nada. Debió ser el destino quien hizo posible que el poeta dedicara los últimos quince años de su vida a la República Dominicana, país donde dejó, junto a publicaciones, revistas y labor formativa, a un grupo de sus mejores amigos y sus mejores historias.
El olvido, la peor de todas las muertes, no puede ser la solución para la obra de este hombre, contradictorio, culto, rimador y abandonado a su suerte, sino el crítico y reflexivo enfrentamiento, porque valores para ello, le sobran.

El canto a Duarte
En 1976, y en ocasión de conmemorarse el centenario de Juan Pablo Duarte, José Ángel Buesa escribió y publicó un extenso canto, considerado como uno de los mejores textos épicos de nuestra historia literaria. Y no es raro que su autor fuera un cubano.
República Dominicana era para Buesa no sólo su segunda patria, sino la gran mitad de su corazón. El poeta no se cansaba de repetir que Duarte era el José Martí nuestro ( “Hermano de Martí: Juan Pablo Duarte”), cuya obra y acción debía ser difundida y estudiada con auge especial. Desde el punto de vista formal, el poema tiene varias aristas insospechadas. Además, “Canto a Duarte” es uno de los pocos poemas épicos en su extensa obra. De ahí que su admiración hacia el patricio dominicano sea más sentida que entusiasta. El metro y la rima, aquí van relegados a un plano externo: la gran poesía está incluida como categoría literaria dentro de los acontecimientos históricos y humanos que se resaltan del héroe. Buesa lo escribió “de un tirón”, y lo publicó tras extensas jornadas críticas con la desinteresada colaboración de Mariano Lebrón Saviñón. Sin embargo, su lectura nos advierte, irremediablemente, que el texto fue concebido mucho antes.
Se trata de un poema donde entremezcla cuartetos isosilábicos con cuartetas y dísticos. En total, el poema contiene 342 versos, divido en once partes o cantos que reseñan la trayectoria del personaje a través de los acontecimientos históricos fundamentales que conllevaron a la Independencia Nacional. Los versos están envueltos en un aire musical de gran aliento, muy cercanos a la epopeya lírica

Buesa en Santo Domingo
El poeta llegó a Santo Domingo en 1968, gracias a un contrato de trabajo firmado con la emisora estatal Radio Televisión Dominicana (hoy CERTV), suscrito entre él y el entonces Director General de la entidad, doctor Ramón Lorenzo Perelló. Sin embargo, para muchos, esta invitación estuvo muy vinculada a los deseos del entonces presidente de la República, doctor Joaquín Balaguer de traer definitivamente al país al poeta cubano, por quien sentía gran admiración. Los trámites laborales se viabilizaron con mucha fluidez, entre otras causas, porque Buesa ya conocía la República Dominicana y le agradaba el país: lo había visitado en 1954 y en esa ocasión tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de emergencia en la clínica Doctor Betances, operación de la cual salió en estado satisfactorio. Con esta decisión, el doctor Perelló ganó para el país no sólo a una figura de prestigio universal, sino que logró integrarlo a redactar guiones de radio novelas que supuestamente se trasmitirían por la emisora estatal. El primer libreto encargado fue sobre la famosa novela “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván que Buesa conocía perfectamente debido a su difusión en Cuba.

A los pocos días de instalado en el país, Buesa manda a buscar a su esposa, la señora Juana Ávila Cantú, ciudadana mexicana, con quien acababa de contraer matrimonio ese mismo año y con quien procrearía un hijo varón, llamado igual que él y conocido cariñosamente con el seudónimo de “Papucho”. Vivieron durante dos meses en el hotel Embajador. Después, se trasladaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros.

La Ciudad Corazón
En Santiago, la familia Buesa residió por espacio de ocho años, primero en el hotel “Mercedes” y después en una casa en los Jardines Metropolitanos y, por último, en un apartamento en la calle Estrella Sahdalá. La razón de una permanencia tan prolongada fuera de Santo Domingo se relaciona con el extraordinario parecido que Buesa le encontró a la misma con Santiago de Cuba y, nadie lo podía convencer de lo contrario. Él viajaba periódicamente de Santiago a Santo Domingo para entregar sus libretos. El gobierno dominicano lo rodeó de muy buenas condiciones de trabajo y no lo presionó jamás. Allá en Santiago, Buesa publicaba con frecuencia artículos en el periódico “La información” y realizaba encargos publicitarios para la Compañía Anónima Tabacalera dada la estrecha amistad que lo unía a su antiguo propietario, el “Chino” Almonte. Tras la muerte de Almonte, el poeta decide emigrar a Santo Domingo y, por esos días, conoce al doctor Guarionex López, hermano de su Eminencia Reverendísima, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien lo distinguió con su amistad. El doctor López fue quien le procuró una cátedra docente en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y un empleo como especialista en la Dirección de Publicaciones del propio centro de estudios.

En la UNPHU
Él trabajó en la UNPHU desde el 8 de marzo de 1975 hasta su muerte, ocurrida la medianoche del 15 de agosto de 1982. Allí fue Jefe de Redacción de la revista cultural “Aula”, que dirigía el poeta Mariano Lebrón Saviñón, quien fue su gran amigo y asistente permanente en las tertulias literarias que organizaba en su casa de la calle Santiago, muy notables por la calidad de la oferta cultural que en ellas se desplegaba (música culta, canto operístico, charlas de filosofía y literatura clásicas y comidas cubanas y latinoamericanas tradicionales).
Antes de esa fecha y desde Santo Domingo, Buesa fue el editor de la revista “Oasís”, de la cual sólo salieron 6 números y que tuvo la peculiaridad de ser impresa en Puerto Rico. El alma financiera de la publicación lo fue el señor Esteban Ramallo. Esta revista tuvo la peculiaridad de no indicar su fecha ni su carácter temporal. “Oasis” era una especie de antología de la poesía universal, preparada por Buesa para difundir en el país a los grandes poetas y contribuir así a la educación artística de los dominicanos.
José Ángel Buesa falleció de un cáncer pulmonar en su residencia. Fue sepultado en el Pabellón de la Asociación de Cubanos Residentes en República Dominicana, en el cementerio de Cristo Redentor, en las afueras de Santo Domingo.

El asedio
Buesa asumió el oficio de escritor hasta en la manera de concebir el mundo. Ajeno a los avatares políticos, su vida transcurrió dentro de la existencialidad del creador que asume la palabra como categoría indivisible, muy vinculada a su propio destino. Su obra poética fue (es) el reflejo de la más absurda ambivalencia de la sociedad de su tiempo. Su extraordinario éxito difusivo y comercial le otorgó un exitoso nivel de popularidad muy propicio para la germinación de virus como la envidia o las miserias humanas que, a la larga, lograron hacer diana en él.
Buesa no sólo ha sido el único poeta hispanoamericano que ha vendido más de dos millones de copias de sus libros, sino que gozó de una popularidad tan amplia, que sus versos llegaron a enraizarse en varias generaciones. Éste “delito” mayor, en un autor que rimaba y medía sus versos al estilo de los clásicos del Siglo de Oro español, no podía pasar por alto. Buesa fue el poeta de la emoción directa y no de la ciencia literaria. Sus detractores olvidaban que la emoción no es circunstancial, sino que también trasciende y se inmortaliza junto a todo aquello que la estimule, porque es intrínseca al género humano. Pero, en fin, eran sus detractores, y cultivaban la eterna y absurda comedia entre inspiración y ciencia poética.

Los primeros ataques a Buesa llegaron por el lugar más débil: lo formal. Poeta religiosamente atado a los patrones del verso clásico (métrica y rima) le hizo caso omiso a las corrientes de vanguardias que llegaban de América Latina (surrealismo, ultraísmo, prosaísmo y coloquialismo) y que comenzaron a infiltrarse en la lírica continental dentro del molde del mal llamado “verso libre”. Los “vanguardistas” cubanos, comenzaron a irrespetarlo y a considerarlo como un autor “comercial”, muy empeñado en trascender “asuntos de faldas dentro del más meloso y circunstancial trajín amatorio”.
Él ignoraba esos ataques que, al final, por fuerza de repetición más que por objetividad, llegaron a convertirse en verdades absolutas. Para sus millones de admiradores era un gran poeta, Pero para el “mundillo” intelectual cubano, no era más que un “versificador gratuito, propagador de epidemias que deformarían el gusto”.
Lamentablemente, la historia no la escriben los vencidos, y estos intelectuales confeccionaban antologías, páginas “ilustres” y rodeaban los altares con los “dioses” a su imagen y semejanza. Y en esas aventuras, el poeta fue excluido. Buesa, con un amplio y contagioso sentido del humor consagró su vida a ridiculizar a quienes despreciaban la métrica y la rima. No debió hacerlo, porque la ignorancia hubiese sido su mejor respuesta.
En ese contexto, triunfa la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Él continuó su vida normal. No era un político, pero sus detractores “se engancharon” en el carro victorioso creyendo que con ese paso llegarían más rápido a la inmortalidad.
Otros comenzaron a pedirle que le dedicara poemas al Ejército Rebelde y a sus líderes. Él se negó. Esta negativa fue su sentencia de “muerte”. Desde el suplemento cultural “Lunes de Revolución”, comenzaron a atacarlo despiadadamente.
La publicación, insertada gratis dentro del periódico “Revolución”, fundado por Carlos Franqui en La Habana, en 1959, de línea editorial independiente, fue dirigida por Guillermo Cabrera Infante. El suplemento primero, y el diario después, enfrentaron serios problemas, tanto por no acatar la línea de pensamiento oficial del gobierno, como por rebatiñas y polémicas intelectuales entre sus directivos y redactores. Ambos fueron cerrados a mediados de la década de 1960.
En 1963, mientras cumplía una de sus tantas jornadas internacionales, y después de ser informado de un artículo ofensivo en su contra publicado en el referido suplemento “Lunes de Revolución”, Buesa consideró que el gobierno cubano no lo quería más en su patria, y siguió los consejos de un amigo que lo alertó de que “su nombre figuraba en una lista negra”

Fuente: Listin.com.do

® Luis Beiro Santo Domingo

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