16 de julio de 2017

Carmen Natalia

Ylonka Nacidit-Perdomo: Encuentro a solas con Carmen Natalia. Acento.com.do.

¿Qué es una tumba sino la última morada donde se rinde cuentas de la jornada de la vida; donde las aves en acción de gracias se posan, y celebran al espíritu que espera la resurrección prometida?


He vuelto a estar a solas con mi alma
y no le he dicho nada.
En silencio, tal vez, le di mi verso
Carmen Natalia, el día de su bautizo. 4 de septiembre, 1917. Capilla Arzobispal
y ella, en silencio, acaso lo guardara.

¿De qué hablaba mi verso?
Nació sólo por ella, por mi alma.
Nació en sus blandas fibras
que tiemblan ante el raro
prodigio de la vida y en ella se desgarran.

Nació porque mi alma, serenamente, ama
todas las cosas buenas,
todas las cosas tristes,
todas las cosas bellas…
Nació en sus blandas fibras
y ha de morir en ellas…
Carmen Natalia, fragmento de «He Vuelto a Estar a Solas con mi Alma».
Un poema premonitorio. Una reflexión, sin dudas, de un alma alejada del concepto terrenal de la muerte, que no percibe en el sepulcro el término de« todo», de todas las cosas buenas, todas las cosas tristes, todas las cosas bellas, porque se abraza a los elementos del orbe, a la belleza par excellence interior, no a la superficialidad de lo corporal; una voz poética que une sus ideas a lo placentero de la quietud con sus versos alegóricos al vuelo espiritual, a la guarda de las horas, no a la prisión sentenciosa del final. Una composición que nos despierta a comprender que el cadáver enterrado de la poeta en una tumba es sólo la representación de su existencia, que aparentemente se clausura cuando el féretro es entregado a todas las criaturas que se encuentran al lado del «prodigio de la vida y en ella se desgarran».
Carmen Julia Bonilla Atiles, y su hija Camen Natalia, ca. 1917
Estos son los versos de Carmen Natalia (1917-1976) que pertenecen, quizás, al contemptu mudi, que la miseria de la condición humana no coloca como un lema, en el pórtico, en la entrada de las sepulturas, para que se entienda que descendemos a la tumba con la inocencia pura en los labios en ese memento mori del ansiado reposo, que significa sueño eterno.
Carmen Natalia falleció en Santo Domingo en la noche del martes seis de enero de 1976. Su cuerpo inerte, amortajado, que no dudo esté en estado de incorruptibilidad reposa en cristiana sepultura en el cementerio Cristo Redentor del sector Los Girasoles, en la misma tumba familiar sencilla donde su madre Carmen Julia Bonilla Atiles fue entregada al misterio de la muerte por sus seres queridos, con una tarja o lápida que recuerda literalmente a la memoria  cuándo nació, y cuándo falleció, sin ninguna escritura emblemática, sin exaltar la grandeza de sus valores literarios para cuando los visitantes se encuentren  a solas con su alma, rodeada del amor aun presente que inspiran sus poemas, sin mencionar que padeció el destierro de su patria, y el oprobio de una dictadura, sin mayores palabras, sin ninguna vanidad, que no sea la dignidad de su nombre: Carmen Natalia.
Pedro Mir al leer ante la tumba de Carmen Natalia el Panegírico, el poema que le escribiera «Despedida», también hizo una segunda premonición sobre su alma, le dijo entonces a la amiga-poeta que se desprendía a solas de la danza de la vida, estas estrofas: «Ahora nosotros vámonos. La historia triste, lejos de ti, tal vez nos junte. / Y entre tanto la vida que pregunte/ y tú sola contéstale a la gloria. » [2]
Y así fue. La historia -después de andar unidos en ideales, en luchas, y en la literatura entre los vivos, de nacer en el mismo terruño, en San Pedro de Macorís- los juntó en el Cementerio Cristo Redentor. Al morir, Pedro Mir fue sepultado en el mismo camposanto donde está Carmen Natalia, del cual partirá ahora él, es decir, su alma -por decisión de sus familiares- mañana 11 de julio, para dejar a Carmen Natalia allí, sola, a fin de que sea ella que les conteste a los visitantes por los dos, sobre la gloria de ambos.
Ahora, que inicio mi encuentro a solas con Carmen Natalia, me pregunto ¿qué es una tumba?- Y me respondo: ¿Acaso un accesorio a la agotada vida que se fue lejos, que partió de las cosas terrenales con significantes? ¿Acaso una noble sepultura es el último eslabón donde se yace en silencio con boato o sin boato, el encierro, la clausura que nos da la colectividad social como tributo, el espacio que nos acoge para que el rocío continúe sobre las rosas o las yerbas silvestres como un tributo de las lágrimas de los ángeles cuando nos dejan a solas?
Carmen Natalia, diciembre de 1921. Col. Isabel Martínez de Roques
¿Qué es una tumba?-¿Un nuevo “trono” para la vanidad de los que quedan, donde la piel que se cansa de su lozanía se hace elemento vegetal, elemento   mineral, elemento natural, huésped del frío, del calor, del suelo, de la oscuridad? ¿Acaso es el suelo que nos espera para desvestirnos de las molestias que trae ser corroído al pasar el tiempo, puesto que nos “arruinamos”, y no retoñamos como las plantas al ser cortadas?
¿Qué es una tumba sino la última morada donde se rinde cuentas de la jornada de la vida; donde las aves en acción de gracias se posan, y celebran al espíritu que espera la resurrección prometida? ¿Qué es una tumba sino una armadura para la inclemencia del clima tropical que nos otorgan como un voto de amor un amigo, un ser querido o un familiar que solo espera como atributo para el nicho la solemnidad del silencio, la sencillez sin murmuraciones, sin pedidos de majestad, sin encanto más noble que dejarnos soñar allí, lejos de los cálculos banales materiales que se justifican en la arrogancia?
Sin embargo, hay tumbas que tienen un significado histórico-cultural, y no yerro al decir que una de ellas es la de Carmen Natalia. Su tumba acoge la costumbre de recordarla, de apreciar la luz cuando se descompone para liberar a nuestros ojos del asombro, para que observemos el jardín donde crecen los árboles y se hacen por su verdor motivos para cantarles, porque la conciencia sobre el significado de una tumba no se hace sólo de fines para pedir recompensas. El amor al que se ama se hace sagrado cuando el duelo no se convierte en codicia, en solicitud de rangos o en petición de provechos.
Toda tumba que se piensa, que se hace, o se pretende erigir en base a cálculos materiales, le “arrebata” al fallecido más de la mitad de su gloria. Le quita la tranquilidad de dormir en paz. Lo restablece a los designios de los otros -de los que tienen vida, y están vivos-; lo hace parte del juego del poder, de esa flota de expedicionarios que se hacen a la mar de lo público para “colectar” adulaciones.
Carmen Natalia con su sobrina Isabel Roques Martínez. 1958, Col. Isabel Martínez Vda. Roques.
Una tumba no es una “tienda” donde se cree que es lo mismo una cruz cristiana, que una escritura pomposa con noticias de su “dueño”. Pulgada a pulgada es un dominio que se consiente, a veces, al vaivén de los tiempos, que se agrieta, que duele.
Quizás sea cierto, y esté equivocada, pero las tumbas de los poetas se cuidan muy pocos como monumento sepulcral, y se olvidan. Al parecer se le atribuye el mismo escaso valor que a cualquier cosa pública que no ofrece plusvalía. En ninguna normativa ni ley está estipulado que las tumbas de los poetas deben reflorecer vivamente por cada aniversario de su nacimiento o muerte. Sólo se sabe que, de ellas se levantan sus almas para encontrarse frente a frente con las más ruines bastardías, y que se dejan oír a través de sus versos, y no esperan como mayor ofrenda que vestirse de la nada, esa misma nada que sí pernota a su lado, que es únicamente su compañera como esfera para elevarse al infinito. Una tumba sólo da el fruto de la eternidad a los que el pueblo hace sus poetas.
Pedro Mir, el Poeta Nacional -cuya alma parte mañana del Cementerio Cristo Redentor para dejar a solas a Carmen Natalia contestándole a la gloria, dijo de ella, nuestra Poeta de la Patria: «Su poesía, no solamente no se alistó en el ejército del absolutismo imperial, sino que consagró sus voces más puras a glorificar a los patriotas que se inmolaban en la lucha contra la tiranía dominicana. De este momento es lo más gallardo, permanente y formidable de su canción. Sus versos volvieron a andar de boca en boca. Su nombre fue otra vez besado como en los días de su infancia por las madres conmovidas. Otra vez, aunque en una nueva dimensión y en una nueva época, su nombre retumbó en esa gran caja de resonancia que es la nacionalidad satisfecha y adoptó la posición de los grandes vuelo por los dominios de la posteridad. » [3]
Carmen Natalia con su sobrino Eurípides Roques Martínez. Col. Isabel Martínez Vda. Roques. ca. 1954.
En este año del centenario del nacimiento de Carmen Natalia se cumple la profecía de Pedro Mir: el nombre de Carmen Natalia vuelve a estar de «boca en boca», y no está muy lejano el día en que « las madres conmovidas» de este país vuelvan a besarlo «en una nueva dimensión y en una nueva época» en «grandes vuelo por los dominios de la posteridad. »
La posteridad de Pedro Mir (el Poeta Nacional) y de Carmen Natalia (la Poeta de la Patria) los unió en el Cementerio Cristo Redentor. Ahora, en aquella ciudad de sueño eterno mi encuentro será a solas con Carmen Natalia, más aun cuando ahora, en el presente, las poetas sufrimos del desencanto, y evocamos al desarraigo como naufragio, como experiencia de catarsis o dolor.
Desde ahí, desde el naufragio, desde esas aguas que se hacen mares, y desde el agua de las lágrimas que nos deja el no comprender los enigmas de la vida, hacemos del oficio un arbusto que florece, una piel que se renueve cuando la estación de la primavera nos atrae a las tonalidades de la luz hecha metáfora o geografía que reúne la síntesis única que sugiere a la naturaleza advertir en ella los senderos por los cuales iremos para evocar al sueño, a la existencia, y cortejar a las canciones que desde la latitud Sur trae el viento. Ya lo dijo, sencillamente, Carmen Natalia en los versos finales de su poema «He Vuelto a Estar a Solas con mi Alma»:
   Por eso, cuando quise decirle tantas cosas
no pude decir nada
y le ofrendé, temblando, mi verso silencioso.
¡Quieres saber ahora lo que dice este verso!
¿Tú no sabes que nadie
podría comprenderlo?

   No tuvo el viejo molde de las palabras hueras,
Carmen Natalia en 1939 cuando publicó su primer libro de poemas Alma Adentro. Col. Isabel Martínez de Roques
ya te lo dije antes,
nació porque mi alma
ama todas las cosas de la vida.
Nació en sus blandas fibras,
por ella y para ella.

   Fue un verso silencioso,
sin palabras, sereno…
¡Solamente mi alma podría comprenderlo!

Carmen Natalia
(1917-1976)


NOTAS
[1] Poema publicado por primera vez en el periódico La Nación, el domingo 11 de enero de 1942 «Página Literaria» de “La Nación”. Página 6. Posteriormente aparece en Carmen Natalia, Alma Adentro. Obra poética completa. 1939-1976. (Santiago: Universidad Católica Madre y Maestra, 1981): 189-190. Edición con un Prólogo Altamente confidencial ¿«A dónde, a dónde fueron tus gritos vegetales»? de Pedro Mir; «A Manera de Epílogo. C. N. En dos notas telegráficas y dos poemas» por Alberto Baeza Flores y «Carmen Natalia. Datos biográficos» de O. M. (Maricusa Ornes), publicado por Danilo de los Santos, Director de la Colección de la PUCMM, corregido por José Alcántara Almánzar.
Carmen Natalia, primera de izq. a derecha junto a familiares. Febrero, 1956
[2] El Caribe(8-I-1976): 1, 13.
[3] El Caribe(17-I-1976): 4. María Ugarte compuso para El Caribe una página completa con una nota formada por ella (M. U.) donde reprodujo los poemas de Carmen Natalia: «La miseria está de ronda», «Llanto sin término por el Hijo nunca llegado (Llanto Séptimo) », «Oración Final», «Canto a la Tierra», «Poema de la Eterna Búsqueda» y «Oda Heroica a las Mirabal», así como dos párrafos del prólogo escrito por Pedro Mir para el volumen que recopilaría las poesías completas de la autora recién fallecida que se anunciaba como Versos de Carmen Natalia.

26 de junio de 2017

Siete Poemas de Carlos Drummond de Andrade

drummond


Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 1902-Rio de Janeiro, 1987) es considerado de forma casi unánime el poeta brasileño más importante del siglo XX, cabeza visible de la segunda generación del Modernismo de aquel país. Impulsó definitivamente el uso del verso libre y los temas provenientes de la cotidianidad y la biografía. He aquí siete de sus poemas más celebrados, espigados de entre una obra completa casi inabarcable: más de 1500 apretadas páginas en las que no falta la vanguardia ni el poema de ocasión, lo pornográfico ni lo político.



En medio del camino 
En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.
Nunca me olvidaré de ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.

Papá Noel al revés 
Papá Noel entró por la puerta del fondo
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.
Después sacó del bolsillo un cigarro que no quiso encender.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.
Los niños dormían soñando con otras navidades mucho más hermosas
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.
Papá Noel se agachó y recogió todo aquello
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.
Los pequeños seguían durmiendo.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.
En el huerto, la luz de luna de Navidad bendecía las legumbres.

Girasol
Aquel girasol en el jardín público de Palmira.
Ibas en coche hacia Juiz de Fora; te habías quedado sin gasolina;
había una peluquería; un fotógrafo; una iglesia; un niño parado;
había también (entre varios) un girasol. La muchacha pasó.
Entre sus senos y el girasol tus ganas quedaron en suspenso.
Ganas muchachas de volar, de amar, de ser feliz, de viajar, de casarse, de tener muchos hijos;
ganas de hacerse una foto con aquella muchacha, de practicar lujurias, de ser infeliz y rezar;
muchas ganas; la muchacha ni lo sospechó…
Entró por la puerta de la iglesia, salió por la puerta de los sueños.
El girasol, estúpido, siguió funcionando.

Congreso internacional del miedo 
Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestas tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.

Privilegio del mar 
En esta terraza mediocremente confortable,
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.
El edificio es sólido y el mundo también.
Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.
El mundo es realmente de cemento armado.
Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…
Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra!
Podemos beber honradamente nuestra cerveza.

Elegía 1938
Trabajas sin alegría para un mundo caduco,
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente lso gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.
Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.
Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme
y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.
Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.
La literatura estropeó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.
Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.

Pistas
Tal vez una sensibilidad mayor al frío,
deseos de volver antes a casa.
Cierta demora en abrir el paquete de libros
esperado, que ha traído el cartero.
Indecisión: ¿voy al cine o no?
De los tres empleos de tu noche no escogerás ninguno.
Quizás cierta mirada, más seria, no ardiente,
que posas sobre los objetos, y ellos la entienden.
O al menos supones que es así. Son fieles, los objetos
de tu despacho. La pluma roja. Te niegas a cambiarla
por esa que guarda el último secreto químico, la tinta inmortal.
Ciertas manchas en la mesa que no sabes si el tiempo,
la madera o el polvo trajeron consigo.
La conoces bien, tu mesa. Cartas, artículos, poemas
salieron de ella, de ti. De la dura sustancia,
de la calma, de la selva abandonada llegaron
las palabras que encontraste y juntaste, para repartirlas.
La mano acaricia
la aspereza. El barniz que se fue. No. Es el árbol
que regresa. El camino que se vuelve. Minas que acecha
y espera, largamente espera tu regreso sordo.
La mesa se vuelve leve, y en ella viajas
por aires de paciencia, acuerdo, resignación.
Mirad la mesa que huye, no la toquéis. Es la mesa voladora,
de sus cajones saltan papeles oscuros, por fin los secretos liberados
sobre la tierra metálica se esparcen, se amortajan y se callan.
De nuevo aquí, menudo territorio
civil, sin sueños. Como presintiendo
que un día se vacían los cuartos, se limpian las paredes,
se detiene un camión y descienden los porteadores
y en el libro municipal se cancela un registro,
miras hondamente el borde de cada
cosa, el color
de cada lado de los objetos familiares.
La familia es pues un orden de muebles, suma
de líneas, volúmenes, superficies. Y son puertas,
llaves, platos, camas, paquetes olvidados,
también un pasillo, y el espacio
entre el armario y la pared
donde se deposita cierta porción de silencio, polillas y polvo
que de tarde en tarde se retira… e insiste.
Desde luego faltan muchas explicaciones, sería difícil
comprender, incluso al cabo de mucho tiempo, por qué un gesto
se abrió, otro se frustró, tantos se esbozaron,
como sería imposible guardar todas las voces
oídas a la hora de comer, en la cena, en la pausa de la noche,
un año, y después otro, y otros y aún otros,
todas las voces oídas en la casa durante quince años.
Mientras tanto, deben de estar en alguna parte: se acumularon,
consumieron peldaños, invadieron tuberías,
llenaron viejos papeles, perdieron la fuerza, el calor,
existen hoy en subterráneos, unas en la memoria, otras en la arcilla del sueño.
¿Cómo saberlo? Al principio parece desierto,
como si nada quedase, y un río corriera
por tu casa, absorbiéndolo todo.
Las sábanas amarillean, las corbatas se desgastan,
la barba crece, cae, los dientes caen,
los brazos caen,
caen partículas de comida de un tenedor dubitativo,
las cosas caen, caen, caen,
y el cielo está limpio, pulcro.
Las personas se acuestan, son transportadas, desaparecen,
y todo está pulcro, salvo tu rostro
inclinado sobre la mesa; y del todo inmóvil.

Tomado del Suplemento Semanal Español ®ElCultural.es

7 de mayo de 2017

Islas que habitan versos



La Tertulia de Orlando y El Consulado Dominicano en la ciudad de Miami, tienen el placer de invitar a toda la comunidad latinoamericana y en especial a la cubana y dominicana, al evento cultural, “Islas que habitan versos” que se efectuará el sábado 13 de mayo en el local del Consulado Dominicano de la ciudad de Miami, ubicado en el 1038 Brickell Ave, Miami, FL 33131, a partir de las 6:00 pm, el cual será un Encuentro y Lectura de poemas entre los poetas Elaine Vilar Madruga, narradora y poeta, quien nos visita desde la Habana, Cuba y Eduardo Herrera Baullosa, poeta y escritor cubano residente en Miami, Florida.
Estarán presente en el evento los poetas dominicanos Francisco Henriquez, Director de La Tertulia de Orlando y Luis E. Arzeno Romero.
El evento, “Islas que habitan versos”, “pretende reunir a dos exponentes de la poesía actual cubana, en la busqueda de hacer confluir en ellos, la creación a modo de sinergia, abrazo, verso”, de acuerdo a la poeta Vilar Madruga,
Informa la poeta cubana que “ A través de un breve encuentro con los autores, en el cual podrá disfrutarse de sus más recientes creaciones (tanto éditas como inéditas) y de un diálogo con el público asistente, se mostrarán los contemporáneos caudales poéticos por los cuales camina la poesía nacida en la Isla de Cuba y diseminada, hoy en día, por todo el mundo.”
La Tertulia de Orlando representada por los escritores Francisco Henriquez y Luis Arzeno reciben con mucho entusiasmo este encuentro entre dos amigos que “nacieron poetas juntos” que de acuerdo a Elaine Vilar Madruga, “es el encuentro entre una década de compañerismo, de diálogo, de intertextualidades, de ejercicios compartidos, de espacios de implosión de las ideas.” Agregando que “Este, es el encuentro entre dos voces divididas en el espacio, que comparten sus propias islas interiores a través de la poesía, en un canto sin fin.”
Como parte del evento los poetas expondrán sus libros, “Las montañas de la extinción”, de Elaine Vilar Madruga y “Despedida en La Habana como si fuera Ïtaca, de Eduardo Herrera Baullosa, dos poemarios que se encuentran como esponjas del tiempo para absorver dos poetas que llevan una amistad al son de la poesía.
En el evento también estarán los libros de los escritores Francisco Henriquez y Luis Arzeno, “Aforismos Dominicanos” y “Volverás a amar”.

La poeta cubana Vilar Madruga plantea como objetivos de “Islas que habitan versos”: Promocionar la creación joven contemporánea, con independencia de las fronteras y los estilos. Proporcionar un espacio de intercambio de ideas entre los autores y su público. Presentar la más reciente creación de los autores involucrados en el proyecto. Permitir el conocimiento de la nueva poesía gestada bajo el se de lo cubano y posibilitar un diálogo entre dos voces poéticas diversas, en busca de lo común y o diferente que provoca la sinergia. 

1 de mayo de 2017

Poetas de Paraguay

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Un periodista de origen dominicano dijo lo siguiente: "Si de algo debe servirnos el haber tenido Paraguay como invitado de honor de la Feria del Libro de Santo Domingo, sería para darnos cuenta que en materia literaria ese país sudamericano tiene muchísimo menos que ofrecer que República Dominicana".  Nada mas absurdo dicho por un periodista que es también escritor. Aquí tenemos una muestra de lo que puede "ofrecer" Paraguay.

GRANDES POETAS PARAGUAYOS




Manuel Ortiz Guerrero

Nació en 1897 en el barrio Ybaroty de la ciudad de Villarrica. Con la publicación de su famoso poema “Loca” en la revista Letras, gran parte de la atención de la gente se centró en el joven poeta. Escribió tanto en castellano como en guaraní; muchos de sus poemas en el idioma autóctono servirían de texto para las guaranias del maestro José Asunción Flores. Falleció en 1933, víctima del mal de Hansen, cuando todavía no había cumplido cuarenta años.

Al Poeta

Luminoso charrúa de los versos fragantes,
fue muy larga, muy larga, para mí tu tardanza:
de mirar tanto el río, de tu arribo anhelantes,
hoy ya tienen mis ojos un color de esperanza.

Visitante llegado de una tierra sonora
a esta otra historiada de perfume y leyenda;
cárganos las espaldas con tus fardos de aurora:
para nuestras heridas déjanos una venda.

Allá, poeta, en loma que tu mirada abarca,
está el árbol solemne cuyo tronco fue asiento
del Artigas proscripto, de aquel gran patriarca
que unir quiso la América en un gran pensamiento.

Aquel árbol, poeta, dice algo al oído,
algo de tu leyenda, semejante al latido
de algún gran corazón,
porque allí el patriarca, como fantasma herido,
memoraba en cien noches su gran sueño perdido,
enfermo de nostalgia y de desolación.

Olvidé de decirte que en una tarde lila
he visto a tu indio dulce de paso por aquí:
Tabaré melancólico de verdosa pupila,
en busca de su hermano perdido, Guaraní.

Oh mártires sin nombres, sin gestos y sin huellas
que muerto habéis ya siglos y os enterró el olvido:
el vate por vosotros sus llantos ha vertido
en vuestro sacro abismo como caer de estrellas...

Ataviado, poeta, de tus versos fragantes,
Tabaré se ha perdido en la azul lontananza
y... también es por eso: de su vuelta anhelantes
que hoy ya tienen mis ojos un color de esperanza.



Elvio Romero

Nacido en 1926 en la localidad de Yegros; luego de la Guerra Civil del 47 se vio forzado, con solo 21 años, a partir al exilio del cual no volvería al Paraguay. Falleció en Buenos Aires en 2004. Algunas de sus obras son Días roturados, Esa guitarra dura y Libro de la migración.


Tren con Banderas

Era un tren con banderas
aquel tren de mi pueblo; un tren hermoso
como esos trenes hondos que aran la quemadura
de la imaginería popular; tren compartido,
mínimo y desolado por entre cordilleras,
por entre atajos, por entre donde brotan
los pañuelos de adiós del horizonte.

Era un tren con banderas

Cuando avanzaba solo
como arisco alazán por la pradera,
era una clara y lenta respiración del aire,
centella imaginaria de luna y aguacero,
una fiesta ligera de infancia y de colores;
volaba el Viento Norte sobre sus ventanillas,
sus ruedas fulguraban sobre espuelas de rieles,
su silbido era un canto de pájaro de fuego.

La Cruz del Sur, caída,
viajaba en sus furgones. Y lo demás: los frutos
radiosos de la tierra; el violento verano
cernido en los maizales, los arrieros
de las fronteras, el grito seco de las plantaciones;
todo se acumulaba en sus vaivenes: la resolana de enero,
rostros cetrinos y guitarras hondas,
cántaros con serpientes, fugitivos callados,
embarazadas, brisas, bandoleros.

Era un tren con banderas.

El Paraguay entero
cabría en sus vagones, su violencia
y su encendida música; cabrían sus silencios
y su desamparado destino, el afán soterrado
de libertad, su cruz y sus crucifixiones,
la madera olorosa de sus montes cerrados,
su profunda y amarga masticación de muerte.

Era un tren con banderas
y ojos abrasadores; tren orlado
por historias de guerra y rebeliones,
tren cruzado de gritos altos y lejanías,
de sombra y naranjales; una llama
prendida sobre un vértigo dorado,
un tren de lumbre y alba sobre una tierra en celo.

Aquel tren de mi pueblo solitario y profundo
¡era un tren con banderas!



Hérib Campos Cervera

Nació el 30 de marzo de 1905 en Asunción. En 1931 participó de los hechos del 23 de octubre, lo que desembocó en su primera partida al exilio, más precisamente a Buenos Aires. Tres años después, regresó al Paraguay y se situó en el centro del movimiento conocido como la generación del 40. Luego de la Guerra Civil del 47, debió partir por segunda vez del país, exilio este que duró hasta su muerte. Falleció el 28 de agosto de 1953 en Buenos Aires. Algunas de sus obras poéticas son Ceniza redimida, Hombre secreto y Romancero del destierro; el relato El buscador de la fe, la novela corta El ojo enterrado, y la obra teatral Juan Hachero.


Tiempo de amor y soledad

Y he estado nueve noches bajo el abierto cielo,
arañando la tierra, para calmar la sangre,
y adelgazando el grito de mi voz encerrada;
mientras el viento amargo se llevó brizna a brizna
este perfil de sombras de mi cuerpo en tinieblas.

Y luego te he entregado, noche mía, la sangre.
La sangre. Sí: la sangre. La sangre que solloza
por túneles azules su vida equivocada;
la sangre, que no quiere desintegrar su grito,
porque es el fundamento de la Flor y del Canto.

Y luego di mi frente. Tras su mármol tranquilo
vivió el furor del sueño su tormenta diaria,
sin que una sola arruga marcara su oleaje;
ni el pensamiento puro lo anegara en su sombra
al horadar mis sienes su vertical tortura.

Y ahora, son los ojos: los taciturnos ojos,
donde guardaba el alba sus pétalos de estrellas;
los ojos de agua clara, donde iban las gacelas
a buscar mansedumbre para su sed de fuga.

Y también va la piedra, ya muda, de los labios:
los labios ya besados por muertes numerosas.
Y los pies marineros, llagados de caminos;
el corazón ausente y el pecho amanecido.

¿Después? -Después, la mano: la calcinada mano,
marcada en su pecado con un buril de fuego;
la mano que no quiso pagar su duro crimen
de haber asido un sueño con sus garfios de carne.

¿La visteis algún día flotar sobre las cosas,
-pájaro alucinado, que aprisiona en su pico
luciérnagas azules que mueren de su fuego?
Después de nueve noches, sus lirios fatigados
-sin memoria y sin nombre- se volvieron recuerdo.

Todo se te reintegra: noche profunda y alta.
La tremenda parábola ya no se apoya en Ti;
y aquel temblor de siglos que me entregaste un día,
aquietó, al fin, por siglos también, su inenarrable,
desesperada angustia de ser humanidad.

Un día, desde el fondo caliente de la tierra
-seno eterno de Madre, que pare su cosecha
con una indiferencia de sexo apaciguado-
saldrá el rosario triste de mis huesos dolidos,
libres ya del espanto de su cárcel de vida.

Y nunca más la dulce canción que dio belleza
al peregrino tránsito por la prisión de piedra;
nunca más el lamento secreto de la flauta
encenderá en la tarde su rústico llamado.

Pero será otra vida. Sí: otra vida. Distinta.
Despojada del largo castigo del recuerdo.
Un árbol o una piedra: algo que mire al Tiempo,
mudo y sordo y sin ojos, por una Eternidad.





José Luis Appleyard

Nacido en Asunción en 1927, fue poeta, periodista, dramaturgo, abogado y editorialista. Pertenece a la generación del 50 de la poesía paraguaya. En sus poemas se tocaban temas como el amor adolescente, la nostalgia de un tiempo ido y la magia de la niñez no muy lejana. Falleció en Asunción en 1998. Algunas de sus obras son Entonces era siempre, El sauce permanece y Solamente los años.



El Tiempo


Ya es ayer pero entonces era siempre
un trasegar de horarios inmutables
desde la noche al sol.

Cada semana
era distinta e igual a la siguiente.
El niño desdeñaba el calendario
y su patrón reloj era el cansancio.
Edad sin equinoccios, solo el tiempo
de ser feliz y entonces ignorarlo.



La Casa

Una casa es un hombro derrotado
es una mano abierta sin simiente,
una argamasa inútil, un doliente
conjunto de ladrillos apagado,

un pensamiento absorto en el pasado
que agrieta con sus voces el presente,
es un oscuro trozo de poniente,
es un juguete antiguo y olvidado.

Una casa es un llanto, un dolorido
balcón sin mariposas anhelantes,
una casa es mudez y es alarido,

es un amor que ha muerto sin amantes,
Una casa, Señor, es una infancia
huyente y malherida de distancia.



Susy Delgado

Escritora bilingüe y periodista, nació en San Lorenzo, Paraguay, en 1949. Su obra literaria muestra una preeminencia del género de la poesía. Sus cuatro primeros poemarios en guaraní: Junto al Fuego, Hijo de aquel verbo y Palabra en dúo, fueron publicados en versión bilingüe y están reunidos en la antología que lleva este último título. En el 2007 publicó otro poemario con textos originales en guaraní, en versión bilingüe, distinguido con el Premio Cide Hamete Benengeli para relatos escritos en lenguas hispánicas distintas del castellano, de la Universidad Toulouse Le Mirail y Radio Francia Internacional, en el 2005.
Algunos de sus poemarios en castellano son Sobre el beso del viento, La rebelión de papel y Las últimas hogueras. Publicó también el volumen de cuentos La sangre florecida, la antología 25 Nombres Capitales de la Literatura Paraguay, en literatura para niños el libro Ñe’ë saraki y los que integran la Colección Che pomimi.
Su poemario Tataypýpe fue Primer Finalista en el Premio Extraordinario de Literaturas Indígenas de Casa de las Américas, Cuba, en 1991. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, el portugués y el alemán.
Tiene una trayectoria como periodista cultural en Paraguay y desde hace tres años dirige la revista literariaTakuapu. Dirige igualmente el Taller de Poesía Ara Satï desde el año 2000.



Como?

Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿Cómo se nombra la tristeza?
Hubo otro tiempo
en que ella era
el modo de caminar por la vida,
la manera de mirar las cosas,
y era palabra cotidiana,
repetida hasta el cansancio
y más veces aún hasta el llanto.

Aquí desde tan lejos,
después de tantas cosas,
cuando ya todo se ha cubierto
con un grueso manto de pudor,
¿cómo nombrar la tristeza?

Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿cómo se nombra la poesía?
Hubo otro tiempo
en que ella se acomodaba
en medio de todas las cosas,
las amables, las tristes, las amargas,
aunque, es verdad,
parecía encontrarse más a gusto
con las últimas.

Pero aquí desde tan lejos,
¿cómo llamar a la poesía?

12 de abril de 2017

Haikus de la Espera y La Lluvia


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Haikus 




Ahora llueve
El jueves de Vallejo
Pero no es París.

Hoy eres agua
Y mañana serás sol
Que me quemará.

Esos tus dedos
Sonríen a la mano
Entre tus pechos.

Calma de labios,
Tempestades de lenguas,
Un simple beso.

No me recuerdes,
Mira por la ventana
Porque ya me fui.

No es culpa tuya
Ni tampoco es la mía
Es de la lluvia.

Quisiera verte
Ahora que no llueve
Dulce paloma.

Sueño contigo
Despertando en un beso
Que hoy viene de ti.

Si me esperaras,
Como espera la noche
A las estrellas.


La sal de tu mar
la oleada dulce
de tu cintura.

No eres para mi
ni rubia ni morena,
eres estrella.

Si no es tu pelo
puede ser tu sonrisa,
entre otras cosas...


® Francisco Henriquez Rosa
Tertulia de Orlando

Carmen Natalia

Ylonka Nacidit-Perdomo: Encuentro a solas con Carmen Natalia. Acento.com.do. ¿Qué es una tumba sino la última morada donde se rinde cuen...