25 de enero de 2018

Nicanor Parra en la memoria



A los 103 años ha muerto este martes el poeta, matemático, físico y académico chileno Nicanor Parra El deceso del premio Cervantes 2011, una de las mayores leyendas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, se ha producido de madrugada. Hermano mayor de una familia de genios, como la cantautora y artista Violeta Parra, el autor de Poemas y antipoemas pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces, a unos 120 kilómetros de la capital chilena. Su muerte, sin embargo, ha ocurrido en su hogar del municipio de La Reina, en Santiago.

SENSACIONES


I. ENSUEÑO 
Los ojos rebosan de plumas cansadas 
y yo voy dilatándome 
cual la niebla olorosa se dilata en la sombra. 
Los caminos se están diluyendo en los parques 
y una acequia está quieta. 
Yo no sé si es que parto o que llego 
si es que hablo o que callo. 
En las puertas distantes y opacas 
los amigos de antaño 
se están envolviendo en la tenue penumbra 
de las plumas que llueven. 
Hay paisajes de bronce en los charcos 
y en los acantilados 
suenan rondas de niños de palo 
y de niñas de mármol. 
Caminando por las avenidas y llanos 
yo dejé mis recuerdos guardados 
en los charcos de bronce. 
Me quedé con la risa brincando 
en la lágrima helada 
mientras cruzan la tenue penumbra 
los amigos de antaño. 
Entretanto le busco el manubrio 
a mi bicicleta 
que da volteretas de cien pejerreyes 
sobre un cometa torcido. 
He llegado cargado de plumas risueñas 
al portón de mi casa. 
Y no sé si volver o quedarme 
si quedarme o seguir. 
Yo me siento bajo un eucaliptus 
mientras pasa a mi lado 
equilibrando un remolino en la cabeza 
una gallina de cristal. 
Mi madre me trae en tres ampolletas de plumas 
un puñado de pepas menudas. 
Yo me vuelvo hacia atrás.
(DE REVISTA NUEVA (1935-1936).



REMOLINO INTERIOR


Me gusta que no me entiendan 
y que tampoco me entiendan, 
camisa de seda tengo, 
pero también tengo espuelas. 

Si digo que yo te quiero 
no es cierto lo que dijera, 
y acaso no te saludo 
no es cierto que te aborrezca. 

Cuando recorro la plaza 
me gusta que no me entiendan, 
pastillas de menta compro 
para corretear la pena. 

Voy a sentarme a la plaza 
de pena, de pena, pena, 
y acaso a la plaza llego 
la plaza, plaza me alegra. 

Si digo que por las piedras 
circula una voz de seda, 
quiero decir que en el río 
me bebo la luna llena. 

Y como quiero que nadie 
sepa lo que me interesa 
me pongo a amansar potrancas 
celestes sobre la arena. 

Y como Chile es mi fundo 
me gusta seguir la cueca, 
con una chaqueta corta 
y un pañuelito de menta. 

Al viento lo voy siguiendo 
con un chicote de abejas, 
el viento, viento se esconde 
detrás, detrás de las puertas. 

Si vendo a mi negra vendo 
todo lo que a mí me queda, 
pero la vendo y la vendo 
para que nadie me entienda. 

Y acaso quiero que nadie 
me pida mi yegua yegua, 
le digo que si es de noche 
se asusta de las estrellas. 

Y acaso es de día claro 
se asusta de las espuelas, 
yo quiero que nadie entonces 
me entienda ni que me entienda. 

Cuando me subo a los árboles 
es luna mi calavera, 
me gusta, me gusta, gusta, 
me gusta que no me entiendan. 

Pero hablando en serio serio 
que nadie me niega niega 
que cuando subo a caballo 
me pongo mis dos espuelas.

DE CANCIONERO SIN NOMBRE (1937)




IMAGEN DE MI PADRE


Yo tenía un fiel amigo 
de lento mirar cansado 
triste como un jardinero 
y puro como un relámpago. 

Tenía las manos suaves 
como el corazón de un pájaro 
al andar casi danzaba 
y hablaba casi cantando. 

Como ríos paralelos 
vagábamos por los campos 
yo lo confundía a veces 
con la sombra de algún árbol. 

El cielo que lo cubría 
no podía ser más alto 
y el nardo azul de su alma 
no podía ser más nardo. 

Si hubiera sido de agua 
¡qué compañero tan claro! 
serenos como sus ojos 
nunca se verán dos lagos. 

Amigo dulce dormido 
que nunca será olvidado 
ni en el día en que se cierren 
para mí todos los astros.

DE 8 NUEVOS POETAS CHILENOS (1939)


XII

Que mi salud es débil, 
Que no resisto los rigores del trabajo intelectual, 
Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me 
equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las 
ciencias y las magias del arte, 
Que soy descuidado para con mi persona, 
Que no me baño con regularidad 
Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control, 
Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres 
de espíritu, 
Que he favorecido más de lo justo y necesario a los 
enfermos, 
Que he permanecido largas horas en los cementerios 
Disfrutando paganamente de la soledad y del silencio 
consagrado a los muertos, 
Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido 
el rostro de los ídolos, 
Que he vuelto ebrio al templo y caído dormido en los 
bancos de las plazas y en los tranvías, 
Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios 
innecesarios.


DE EJERCICIOS RESPIRATORIOS


CATALINA PARRA


Caminando sola 
Por ciudad extraña 
Qué será de nuestra 
Catalina Parra. 

Cuánto tiempo ¡un año! 
Que no sé palabra 
De esta memorable 
Catalina Parra. 

Bajo impenitente 
Lluvia derramada 
Dónde irá la pobre 
Catalina Parra. 

¡Ah, si yo supiera! 
Pero no sé nada 
Cuál es tu destino 
Catalina Pálida. 

Sólo sé que mientras 
Digo estas palabras 
En volver a verte 
Cifro la esperanza. 

Aunque sólo seas 
Vista a la distancia 
Niña inolvidable, 
Catalina Parra.





II
AUTORRETRATO


Considerad, muchachos, 
Esta lengua roída por el cáncer: 
Soy profesor en un liceo obscuro, 
He perdido la voz haciendo clases. 
(Después de todo o nada 
Hago cuarenta horas semanales.) 
¿Qué os parece mi cara abofeteada? 
¡Verdad que inspira lástima mirarme! 
Y qué decís de esta nariz podrida 
Por la cal de la tiza degradante. 

En materia de ojos, a tres metros 
No reconozco ni a mi propia madre. 
¿Qué me sucede? -Nada. 
Me los he arruinado haciendo clases: 
La mala luz, el sol, 
La venenosa luna miserable. 
Y todo para qué, 
Para ganar un pan imperdonable 
Duro como la cara del burgués 
Y con sabor y con olor a sangre. 
¡Para qué hemos nacido como hombres 
Si nos dan una muerte de animales! 

Por el exceso de trabajo, a veces 
Veo formas extrañas en el aire, 
Oigo carreras locas, 
Risas, conversaciones criminales. 
Observad estas manos 
Y estas mejillas blancas de cadáver, 
Estos escasos pelos que me quedan, 
¡Estas negras arrugas infernales! 
Sin embargo yo fui tal como ustedes, 
Joven, lleno de bellos ideales, 
Soñé fundiendo el cobre 
Y limando las caras del diamante: 
Aquí me tienen hoy 
Detrás de este mesón inconfortable 
Embrutecido por el sonsonete 
De las quinientas horas semanales. 

EPITAFIO


De estatura mediana, 
Con una voz ni delgada ni gruesa, 
Hijo mayor de un profesor primario 
Y de una modista de trastienda; 
Flaco de nacimiento 
Aunque devoto de la buena mesa; 
De mejillas escuálidas 
Y de más bien abundantes orejas; 
Con un rostro cuadrado 
En que los ojos se abren apenas 
Y una nariz de boxeador mulato 
Baja a la boca de ídolo azteca 
-Todo esto bañado 
Por una luz entre irónica y pérfida- 
Ni muy listo ni tonto de remate 
Fui lo que fui: una mezcla 
De vinagre y de aceite de comer 
¡Un embutido de ángel y bestia! 


DE POEMAS Y ANTIPOEMAS (1954)


COPLAS DEL VINO


Nervioso, pero sin duelo 
A toda la concurrencia 
Por la mala voz suplico 
Perdón y condescendencia. 

Con mi cara de ataúd 
Y mis mariposas viejas 
Yo también me hago presente 
En esta solemne fiesta. 

¿Hay algo, pregunto yo 
Más noble que una botella 
De vino bien conversado 
Entre dos almas gemelas? 

El vino tiene un poder 
Que admira y que desconcierta 
Transmuta la nieve en fuego 
Y al fuego lo vuelve piedra. 

El vino es todo, es el mar 
Las botas de veinte leguas 
La alfombra mágica, el sol 
El loro de siete lenguas. 

Algunos toman por sed 
Otros por olvidar deudas 
Y yo por ver lagartijas 
Y sapos en las estrellas.


DE LA CUECA LARGA (1958) 


LA MONTAÑA RUSA


Durante medio siglo 
La poesía fue 
El paraíso del tonto solemne. 
Hasta que vine yo 
Y me instalé con mi montaña rusa. 

Suban, si les parece. 
Claro que yo no respondo si bajan 
Echando sangre por boca y narices. 

ADVERTENCIA


Yo no permito que nadie me diga 
Que no comprende los antipoemas 
Todos deben reír a carcajadas. 

Para eso me rompo la cabeza 
Para llegar al alma del lector. 

Déjense de preguntas. 
En el lecho de muerte 
Cada uno se rasca con sus uñas. 

Además una cosa: 
Yo no tengo ningún inconveniente 
En meterme en camisa de once varas.


DE VERSOS DE SALÓN (1962)


Nicanor Parra

14 de enero de 2018

Elaine Vilar Madruga: un escudo pulido y eficaz


La poeta, pese a su corta edad, ha sabido captar con sutileza y sin alardes esa condición femenina que va más allá de los temas y aparece como una corriente subterránea en unos textos que no por desgarrados apelan a la manipulación como recurso de identificación con el receptor.


Dueña de un lenguaje y estilo muy propios, Elaine Vilar Madruga da pruebas de su indudable talento con el poemario Escudo de todas las cabezas que obtuviera el Premio Hermanos Loynaz en 2014.
Publicado en la colección Laurel, de Ediciones Loynaz, este título se encuentra entre los mejores de los que han obtenido el galardón en los últimos diez años, dadas las cualidades formales y el virtuosismo con que la autora ha abordado sus contradicciones internas y su conocimiento de la cultura universal.
Casi una veintena de textos resultan suficientes a Vilar para expresar, con eficacia y desgarramiento, una concepción del mundo que ve, en el paso del tiempo, la intemporalidad de los problemas existenciales tratados en el libro con profundidad filosófica, acudiendo a los tropos, pero siempre mostrando un poder de comunicación que nada tiene que ver con facilismos o concesiones sentimentales.
Sorprende en esta joven autora la limpieza, el poder de síntesis, la originalidad de sus metáforas y un aliento sin altibajos que agradecerán los lectores de buena poesía, a veces escasos pero siempre dispuestos a consumir lo que verdaderamente hay de valioso en el actual panorama de las letras cubanas.
Como reza la nota de contracubierta «estos poemas, poemas de madurez, nacen gracias al modo en que su autora pulsa cuerdas—temas como el encierro que implica la insularidad, el exilio, la egolatría y sus posibles consecuencias…».
La poeta, pese a su corta edad, ha sabido captar con sutileza y sin alardes esa condición femenina que va más allá de los temas y aparece como una corriente subterránea en unos textos que no por desgarrados apelan a la manipulación como recurso de identificación con el receptor.
Y si bien el tiempo, su paso, sus interconexiones entre el pasado y el presente tienen un protagonismo en el cuaderno, es la voz femenina del sujeto la que predomina en sus visiones cargadas de un culteranismo muy bien asimilado.
La economía de medios, lo pulido, ese poder de síntesis que sirve de contención a cualquier desbordamiento ofrecen una sensación de encontrarnos ante textos casi perfectos donde nada sobra y nada falta.
Las evidentes conexiones con la mitología clásica griega están muy bien entronizadas con la realidad de una autora que no se circunscribe y evita lo circunstancial en aras de una intemporalidad que abre las significaciones en un sugerente entramado que se dibuja; sobre todo, en el sentido o sin sentido de la existencia.
Quedaste sola es uno de los mejores exponentes de esa disociación y falta de asidero que Vilar Madruga resume en estos versos: «nadie me mira, nadie entiende/no es tan simple entender».
En ese poema fragmentado, el sujeto lírico apela al desmembramiento simbólico para expresar su condición de ente aislado en un mundo donde la incomprensión parece ser el resultado de una cosmovisión del mundo decididamente individualizada y solitaria.
Portada del poemario Escudo de todas las cabezas.
Ese aliento, en menor o mayor medida, recorre todo el poemario donde según declara la poeta «esas cosas que amaba parecen haber envejecido».
No faltan tampoco referencias a Frida Khalo y Marina Abramovic, con la que la emisora establece una identificación poco previsible pero muy bien expresada por intermedio de una tropología que, lejos de oscurecer, ilumina los significados de los poemas.
Resulta conveniente resaltar esta pequeña joya de un premio que parece muy bien ganado.
En un contexto donde no siempre las obras que reciben galardones tienen la calidad necesaria para que nos mostremos satisfechos con los resultados, Escudo de todas las cabezas es una rara avis que coloca a su autora entre las más descollantes de una generación que se caracteriza por lo profusa pero que cualitativamente aun posee los rasgos lógicos de la inmadurez.
En el caso de Vilar Madruga nos encontramos con una poesía impecable, de estilo muy definitorio y que puede igualar a la de poetas ya consagrados en el amplio y diverso espectro de la actual lírica cubana.

Fuente: Autor:  | internet@granma.cu

12 de diciembre de 2017

Abigail Mejía fue víctima de sus «iguales»

Ylonka Nacidit Perdomo 
11 de diciembre de 2017



 

¿Para qué quiero mi vida

Abigail Mejía junto a su madre Carlota Solière de Wint
y su hijo Abel Fernández. Santo Domingo, 1939
si me están pisoteando,
y en un pedazo de pan
me dan la cruz del esclavo?
Prefiero dejar mi vida
en las ramas del naranjo.
para que el viento lo mueva,
que no la muevan los amos.
Para que el viento la lleve
como la vela de un barco:
aire convertido en copla,
vida convertida en látigo.
ANÓNIMO VALENCIANO, 1767.
«Ya no hay renacer, ya no hay esperanzas que me entretenga. Estoy como aquella a quien se le ha muerto cuanto alegría. » ABIGAIL MEJÍA
[Nota en su Diario7 de octubre de 1929].
A las escritoras, o a las que se asumen pensantes, les ha costado siglos construir su identidad. La identidad es la única “realidad” que está fuera del espacio aguijoneado por el deseo, y del espejo mínimo del porvenir. Pero sucede que en el transcurrir, en la experiencia vital, y acaso en la multitud de impulsos, otras le dan muerte a la identidad de sus «iguales» sin ningún pretexto posible que no sea el superego.
Por siglos, el sujeto denominado mujer se ha enfrentado a un destino que se puede llamar incierto. Ha tenido que enfrentarse a encarnizadas enemigas, a expresiones humanas de éstas desfavorables para la convivencia, confusas, incompatibles con el deber ser. Cualquier otra daña a la memoria colectiva, no por accidente, sino por rivalidades. Han existidos entre mujeres rivalidades intelectuales memorables, y algunas artificiales. Pero lo que sí es cierto, que siempre hay una que le arruina la vida a la otra, que la persigue descarnadamente, que disocia a los grupos, que se introduce en círculos de estudios para imponer su tendencia de control, sus opiniones, y su lema “divide, y vencerás”. Esas imprevistas «iguales», llegadas tardíamente al encuentro, al grupo que avanza para renovar revolucionariamente la existencia de la mujer, son las que engendran la miseria espiritual más absoluta, las que se apropian del equipaje de sus sueños comunes que se ha ido armando, para imponer con subterfugios su dominio.
Esas «iguales» crueles, ansiosas de poder, sagaces con maldad, que desarrollan de manera inesperada todas las formas de trueques para vender su identidad son las que traicionan las causas nobles de las mártires, las causas de los grupos, de su generación, y por supuesto, las causas nobles de los pueblos. Estas «iguales» con traumas emocionales, con ansias de “crecer”, de tener notoriedad sin importar los medios, no saben lo que cuesta sembrar en las rocas. Enceguecidas por la ambición, por la ilegitimidad usurpada de un status en la Historia oficial, bloquean a su alrededor que se reconozca el valer de otra.
Esta situación enteramente conocida, destructora de identidades, ocurre en todos los espacios y escenarios (en la academia, en las artes, en las ciencias, en el accionar político, en la literatura) donde quiera que exista una disputa por dejar o “imponer” sus huellas las féminas.
Así vemos que, en la Historia oficial por la lucha de los derechos de las mujeres de la República Dominicana, el nombre de  Abigail Mejía [1] no existe, no se recuerda, no se enarbola, o prácticamente se desconoce, o como he escrito anteriormente: no fue legitimado por el poder político, el sistema patriarcal o su grupo de clase. ¿Qué ocurrió? Ocurrió que Abigail Mejía fue víctima de sus «iguales»
Entiendo que, los mitos contemporáneos se entrecruzan de manera incierta, que las miradas que estudian la Historia es rígida, o sin ornamentos cuando se le da el mandato de dividir momentos estelares en los cuales el sujeto femenino ha actuado. Confieso que, ser «mujer» aun no sé lo qué es. Quizás sea un término, una psiquis, una esencia sin arcano. Ser «mujer» puede que sea una construcción fálica. Un sintagma defectuoso que se escribe, que se razona de manera opaca en el mundo, como una alusión lúdica, como una invisible existencia quebrada por la línea del azar. Ese «sujeto» humano que ha reprimido por siglos sus emociones, que gobierna la diestra y siniestra del misterio, aun no es posible descifrar. Pero sé que hierve en rebeldía, que no se agota, que no hace acuerdos con las partículas de la atmósfera, que está irremisiblemente condenado sin consternación a que la Historia no lo haga protagonista.
Las memorias son sombras que nos persiguen. El tiempo, una ilusión que se inventa. Memoria y tiempo oscilan entre la ambigüedad, se perciben, quizás, como un punto cronológico que se lanza hacia la idealidad.
¿Las mujeres intelectuales son víctimas o no de sus «iguales», de otras que le causan amargas experiencias, que provocan que su identidad sea sustituida por las menos capaces?
Se asume, se dice, que la identidad femenina está fragmentada, narrada en cuarta persona, si acaso; novelada en una libreta de apuntes que se declara perdida. Y no existen, pues, las hadas que ayuden a encontrarla. Sólo los ojos de otras «iguales» que miran con odio, con envidia, de manera avasallante, porque sufren de la enfermedad del delirio.
A veces, he creído que el azar se vuelve un árbitro del destino. Entiendo que el azar trae sus exigencias, su tiránica terquedad. Se hace un juguete de sorpresas. Otras veces es un monstruo, un problema, una red onírica, intrigante porvenir, verdugo, incansable codicia, infamia, ávida vanidad, áspera apariencia.
¿Por qué he escrito estas cosas? ¿Por qué hacer nacer estas palabras? Porque simplemente, es falso que la solidaridad entre las mujeres exista. Muchas lo que hacen es simular esa solidaridad bajo un abanico de yoes que las liga en sus existencias. La solidaridad no se práctica entre las mujeres ni en los detalles de la vida cotidiana, sino la competencia. Es sinónimo solo de encuentro o coincidencias temporales, de “opción”  para conversar sobre asuntos distintos en ambientes distintos. Así como se habla despectivamente de hombrecillos, entre ellas, las «iguales» se hablan también despectivamente de mujercillas.
El orden político, la fuerza legal de coerción que se da en la sociedad está llena de «iguales» que simulan practicar la solidaridad. Pero realmente, lo que sucede es que, en lo colectivo presumen de redentoras, de conductoras que ejercen su ambición inescrupulosa con la serena sonrisa de la hiena. Abigail Mejía fue víctima de sus «iguales».
La Historia oficial está llena de «iguales» devotas de los bienes materiales, del laudo comprado a través de dádivas, de hipócritas, de corruptas con cara sonriente y de mirada mordaz. La Historia oficial la hacen también las «iguales», y la dejan agonizante para que en el futuro no se puedan aclarar los enigmas. Es la Historia oficial (a la cual se suman las «iguales») la que ha secuestrado todo, la que ha abrumado a las conciencias, desde la cual se han escrito libelos contras las otras, la que ha hecho del pasado un anodino espejo. Ha sido esa Historia oficial que se practica aquí en las academias, en las universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación, la que ha hecho que sea inaccesible re-escribir inequívocamente sobre esa abstracción metafísica que se llama la verdad.
La Historia oficial ha condenado al suicido emocional a muchas intelectuales que aguijonearon a la falsa realidad, y a lo ficticio del verbo. Muchas quedaron en la quimera, en la órbita vacía del silencio, muertas sin la grandeza de la eternidad, víctimas de la infamia para robarles el protagonismo y la identidad, seguras de que al borrar sus nombres, jamás la población del mundo recordaría ni siquiera a los escombros de su sepultura.
La vida -me digo- hay quienes la hacen de largas esperas o de esperas inmediatas. La espera inmediata se hace un arrebato, el vuelo de un ave de rapiña, un vuelo con cálculos erigido en el engaño, mutilando los sueños e ideales de quienes se saben a sí mismas puras, y están conscientes de que la humanidad toda, tiene un solo destino: la soledad de la muerte.
La única identidad auténtica que tiene la humanidad es la soledad, donde una se encuentra al final de cuentas con el orden infinito. Los demás es artificio, duendes sobre las manecillas del reloj, complejidad de enunciados, la vida hostil, los antagónicos de frente, la esclavitud a lo convencional, o las preguntas sin respuestas.
Abigail Mejía fue víctima de sus «iguales». No entiendo, por qué se vive en pugna, y unas quieren arrebatarle la identidad a las otras, frustrarle la autenticidad de su hacer, y en el mayor de los casos hurtarle la autoría de ideas, de acciones, de hechos.
Esta es una violencia invisible: la que se hace contra el pensar, y el hacer de las otras. Es la violencia ocultada, burladora de la identidad que extermina a la autoría, que se apropia de ella, que no está escrita en un código como la más infame violencia. Esa es la violencia que ejercen las «iguales» de la Historia oficial, las adversas a la incómoda verdad , que aun hoy no han quedado descubiertas, porque son cómplices del sistema para usurpar el destino de otra, y se forjan sobre la identidad de la otra.
No sé porqué en el fondo hay quienes pretenden vivir en la posteridad y/o para la posteridad mediante el engaño, sin dar siquiera asomo de culpabilidad. Cuántas han usurpado el pensamiento de otras de manera deleznable desde las sombras, a causa de su frustración de no tener la condición para el pensar, escribir, reflexionar o hacer.
Darle la espalda a una “amistad” que usurpa la identidad de otra es una acción de repudio, pero al mismo tiempo, la única forma de sobrevivir a la violencia invisible, la más bárbara del mundo, que descubre a los escarabajos en su estupidez de evadir el infierno de la nada.
La nada no es un suceso trivial. Es una línea donde no se guardan trofeos ni preseas materiales. Es el testigo oculto y ocular que construye las cárceles de las paranoias, de las encrucijadas. En la nada, donde lo temporal es en esencia performativo, el prisma del tiempo se erige en ironía, en ironía agonizante.
A veces, no es posible, o se hace muy difícil desanudar a la Historia oficial, puesto que es un montaje en el cual se escogen las fuentes para que los ingenuos la crean cierta. Sin embargo, es cierto que, los accidentes de la Historia y en la Historia existen, y se oponen al «sistema falo-logocentrista».
He comprobado en todo este tiempo que llevo escribiendo, o tratando de aprender a escribir, que
al «sistema falo-logocentrista» se pliegan las «iguales», esas   que en lo colectivo lo asumen como omnisciente, aferrándose a la artificial identidad que le otorgan, en el cual ellas deben sobrevivir a toda costa, sin desmayar, sin caer en vértigo, sin iniciar procesos de búsquedas; puesto que son éstas las que se hacen cómplices del poder del lenguaje del falo, sin borrar las evidencias de su sumisión.
¿No es posible acaso que, en el mundo, en el mundo nuestro, pueda renacer un ser distinto al que está ahora, aun en cautiverio de los imaginarios de las «iguales»? –No tengo respuesta, pero sí sé que desde los imaginarios las «iguales» evaden a la “realidad”
NOTA
[1] Abigail Mejía «en las primeras décadas del siglo XX su pensamiento feminista causó gran impacto, provocando diversas polémicas en los círculos políticos e intelectuales conservadores de la época en la República Dominicana. Escribió y vivió para las causas de la mujer. Fue además una enjundiosa investigadora de la lengua castellana y excelente prosista.
Manuscrito de Abigail Mejía sobre Gabriela Mistral. Junio 22 de 1931
«La notable humanista, feminista, políglota, maestra, biógrafa, y mujer de letras, Abigail Mejía (1895-1941) iluminó la conciencia nacional y trajo al país las nuevas corrientes enciclopedistas que en la vieja Europa eran el paradigma de la igualdad social, política, económica y cultural de la persona. En 1933 da a la luz pública el volumen de su tratado ideológico denominado Ideario Feminista donde planteaba las acciones, vías, medios y estrategias para que la mujer alcanzara su condición de ciudadana, y, por ende, de sujeto portador de derechos.
«Correspondió a esta insigne intelectual educada en Barcelona por María Montessori, graduada de Maestra Normal en 1919, dirigir las jornadas patrióticas en contra de la intervención norteamericana de 1916, fundar el Club Nosotras en 1927, la Acción Feminista Dominicana en 1931, ser la precursora de redactar las propuestas de reformas al Código Penal Dominicano en 1932, así como crear las primeras escuelas nocturnas para obreras, y organizar el Voto de Ensayo de la mujer dominicana en 1934 donde votaron 96,424 mujeres, marcando un hito en todo el continente». [YNP en Abigail Mejía, «Fotógrafa», Clave Digital].
En 1933 Mejía fue designada delegada del país por la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) para participar en la Séptima Conferencia Internacional Americana a celebrarse en Montevideo (1933) para presentar un informe sobre los derechos, la emancipación de la mujer y las reformas constitucionales pendientes. No puedo asistir. Abigail Mejía fue acusada ante Trujillo por sus «iguales» de establecer relaciones internacionales y diplomáticas sin “su permiso”. Minerva Bernardino viajó, entonces, a Uruguay como representante oficial del gobierno de la tiranía.
Carlota Solière de Wint, Mimi, Blanca y Abigail Mejía Solière. Barcelona, 1912
Mejía escribió la primera Historia de la Literatura Dominicana(Santo Domingo: Imprenta Caribes, 1937) el primer compendio publicado que establece en el siglo XX un canon literario nacional.
Las fotografías y manuscritos inéditos que acompañan este artículo se divulgan con autorización expresa del Dr. Juan Justo Fernández Martínez y la Dra. Raquel Abigail Fernández Nivar, herederos universales del patrimonio documental de Abigail Mejía
®Tomado de acento.com.do

Nicanor Parra en la memoria

A los 103 años ha muerto este martes el poeta, matemático, físico y académico chileno  Nicanor Parra .   El deceso del  premio Cervantes ...