9 de noviembre de 2017

2 Poems by Francisco Henriquez

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EL SILENCIO DE LOS POBRES

En la otra cara
el diluvio recobró
su fuerza roja,
y uno a uno
los adelantados
recorrieron
las orillas de fuego...
secarse las lágrimas
con algodones tibios
la mueca del silencio
no alumbró
lo suficiente
para encender la calma
de los seres de cera
A un paso
el gigante se encontraba
cuando estalló
El silencio de los pobres.

THE SILENCE OF THE POOR

On the other face
the flood recovers
its red strength,
and one by one
the advancers
travelled
the fiery edges— 
dry your tears
with warm cotton
the doll of silence
didn’t illuminate enough
to ignite the calm
of the wax beings
Just steps away
you’ll find the giant
when the silence of the poor
explodes.
 

SONETO, 1977

Y seguirán muriendo el sol y el viento
y la lluvia remoja mi destino,
porque el tiempo me vuelve
/un peregrino,
porque sólo es frialdad, lo que
/yo siento.
La tempestad del luto me enloquece
y veo las casuchas navegando
y los niños que aun viven pensando
en la armonía triste que empobrece.
Y morirá el aliento remembrado,
el canto y las gaviotas de mi tierra,
las esperanzas, el sol, que ya
/se entierra...
en el altar solemne desterrado.
y miraré la herida que no cierra
y el llanto en mi casucha acumulado.
 

SONNET, 1977

Now the sun and the wind will continue to die
and the rain soaks my destiny,
because time reverts me
/to a pilgrim,
because it's only coldness that
/I feel.
The storm of mourning drives me crazy
and I see the slums sailing
and the children who still live thinking
of the sad harmony that brings poverty.
And the remembered breath will die,
the song and seagulls of my world,
the hopes, the sun, that
/buries itself
in the solemn altar, banished.
And look at the wound that won’t close
and the cries of my accumulating slums

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Translator Bio: Ariel Francisco is the author of All My Heroes Are Broke (C&R Press, 2017) and Before Snowfall, After Rain (Glass Poetry Press, 2016). Born in the Bronx to Dominican and Guatemalan parents, he completed his MFA at Florida International University in Miami. His poems have appeared or are forthcoming in The Academy of American Poets, The American Poetry Review, Best New Poets 2016, Gulf Coast, Washington Square, and elsewhere. He lives and teaches in South Florida.
Author Bio: Francisco Henriquez was born in Santiago, Dominican Republic in 1957. He graduated from the Dominican Journalism Institute in 1979 and in the same year immigrated to New York City where he attended Hostos Community College. His poetry has been published in magazines and newspapers throughout Argentina, Dominican Republic, New York, and Florida. He currently lives in Orlando where he is the coordinator of the writing group "La Tertulia de Orlando.”
®http://www.elkejournal.com  

23 de octubre de 2017

Adios Lupo Hernandez Rueda


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Murió   a la edad de 87 años el abogado y  poeta dominicano, Lupo Hernandez Rueda , Premio Nacional de la Literatura  del año 1997.
COMO NACIENDO AÚN


         Como naciendo aún, sin descanso, continuo,
interminable,
como um río sin bordes, cae, se precipita, ruedacada día dejando su negrura como polvoen mi piel.¡Oh, la
desesperante levedad de mi cuerpo,
mi llama temporal, mi oleaje de polvo!
desesperante levedad de mi cuerpo,mi llama temporal, mi oleaje de polvo!
formando cien anillos,
formando labirinto que cubre tus orejas
y rodea tu garganta, y cae
sobre tu espalda, suavemente;
y va rodando
múltiple, innumerable
sobre el incêndio de tu cuello;
pequeño mundo mágico
donde me pierdo encendido.
¡Oh, tempo, ven, ocúpame, recórreme
por dentro, acógeme en tu océano sucessivo,
porque voy por tu herida deshaciéndome,
formándome de nuevo,
deshaciéndome,
hasta que por mí quedes,
definitivamente solo!


DEFINICION DEL ARBOL 


Es natural que el árbol abandone su cuerpo. 

Mariposa de tránsito, venturoso existir de la hebra pura, 
el árbol que yo canto es una débil llama, 
un alma vegetal que se elabora apenas. 
Herida por el goce la savia, donde habita, 

desnuda la corriente de su madera 
toda para que un mar posible de sombras la sitúe. 
El árbol sabe entonces, 

que la raíz de aire de sus ramas asciende, 
sostenida en atinada claridad de sombras, 
de otra raíz oculta. 

II 
Canto el árbol a solas en la sangre, 

el árbol que se escapa por la herida del cuerpo. 
Canto el árbol azul de la ignorancia 

que me recorre entero, árbol de sombras sólo, 
de oscuridad exacta. 
Canto para cantarme, 

para cantar el árbol en que habito, 
la dulce morada solitaria del cuerpo que me tiene. 
Canto porque deseo, porque quiero vivir, 

amar, andar libre, sin peso por el árbol. 

III 
Cuando ama el árbol se deshace, 

huye, proclama su levedad de hojas, 
publicación de verdes regalados o canción diluía, deleite de su rama carnal, de su escondrijo de azuladas raíces en espera. 
Cuando ama el árbol se diluye en alegre corriente de la madera dulce. Cuando ama el árbol del amor... 
Hueco de soledad que te pronuncia a solas, quizás, el árbol del amor duerme en olvido, en apretada soledad más pura. Porque el oro de mi risa no basta para llenar su límite, se abre como un sol para ofrecerse entero cuando ama, el árbol del amor. 

IV 
Hay almas que no mueren en las hojas del canto aunque no encuentren otra manera posible de escapar, aunque no exista otro refugio, apetecido vaso, ardido recipiente, olorosa unidad de carne viva que ocupe su lugar, su desmedido espacio, porque una muerte existe en cada hoja vacía de substancia, y una huidiza llama. 
Hay almas que se pudren en las hojas del cuerpo por su origen oscuro, porque después, pudiendo libertarse, darse a todos, sin interés ni esfuerzo, asumen la condición de pájaros comunes. 
Hay almas que se nutren a la sombra de todos con los apetecidos metales de la sangre, de cuantos, humanamente sanos, confiados, se acercan a su espacio para entregarse solos a su gran apetencia. 


Es posible que el árbol sepa entonces que atado definitivamente al mar de soledad que habita carece de toda libertad para decir las cosas que humanamente vive repitiendo. 
Es posible, oh Dios, crecer cada domingo en desmedido arroyo de alabanzas. 
Es posible, oh vida, que el árbol de la sangre se derrame y el universo todo de mi isla sea pequeño para su inacabado límite. 
Es posible, oh sangre, que dolorosas hebras formulen una noche más honda que la nuestra. Pero también, oh libertad, es posible que el árbol conmovido, tomando agudas fuerzas, -no sé de dónde-, acierte en una furia libertada y con ello motive su justo crecimiento. 

VI 
Porque las raíces de los árboles todos pululan en lo oscuro, en el vientre crecido de la tierra. Porque una lluvia de hombres se traduce en finísimo polvo, la tierra estará llena de raíces amargas, de inacabados ríos de lágrimas. 
La alegría de los frutos, la rosa regalada, la humedad de los huertos, la fiesta de oro de los días alegres ignoran la raíz, su propiedad de abeja, porque la raíz es un árbol de sombras, es un árbol de sombra rodeado de oscuro. 
Pero todas las humanas raíces se aúnan en un río de trabajo en la noche completa del árbol. Y la madre de todas, las amorosas madres esperan una muerte, una ola de savia en fruto consumada, su semejante amando, que respire unidad en un río subterráneo interminablemente largo, como una noche más en la noche de todos. 


Como Naciendo Aún 


A Luis Morales Peña 


Como naciendo aún, sin descanso, contínuo, interminable, como un río sin bordes, cae, se precipita, rueda cada día dejando su negrura como polvo en mi piel. ¡Oh, la desesperante levedad de mi cuerpo, mi llama temporal, ni oleaje de polvo! ¡Oh, tiempo, ven, ocúpame, recórreme por dentro, acógeme en tu océano sucesivo, porque voy por tu herida deshaciéndome, formándome de nuevo, dehaciéndome, hasta que por mí quedes, definitivamente solo! 

PEQUEÑO MUNDO MAGICO 


Con el dios de mil tallos de sus hebras formando cien anillos, formando laberinto que cubre tus orejas y rodea tu garganta, y cae sobre tu espalda, suavemente; y va rodando múltiple, innumerable sobre el incendio de tu cuello el pelo tuyo, pequeño mundo mágico donde me pierdo, encendido. 


CUANDO LLEGAN LOS MUERTOS 
A Virgilio Díaz Grullón 

Cuando llegan los muertos y han llovido sobre ellos muchas lágrimas, cuando sobre sus rostros, alguna vez hermosos, se pasea la noche, y la hierba crece como sus cabellos; cuando llegan innumerables y establecen su asiento bajo el pasto viviente, bajo las catedrales y los árboles, sus cuerpos endurecidos crecen en la inmovilidad, en el umbral de la memoria como un beso, como una moribunda llama. Sólo la sombra de sus vidas queda sobre la tierra, y el deseo y el sueño de los vivos, y el Tiempo que ni muere ni padece, y la sedienta Muerte como de una cuerda tirando de nosotros. 




 Lupo Hernandez Rueda nació en Santo Domingo el 29 de julio de 1930.
Poeta, ensayista, abogado y profesor universitario. Se graduó de Doctor en Derecho de la Universidad de Santo Domingo. Además, realizó estudios de postgrado en Derecho Laboral comparado en Italia, Suiza y España. Dirigió la Escuela de Relaciones Laborales de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y la Asociación Dominicana de Derecho del Trabajo y de Seguridad Social.  Obtuvo el premio Nacional de Poesía en cinco ocasiones, a saber el dominicano que mayor cantidad de veces ha obtenido este importantísimo galardón. En 1980 recibió el Premio Nacional de Ensayo por su obra La generación del 48 en la literatura dominicana, y en 1997 el codiciado Premio Nacional de Literatura por su valiosa trayectoria en las letras dominicanas.
Entre sus obras literarias más conocidas podemos señalar Como Naciendo Aún (Premio Nacional de Poesía 1960), Santo Domingo Vertical, Del Tamaño del Tiempo (Premio Nacional de Poesía 1979), Muerte y Memoria (Premio Nacional de Poesía 1963), Crónica del Sur, La Generación del 48 en la Literatura Dominicana (Premio Nacional de Ensayo 1980), Cuanza (Premio Nacional de Poesía 1984), Con el Pecho Alumbrado (Premio Nacional de Poesía 1988), Por el Mar de Tus Ojos y la Antología La ciudad y el amor ( que lo incluye a él, a Marcio Veloz  Maggiolo, a Tony Raful y a Tomás Castro Burdiez) la cual se puede conseguir gratuitamente en la internet. Y en lo jurídico ha producido importantes otras como Jurisprudencia de trabajo, Nociones de Derecho de Trabajo y La seguridad social en Santo Domingo entre muchos títulos más

16 de julio de 2017

Carmen Natalia

Ylonka Nacidit-Perdomo: Encuentro a solas con Carmen Natalia. Acento.com.do.

¿Qué es una tumba sino la última morada donde se rinde cuentas de la jornada de la vida; donde las aves en acción de gracias se posan, y celebran al espíritu que espera la resurrección prometida?


He vuelto a estar a solas con mi alma
y no le he dicho nada.
En silencio, tal vez, le di mi verso
Carmen Natalia, el día de su bautizo. 4 de septiembre, 1917. Capilla Arzobispal
y ella, en silencio, acaso lo guardara.

¿De qué hablaba mi verso?
Nació sólo por ella, por mi alma.
Nació en sus blandas fibras
que tiemblan ante el raro
prodigio de la vida y en ella se desgarran.

Nació porque mi alma, serenamente, ama
todas las cosas buenas,
todas las cosas tristes,
todas las cosas bellas…
Nació en sus blandas fibras
y ha de morir en ellas…
Carmen Natalia, fragmento de «He Vuelto a Estar a Solas con mi Alma».
Un poema premonitorio. Una reflexión, sin dudas, de un alma alejada del concepto terrenal de la muerte, que no percibe en el sepulcro el término de« todo», de todas las cosas buenas, todas las cosas tristes, todas las cosas bellas, porque se abraza a los elementos del orbe, a la belleza par excellence interior, no a la superficialidad de lo corporal; una voz poética que une sus ideas a lo placentero de la quietud con sus versos alegóricos al vuelo espiritual, a la guarda de las horas, no a la prisión sentenciosa del final. Una composición que nos despierta a comprender que el cadáver enterrado de la poeta en una tumba es sólo la representación de su existencia, que aparentemente se clausura cuando el féretro es entregado a todas las criaturas que se encuentran al lado del «prodigio de la vida y en ella se desgarran».
Carmen Julia Bonilla Atiles, y su hija Camen Natalia, ca. 1917
Estos son los versos de Carmen Natalia (1917-1976) que pertenecen, quizás, al contemptu mudi, que la miseria de la condición humana no coloca como un lema, en el pórtico, en la entrada de las sepulturas, para que se entienda que descendemos a la tumba con la inocencia pura en los labios en ese memento mori del ansiado reposo, que significa sueño eterno.
Carmen Natalia falleció en Santo Domingo en la noche del martes seis de enero de 1976. Su cuerpo inerte, amortajado, que no dudo esté en estado de incorruptibilidad reposa en cristiana sepultura en el cementerio Cristo Redentor del sector Los Girasoles, en la misma tumba familiar sencilla donde su madre Carmen Julia Bonilla Atiles fue entregada al misterio de la muerte por sus seres queridos, con una tarja o lápida que recuerda literalmente a la memoria  cuándo nació, y cuándo falleció, sin ninguna escritura emblemática, sin exaltar la grandeza de sus valores literarios para cuando los visitantes se encuentren  a solas con su alma, rodeada del amor aun presente que inspiran sus poemas, sin mencionar que padeció el destierro de su patria, y el oprobio de una dictadura, sin mayores palabras, sin ninguna vanidad, que no sea la dignidad de su nombre: Carmen Natalia.
Pedro Mir al leer ante la tumba de Carmen Natalia el Panegírico, el poema que le escribiera «Despedida», también hizo una segunda premonición sobre su alma, le dijo entonces a la amiga-poeta que se desprendía a solas de la danza de la vida, estas estrofas: «Ahora nosotros vámonos. La historia triste, lejos de ti, tal vez nos junte. / Y entre tanto la vida que pregunte/ y tú sola contéstale a la gloria. » [2]
Y así fue. La historia -después de andar unidos en ideales, en luchas, y en la literatura entre los vivos, de nacer en el mismo terruño, en San Pedro de Macorís- los juntó en el Cementerio Cristo Redentor. Al morir, Pedro Mir fue sepultado en el mismo camposanto donde está Carmen Natalia, del cual partirá ahora él, es decir, su alma -por decisión de sus familiares- mañana 11 de julio, para dejar a Carmen Natalia allí, sola, a fin de que sea ella que les conteste a los visitantes por los dos, sobre la gloria de ambos.
Ahora, que inicio mi encuentro a solas con Carmen Natalia, me pregunto ¿qué es una tumba?- Y me respondo: ¿Acaso un accesorio a la agotada vida que se fue lejos, que partió de las cosas terrenales con significantes? ¿Acaso una noble sepultura es el último eslabón donde se yace en silencio con boato o sin boato, el encierro, la clausura que nos da la colectividad social como tributo, el espacio que nos acoge para que el rocío continúe sobre las rosas o las yerbas silvestres como un tributo de las lágrimas de los ángeles cuando nos dejan a solas?
Carmen Natalia, diciembre de 1921. Col. Isabel Martínez de Roques
¿Qué es una tumba?-¿Un nuevo “trono” para la vanidad de los que quedan, donde la piel que se cansa de su lozanía se hace elemento vegetal, elemento   mineral, elemento natural, huésped del frío, del calor, del suelo, de la oscuridad? ¿Acaso es el suelo que nos espera para desvestirnos de las molestias que trae ser corroído al pasar el tiempo, puesto que nos “arruinamos”, y no retoñamos como las plantas al ser cortadas?
¿Qué es una tumba sino la última morada donde se rinde cuentas de la jornada de la vida; donde las aves en acción de gracias se posan, y celebran al espíritu que espera la resurrección prometida? ¿Qué es una tumba sino una armadura para la inclemencia del clima tropical que nos otorgan como un voto de amor un amigo, un ser querido o un familiar que solo espera como atributo para el nicho la solemnidad del silencio, la sencillez sin murmuraciones, sin pedidos de majestad, sin encanto más noble que dejarnos soñar allí, lejos de los cálculos banales materiales que se justifican en la arrogancia?
Sin embargo, hay tumbas que tienen un significado histórico-cultural, y no yerro al decir que una de ellas es la de Carmen Natalia. Su tumba acoge la costumbre de recordarla, de apreciar la luz cuando se descompone para liberar a nuestros ojos del asombro, para que observemos el jardín donde crecen los árboles y se hacen por su verdor motivos para cantarles, porque la conciencia sobre el significado de una tumba no se hace sólo de fines para pedir recompensas. El amor al que se ama se hace sagrado cuando el duelo no se convierte en codicia, en solicitud de rangos o en petición de provechos.
Toda tumba que se piensa, que se hace, o se pretende erigir en base a cálculos materiales, le “arrebata” al fallecido más de la mitad de su gloria. Le quita la tranquilidad de dormir en paz. Lo restablece a los designios de los otros -de los que tienen vida, y están vivos-; lo hace parte del juego del poder, de esa flota de expedicionarios que se hacen a la mar de lo público para “colectar” adulaciones.
Carmen Natalia con su sobrina Isabel Roques Martínez. 1958, Col. Isabel Martínez Vda. Roques.
Una tumba no es una “tienda” donde se cree que es lo mismo una cruz cristiana, que una escritura pomposa con noticias de su “dueño”. Pulgada a pulgada es un dominio que se consiente, a veces, al vaivén de los tiempos, que se agrieta, que duele.
Quizás sea cierto, y esté equivocada, pero las tumbas de los poetas se cuidan muy pocos como monumento sepulcral, y se olvidan. Al parecer se le atribuye el mismo escaso valor que a cualquier cosa pública que no ofrece plusvalía. En ninguna normativa ni ley está estipulado que las tumbas de los poetas deben reflorecer vivamente por cada aniversario de su nacimiento o muerte. Sólo se sabe que, de ellas se levantan sus almas para encontrarse frente a frente con las más ruines bastardías, y que se dejan oír a través de sus versos, y no esperan como mayor ofrenda que vestirse de la nada, esa misma nada que sí pernota a su lado, que es únicamente su compañera como esfera para elevarse al infinito. Una tumba sólo da el fruto de la eternidad a los que el pueblo hace sus poetas.
Pedro Mir, el Poeta Nacional -cuya alma parte mañana del Cementerio Cristo Redentor para dejar a solas a Carmen Natalia contestándole a la gloria, dijo de ella, nuestra Poeta de la Patria: «Su poesía, no solamente no se alistó en el ejército del absolutismo imperial, sino que consagró sus voces más puras a glorificar a los patriotas que se inmolaban en la lucha contra la tiranía dominicana. De este momento es lo más gallardo, permanente y formidable de su canción. Sus versos volvieron a andar de boca en boca. Su nombre fue otra vez besado como en los días de su infancia por las madres conmovidas. Otra vez, aunque en una nueva dimensión y en una nueva época, su nombre retumbó en esa gran caja de resonancia que es la nacionalidad satisfecha y adoptó la posición de los grandes vuelo por los dominios de la posteridad. » [3]
Carmen Natalia con su sobrino Eurípides Roques Martínez. Col. Isabel Martínez Vda. Roques. ca. 1954.
En este año del centenario del nacimiento de Carmen Natalia se cumple la profecía de Pedro Mir: el nombre de Carmen Natalia vuelve a estar de «boca en boca», y no está muy lejano el día en que « las madres conmovidas» de este país vuelvan a besarlo «en una nueva dimensión y en una nueva época» en «grandes vuelo por los dominios de la posteridad. »
La posteridad de Pedro Mir (el Poeta Nacional) y de Carmen Natalia (la Poeta de la Patria) los unió en el Cementerio Cristo Redentor. Ahora, en aquella ciudad de sueño eterno mi encuentro será a solas con Carmen Natalia, más aun cuando ahora, en el presente, las poetas sufrimos del desencanto, y evocamos al desarraigo como naufragio, como experiencia de catarsis o dolor.
Desde ahí, desde el naufragio, desde esas aguas que se hacen mares, y desde el agua de las lágrimas que nos deja el no comprender los enigmas de la vida, hacemos del oficio un arbusto que florece, una piel que se renueve cuando la estación de la primavera nos atrae a las tonalidades de la luz hecha metáfora o geografía que reúne la síntesis única que sugiere a la naturaleza advertir en ella los senderos por los cuales iremos para evocar al sueño, a la existencia, y cortejar a las canciones que desde la latitud Sur trae el viento. Ya lo dijo, sencillamente, Carmen Natalia en los versos finales de su poema «He Vuelto a Estar a Solas con mi Alma»:
   Por eso, cuando quise decirle tantas cosas
no pude decir nada
y le ofrendé, temblando, mi verso silencioso.
¡Quieres saber ahora lo que dice este verso!
¿Tú no sabes que nadie
podría comprenderlo?

   No tuvo el viejo molde de las palabras hueras,
Carmen Natalia en 1939 cuando publicó su primer libro de poemas Alma Adentro. Col. Isabel Martínez de Roques
ya te lo dije antes,
nació porque mi alma
ama todas las cosas de la vida.
Nació en sus blandas fibras,
por ella y para ella.

   Fue un verso silencioso,
sin palabras, sereno…
¡Solamente mi alma podría comprenderlo!

Carmen Natalia
(1917-1976)


NOTAS
[1] Poema publicado por primera vez en el periódico La Nación, el domingo 11 de enero de 1942 «Página Literaria» de “La Nación”. Página 6. Posteriormente aparece en Carmen Natalia, Alma Adentro. Obra poética completa. 1939-1976. (Santiago: Universidad Católica Madre y Maestra, 1981): 189-190. Edición con un Prólogo Altamente confidencial ¿«A dónde, a dónde fueron tus gritos vegetales»? de Pedro Mir; «A Manera de Epílogo. C. N. En dos notas telegráficas y dos poemas» por Alberto Baeza Flores y «Carmen Natalia. Datos biográficos» de O. M. (Maricusa Ornes), publicado por Danilo de los Santos, Director de la Colección de la PUCMM, corregido por José Alcántara Almánzar.
Carmen Natalia, primera de izq. a derecha junto a familiares. Febrero, 1956
[2] El Caribe(8-I-1976): 1, 13.
[3] El Caribe(17-I-1976): 4. María Ugarte compuso para El Caribe una página completa con una nota formada por ella (M. U.) donde reprodujo los poemas de Carmen Natalia: «La miseria está de ronda», «Llanto sin término por el Hijo nunca llegado (Llanto Séptimo) », «Oración Final», «Canto a la Tierra», «Poema de la Eterna Búsqueda» y «Oda Heroica a las Mirabal», así como dos párrafos del prólogo escrito por Pedro Mir para el volumen que recopilaría las poesías completas de la autora recién fallecida que se anunciaba como Versos de Carmen Natalia.

26 de junio de 2017

Siete Poemas de Carlos Drummond de Andrade

drummond


Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 1902-Rio de Janeiro, 1987) es considerado de forma casi unánime el poeta brasileño más importante del siglo XX, cabeza visible de la segunda generación del Modernismo de aquel país. Impulsó definitivamente el uso del verso libre y los temas provenientes de la cotidianidad y la biografía. He aquí siete de sus poemas más celebrados, espigados de entre una obra completa casi inabarcable: más de 1500 apretadas páginas en las que no falta la vanguardia ni el poema de ocasión, lo pornográfico ni lo político.



En medio del camino 
En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.
Nunca me olvidaré de ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré de que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.

Papá Noel al revés 
Papá Noel entró por la puerta del fondo
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.
Después sacó del bolsillo un cigarro que no quiso encender.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.
Los niños dormían soñando con otras navidades mucho más hermosas
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.
Papá Noel se agachó y recogió todo aquello
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.
Los pequeños seguían durmiendo.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.
En el huerto, la luz de luna de Navidad bendecía las legumbres.

Girasol
Aquel girasol en el jardín público de Palmira.
Ibas en coche hacia Juiz de Fora; te habías quedado sin gasolina;
había una peluquería; un fotógrafo; una iglesia; un niño parado;
había también (entre varios) un girasol. La muchacha pasó.
Entre sus senos y el girasol tus ganas quedaron en suspenso.
Ganas muchachas de volar, de amar, de ser feliz, de viajar, de casarse, de tener muchos hijos;
ganas de hacerse una foto con aquella muchacha, de practicar lujurias, de ser infeliz y rezar;
muchas ganas; la muchacha ni lo sospechó…
Entró por la puerta de la iglesia, salió por la puerta de los sueños.
El girasol, estúpido, siguió funcionando.

Congreso internacional del miedo 
Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestas tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.

Privilegio del mar 
En esta terraza mediocremente confortable,
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.
El edificio es sólido y el mundo también.
Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.
El mundo es realmente de cemento armado.
Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…
Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra!
Podemos beber honradamente nuestra cerveza.

Elegía 1938
Trabajas sin alegría para un mundo caduco,
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente lso gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.
Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.
Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme
y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.
Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.
La literatura estropeó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.
Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.

Pistas
Tal vez una sensibilidad mayor al frío,
deseos de volver antes a casa.
Cierta demora en abrir el paquete de libros
esperado, que ha traído el cartero.
Indecisión: ¿voy al cine o no?
De los tres empleos de tu noche no escogerás ninguno.
Quizás cierta mirada, más seria, no ardiente,
que posas sobre los objetos, y ellos la entienden.
O al menos supones que es así. Son fieles, los objetos
de tu despacho. La pluma roja. Te niegas a cambiarla
por esa que guarda el último secreto químico, la tinta inmortal.
Ciertas manchas en la mesa que no sabes si el tiempo,
la madera o el polvo trajeron consigo.
La conoces bien, tu mesa. Cartas, artículos, poemas
salieron de ella, de ti. De la dura sustancia,
de la calma, de la selva abandonada llegaron
las palabras que encontraste y juntaste, para repartirlas.
La mano acaricia
la aspereza. El barniz que se fue. No. Es el árbol
que regresa. El camino que se vuelve. Minas que acecha
y espera, largamente espera tu regreso sordo.
La mesa se vuelve leve, y en ella viajas
por aires de paciencia, acuerdo, resignación.
Mirad la mesa que huye, no la toquéis. Es la mesa voladora,
de sus cajones saltan papeles oscuros, por fin los secretos liberados
sobre la tierra metálica se esparcen, se amortajan y se callan.
De nuevo aquí, menudo territorio
civil, sin sueños. Como presintiendo
que un día se vacían los cuartos, se limpian las paredes,
se detiene un camión y descienden los porteadores
y en el libro municipal se cancela un registro,
miras hondamente el borde de cada
cosa, el color
de cada lado de los objetos familiares.
La familia es pues un orden de muebles, suma
de líneas, volúmenes, superficies. Y son puertas,
llaves, platos, camas, paquetes olvidados,
también un pasillo, y el espacio
entre el armario y la pared
donde se deposita cierta porción de silencio, polillas y polvo
que de tarde en tarde se retira… e insiste.
Desde luego faltan muchas explicaciones, sería difícil
comprender, incluso al cabo de mucho tiempo, por qué un gesto
se abrió, otro se frustró, tantos se esbozaron,
como sería imposible guardar todas las voces
oídas a la hora de comer, en la cena, en la pausa de la noche,
un año, y después otro, y otros y aún otros,
todas las voces oídas en la casa durante quince años.
Mientras tanto, deben de estar en alguna parte: se acumularon,
consumieron peldaños, invadieron tuberías,
llenaron viejos papeles, perdieron la fuerza, el calor,
existen hoy en subterráneos, unas en la memoria, otras en la arcilla del sueño.
¿Cómo saberlo? Al principio parece desierto,
como si nada quedase, y un río corriera
por tu casa, absorbiéndolo todo.
Las sábanas amarillean, las corbatas se desgastan,
la barba crece, cae, los dientes caen,
los brazos caen,
caen partículas de comida de un tenedor dubitativo,
las cosas caen, caen, caen,
y el cielo está limpio, pulcro.
Las personas se acuestan, son transportadas, desaparecen,
y todo está pulcro, salvo tu rostro
inclinado sobre la mesa; y del todo inmóvil.

Tomado del Suplemento Semanal Español ®ElCultural.es

7 de mayo de 2017

Islas que habitan versos



La Tertulia de Orlando y El Consulado Dominicano en la ciudad de Miami, tienen el placer de invitar a toda la comunidad latinoamericana y en especial a la cubana y dominicana, al evento cultural, “Islas que habitan versos” que se efectuará el sábado 13 de mayo en el local del Consulado Dominicano de la ciudad de Miami, ubicado en el 1038 Brickell Ave, Miami, FL 33131, a partir de las 6:00 pm, el cual será un Encuentro y Lectura de poemas entre los poetas Elaine Vilar Madruga, narradora y poeta, quien nos visita desde la Habana, Cuba y Eduardo Herrera Baullosa, poeta y escritor cubano residente en Miami, Florida.
Estarán presente en el evento los poetas dominicanos Francisco Henriquez, Director de La Tertulia de Orlando y Luis E. Arzeno Romero.
El evento, “Islas que habitan versos”, “pretende reunir a dos exponentes de la poesía actual cubana, en la busqueda de hacer confluir en ellos, la creación a modo de sinergia, abrazo, verso”, de acuerdo a la poeta Vilar Madruga,
Informa la poeta cubana que “ A través de un breve encuentro con los autores, en el cual podrá disfrutarse de sus más recientes creaciones (tanto éditas como inéditas) y de un diálogo con el público asistente, se mostrarán los contemporáneos caudales poéticos por los cuales camina la poesía nacida en la Isla de Cuba y diseminada, hoy en día, por todo el mundo.”
La Tertulia de Orlando representada por los escritores Francisco Henriquez y Luis Arzeno reciben con mucho entusiasmo este encuentro entre dos amigos que “nacieron poetas juntos” que de acuerdo a Elaine Vilar Madruga, “es el encuentro entre una década de compañerismo, de diálogo, de intertextualidades, de ejercicios compartidos, de espacios de implosión de las ideas.” Agregando que “Este, es el encuentro entre dos voces divididas en el espacio, que comparten sus propias islas interiores a través de la poesía, en un canto sin fin.”
Como parte del evento los poetas expondrán sus libros, “Las montañas de la extinción”, de Elaine Vilar Madruga y “Despedida en La Habana como si fuera Ïtaca, de Eduardo Herrera Baullosa, dos poemarios que se encuentran como esponjas del tiempo para absorver dos poetas que llevan una amistad al son de la poesía.
En el evento también estarán los libros de los escritores Francisco Henriquez y Luis Arzeno, “Aforismos Dominicanos” y “Volverás a amar”.

La poeta cubana Vilar Madruga plantea como objetivos de “Islas que habitan versos”: Promocionar la creación joven contemporánea, con independencia de las fronteras y los estilos. Proporcionar un espacio de intercambio de ideas entre los autores y su público. Presentar la más reciente creación de los autores involucrados en el proyecto. Permitir el conocimiento de la nueva poesía gestada bajo el se de lo cubano y posibilitar un diálogo entre dos voces poéticas diversas, en busca de lo común y o diferente que provoca la sinergia. 

2 Poems by Francisco Henriquez

EL SILENCIO DE LOS POBRES En la otra cara el diluvio recobró su fuerza roja, y uno a uno los adelantados recorrieron las orillas de fu...