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24 de febrero de 2017

Poesía de Cuba



ZURELYS LÓPEZ AMAYA  (La Habana, 1967)

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El viaje es apenas un movimiento

Voy hacia el tren que disipa mi círculo. El círculo es marcado por el hábito de no salir hacia el exterior, hacia luces diferentes que mueven el cuerpo. Es difícil conformarse, guardar el deseo, el tiempo que llevamos en la orilla donde el ave deja sus huevos y emigra en retorno incesante. Casi nunca salgo de la Habana. Me sumerjo entre caracoles dispersos que respiran la sal de cada día, como pez que mira temeroso el símbolo distante. Aparto el frágil discurso. Extraño la isla con sus muros y ciénagas. Ellos soportan la huella del caminante y del animal. No sueño despierta sobre la isla. Salgo hacia la ventana y miro la Plaza de siempre con su brillo empinado. Miro el infinito de los hombres. Recorro sus costas con la ternura del que llora y cree en el mañana. Pienso en el color de mi sangre, inmersa y repetida por los años, revolviéndose en mi cuello hasta sentir que no se zafa uno de la isla, que no abandonamos la bandera por los sueños de conocer el mundo. La isla es el sueño marcado del que añora.



Navegación

el sueño es ver las cosas invisibles...”
-Fernando Pessoa


Los puertos son las huellas del caminante que sostiene su esfera. Nada puede cambiar los ojos hacia el puerto. Él mira hacia los barcos con banderas diferentes. Mira el puerto con la tristeza de un caminante. Un niño lo observa detenido en el aire. El hombre mira hacia el vacío. El niño mira a los barcos con banderas diferentes.



El cazador

Mi sueño es un sueño tímido.
Hay un arco con flecha escondiéndose del árbol,
del venado libre que mueve su esqueleto para no morir.

Venado y yo salimos a conocer el bosque
transitado por arqueros mediocres que desean su carne.

El rey y su riqueza juntan balas para matar elefantes.
Yo no diría rey herido y solo,
inmerso en su juego de matar.
Diría animal sin principios,
hombre- animal que juega a la muerte sin prisa.

Mi sueño es un sueño tímido,
cansado de mirar reyes que matan elefantes.
Prefiero descubrir un ave encerrada en el castillo del rey
que un elefante muerto por el hombre.
La vida sigue su curso,
los reyes disfrutan la muerte de alguien que lanza agua con su trompa
para alegrar a sus crías.
No diría rey herido y solo,
inmerso en su juego de matar.
Diría animal sin principios,
diría palacio de reyes con alfombras y cabezas de toro,
diría dinero malgastado que no cubre el hambre del hambriento.
No gastaría el dinero en matar elefantes para satisfacer un hambre.
Una cosa es dibujar a una boa comiéndose a un elefante
y trasmitir el mensaje de la supervivencia
y otra convertirla en tierra y ceniza.
Exúperi y su príncipe tuvieron un amigo en común.

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® ZURELYS LÓPEZ AMAYA 

2 de febrero de 2017

Poetas de Guatemala




EL AMOR 
Miguel Angel Asturias

¡Ah, suave afán, cabal e inútil pena, 
clima de una piel tibia como un trino, 
en secreto misterio la cadena 
forjando está con sólo ser divino! 

Astral tonicidad de sus recreos, 
preciosa soledad de sus combates, 
en linterna de alarma sus deseos 
quemando está de campos a penates. 

Eternidad de pétalo de rosa, 
silencio azúl de álamo que aroma, 
manjar de sombra con calor de esposa, 
fruto prohibido que en el polen yerra, 
tejiendo está con alas de paloma, 
el vestido de novia de la Tierra .


Su Tristeza era suave

como el color de un lirio.
Y su dolor habia conocido
a los primeros enamorados
que habitaron el planeta.

Por eso ahora
que se habían separado,
comenzaron
a estar
más cerca
que nunca
el uno del otro.


® Miguel Angel Asturias



La mujer
Maya Cu-Choc

se acerca a un ciprés oloroso
a invierno
deja
que la cobije su
sombra
se acomoda entre
sus ramas
moviéndose ambos
al ritmo del viento
las hojas
dejan escapar su olor
la mujer
abre sus poros
y deja también
su olor
en la copa del ciprés


Te debo


las ganas del regreso
a repetir cada verbo
hasta desnudarlo
sacarle de cada astilla
canciones
de cada raíz
estrellas
de cada hoja
tristezas

te debo la necesidad
de repasar los nombres
en la rueca
donde tejí óvulos
y piel
a una raíz:
el círculo donde me reconozco


RAZONES

Si la memoria no me falla
hay en mi árbol genealógico
una madre
abatida por
trabajo, hambre, abandono… 
algún hermano desterrado
por padecer cierta lepra moderna 
una hija sobreviviendo
a un padre ausente 
más allá
hay dos abuelas
cuyas bisabuelas
parieron frutos híbridos
quienes
a su vez
parieron otras frutas
poblando
siglo tras siglo
este Paraíso Violado 
del otro lado del océano
llegó un abuelo
cuyo abuelo
cruzó la puerta de los esclavos
en las isla de Goré
de ellos heredé
la terquedad del ritmo
aun cuando el espíritu agonice 
deberás comprender
entonces
lo difícil que es 
olvidar este dolor
que nació conmigo
como herencia familiar 
tendrás
que sumarle además
la rabia
de saberme
mujer no nacida
amante mutilada
arco iris abortado
-recuerda que fui parida
durante la guerra eterna- 
que
no te extrañe entonces
si a tu pedido de
bondad
alegría y olvido
respondo
justicia 
ahora que conoces
esta historia personal
te pido:
no apresures tu reacción
o tu discurso
détente
escucha
por ahí
en algún
espacio de vida 
corre todavía un riachuelo
que, si lo dejas inundarte
te convertirá
en la continuación
de mi cauce
de esperanza

© Maya Cu, "La rueda"




Estamos hechos de recuerdos
Ana Maria Rodas

Estamos hechos de recuerdos

de un pelo rubio 
de un pecho de 
cuatro cigarrillos moribundos.
De rítmicos movimientos.
El ron se hunde, 

ruidoso, en la garganta
-10,000 células muertas-
y el deseo ametralla 
en los dedos.



Asumamos la actitud de vírgenes

Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.

Forniquemos mentalmente,
suave, muy suave,
con la piel de algún fantasma.

Sonriamos
femeninas
inocentes.

Y a la noche clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.



 Lavémonos el pelo

Lavémonos el pelo
y desnudemos el cuerpo.

Yo tengo y tú también
hermana
dos pechos
y dos piernas y una vulva.

No somos criaturas
que subsisten con suspiros.

Ya no sonriamos
ya no más falsas vírgenes

Ni mártires que esperan en la cama
el salivazo ocasional del macho.


® Poemas de la izquierda erótica / Ana Maria Rodas


Melodía de arrabal
Marco Antonio Flores


Cómo no voy a sentir que el pecho se me parte
cuando oigo a Gardel cantarle al barriosi yo nací en el barrio del Gallito.Si yo jugué con polvo de sus calles,y fui pirata entre sus lodazales,y cada esquina me sirvió de línea Maginot,y sus piedras eran balas treinta treinta,y mi pandilla era el Ejército Rojo de la cuadra(los pandilleros éramos Anzueto y yoy mis hermanos, que no alzaban un palmo de la tierra).Si ahí perdí a mi padre, y lo seguíy me colgué del bomper de su carro, yme arrastró;si ahí me atropelló un carruaje cuandotuve cinco años y sus caballos me hundieronsus cascos en las piernas;si ahí conocí el llanto seco, duro, constantede mi madre;si ahí me iba a juzgar, detrás de un cerco de izotalesal loco de mi barrio, que usaba muñequeras de cuero,y cantaba tangos todo el díaechado en una hamaca, y en la nochesalía a cotorrear a las patojas;si ahí aprendí a cantar esos tangosque ahora canta ese loco de Gardel.




El estanque
 

Tuve un amigo. Un poetaque se bebía las noches con cerveza.Solíamos libar díasenteros hablando de recuerdos, de viajes,de poemas, de mujeres amadas.Era inclinarse en el estanque.Cuando nos capturaron marchó al exilio.Al volver traía una obsesión atravesada:la montaña y las armas.Los poemas arrumbados.No duró tres meses. Teníamos treinta años.Lo capturaron vivo y lo quemaron.Busqué sus restos y me llené las manos de cenizas.Estuve varios días doliéndome de mí.La soledad ardía.El solía decir: "Mi exilio era de llanto".



 ©Marco Antonio Flores



17 de enero de 2017

Hasta Siempre Federico


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La lluvia

Duermes y sé que soñar que estoy a tu lado es alentar el deseo de llegar a tu cuerpo con tal de hacerte mía entre los sueños. ¡Oh, dulce compañera!, tú sabes cuánto he querido darte mi calor a pesar de sentir cómo te escapas de los

sueños en los que siempre repto por tu cuerpo como una serpiente azul, única forma posible de tenerte, porque sé que eres insensible al deseo de este fauno que siempre ha soñado con poseerte lleno de deseos y de nostalgias...

- - - - -

Las dulces edades del caracol...

Un caracol no ha sido siempre un molusco envuelto en una concha, si la miramos bien notaremos que en su interior posee una dulce textura nacarada en un misterioso diseño que ha soportado el tiempo, las edades y el destino de los hombres. Sostenido junto

al oído ese caracol hará que mares perdidos a los ojos, a la memoria y al recuerdo resuenen con el encanto de sus olas que movidas por los vientos vendrán de todos los cuadrantes de la tierra, porque en los graves momentos de la especie el hombre siempre

ha visto en los caracoles un objeto misterioso que les hace generar hondos silencios. Yo he contemplado siempre al caracol porque sé que él también me mira con sus ojos de sal ultramarina, yo acaricio su arquitectura de nacarina piel con mis manos rendidas a su hermosura. En tanto él corporiza su voz sobre todos los lugares de mi cuerpo, hurgando entre mi piel, destripando mi cuerpo, haciéndome sentir tan diminuto como si el mar que guarda el destino de los hombres hubiese comenzado a poblarse a partir de

que yo quedara hecho polvo y arena bajo el vendaval surgido del centro de la tierra fraguaría la presencia de la especie a partir de las esencias milenarias del nácar contenido en los sueños de cada caracol.

- - - -

Federico Jovine BermúdezEl amor siempre tendrá tu nombre (poemas con todas mis angustias), Ediciones Alambique de Letras, Santo Domingo, República Dominicana, 2013.

13 de enero de 2017

Los profetas y la poesía

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"El heraldo proclamó con fuerza: «A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: Apenas escuchen el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente». Por tal motivo, apenas todos los pueblos oyeron el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron para adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor."  
Libro de Daniel 3:4
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"Vengo con música enérgica, con cornetas y tambores, no sólo ejecuto marchas en honor de los vencedores, las ejecuto también en honor de los vencidos y los muertos."  
Walt Whitman, Canto de mí mismo
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"América, te lo he dado todo y ahora no soy nada… No soporto mi propia mente. América, ¿cuándo acabaremos con la guerra humana? Anda y que te jodan con tu bomba atómica."
 Allen Ginsberg, América

20 de diciembre de 2016

Cien años de Gonzalo Rojas


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Porque no estoy para nadie me echaron.
De la república asesinada y de la otra me echaron.
De las antologías me echaron.
De las décadas salobres me echaron. De lo que no pudieron
es del aire.
Gonzalo Rojas
 Por Esther Andradi  (La Jornada Semanal, Mexico
El Berlín del poeta

El poeta pequeño de estatura, con su inefable gorra de marinero cubriendo la calva de su cráneo perfecto, cumpliría cien años el 20 de diciembre. Gonzalo Rojas, nacido en Lebu, Chile, marcó el siglo con su singular voz poética. Desde 1938 su obra discurrió incesante. Una decena de poemarios, publicados en momentos clave de su vida intensa, tatuaron su presencia ineludible en la lengua española. Recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile (1992), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1992), el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo (1998) y el Premio Cervantes (2003). A su padre, ingeniero en minas, que murió cuando Gonzalo tenía cuatro años de edad, le legó “todo el mar“. Y a Celia Pizarro, su madre, que se encargó de criar seis hijos, el poeta le otorgó “la rotación de la tierra.“ Me refiero a “Materia de Testamento“, el libro que el poeta terminó de escribir en Berlín durante su estancia en 1988, cuando lo conocí.
Por entonces Gonzalo Rojas no era conocido en Alemania Occidental. En 1974 estuvo en Rostock, donde el gobierno de la entonces rda le había concedido asilo político. El golpe de Pinochet lo sorprendió en La Habana, cuando era Encargado de Negocios en la Embajada de Chile. En un instante se quedó sin representación diplomática, sin trabajo, sin país.
El gobierno de la rda le ofreció una cátedra en Rostock pero sin autorización para dar clases, lo que incomodó a Gonzalo, así que poco más de un año más tarde partió a Venezuela, donde permaneció un tiempo, y de ahí marchó a Estados Unidos. Pero ahí tampoco le concedieron visa de permanencia.
Parto
soy, parto seré.
Parto, parto, parto.
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Hasta que sus setenta años le trajeron bajo el brazo la invitación a Berlín Occidental. Elegido por un prestigioso jurado, se le otorgaba una beca para residir un año en la ciudad como parte del Programa de Intercambio Académico daad. Gonzalo llegó el 1 de mayo y se instaló en la Güntzelstrasse, cerca de la Ku’damm, la calle pituca y la vidriera de Occidente. Disponía de un departamento de 120 metros cuadrados “con balcón-terracita, frente a un parque interior con castañas, muy en el aire berlinés...“ escribía Gonzalo en sus cartas. Cuando lo visité, las habitaciones permanecían casi vacíasconteniendo mesa y lecho, a la espera de Hilda la “centaura“ del poeta, que se le reuniría recién dos meses más tarde. “Este lado es incomparable, un cruce de los vientos del planeta“, anotaba Gonzalo.
Berlín estaba cumpliendo sus 750 años y todos los días eran una fiesta. Desde Colonia anunciaron su visita al poeta los amigos Ricardo Bada, entonces redactor de la Deutsche Welle, y su esposa Diny Hansen. Convinimos en hacer una excursión exótica: a Lübars.
Lübars es un territorio al norte de Berlín, “campo con vaquitas“, como se le denominaba en las épocas en que esta ciudad estaba amurallada. Por esos años siempre había gente que necesitaba “salir al campo“, hambrienta de horizonte. En dos lugares seguro lo encontraba. En las orillas del río Havel, al sur de la ciudad, donde no se veía la frontera. O mejor dicho, las señales de la frontera se camuflaban en la corriente.

Apréndele, hocicón,
le digo a mi corazón, la que tenía ciencia
era el agua.

Y en el norte de Berlín, en Lübars. Un sector de cinco kilómetros cuadrados del distrito de Renikendorf, y unos cinco mil habitantes, permaneció al margen de la vida urbana aunque forma parte de Berlín desde 1920. El pueblo es patrimonio histórico, su iglesia barroca del siglo xvii, y sus edificaciones y sus callecitas empedradas remiten a un tiempo detenido. Lübars es un espacio donde la vida campesina sigue tan bucólica como en el siglo xix. Las típicas herrerías y el campo con sus animales pastando son una foto que también es Berlín. Mientras existió el Muro, Lübars fue la meca de excursiones escolares, visitas turísticas y el sitio donde ciudadanos melancólicos coincidían en la ilusión de un horizonte “fuera“ de la ciudad.
“Tres cosas hay que no dejan huella: el pájaro en el cielo, el pez en el mar y el hombre en la mujer“ me de-cía Gonzalo ese mediodía cuando llegamos a Lübars. Ricardo, Diny, mi esposo y yo salimos a caminar por los senderos del pueblo, una explosión de primavera en cada esquina, el campo verde, las arboledas dibujando un arco sobre nuestras cabezas mientras hablamos y discurrimos sobre lo que es lo que se lee lo que se siente lo que se añora lo que se desea...

Ay, cuerpo, quién
fuera eternamente cuerpo.
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En el Alte Krug pedimos niños envueltos que en alemán se llaman “Rinder Rouladen“ y se acompañan con repollo morado y papas. Y Ricardo explicaba la factura de esa delicadeza culinaria. ¿O fue Diny?
Los días pasan muy rápido, decía Gonzalo. ¿Y los años? La muerte, esa libertina salvaje, acabará con todos. Pero su poesía, renacida, sigue fresca, como las trescientas mujeres que deseaba amar y se quedaba siempre con una. Ella. No habrá ninguna igual, tango dixit. Gonzalo escribía y Materia de Testamento tomaba forma. Y extrañaba a Hilda.

Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí

El Departamento de Lenguas de la Universidad Libre de Berlín grabó con él una larga entrevista y un recital de sus poemas. El Instituto Iberoamericano le dedicó un workshop a su obra, sus poemas se leyeron por primera vez en alemán en la Literaturhaus y en la voz del poeta chileno Claudio Lange que los tradujo.
De Lübars quedan unas fotos borrosas que nos reflejan con treinta años menos, en un mediodía de sol, frente a la taberna donde vamos a almorzar. Y la foto aquella con Gonzalo caminando conmigo del brazo se la tragó la noche. Pero en mi memoria estamos radiantes, en ese enclave verde en el norte de Berlín, imaginando la ciudad abierta. Presintiéndola, desde algún rincón de la historia Image result for gonzalo rojas

5 de diciembre de 2016

La censura franquista: crónica de un despropósito

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De Franco han sido y siguen siendo los arzobispos pero no los poetas.
León Felipe
Por Xabier F. Coronado,  Jornada Semanal de Mexico
Cuando el poder del Estado limita la libertad de expresión al controlar y manipular la difusión de noticias, la publicación de periódicos, revistas y libros, o cualquier tipo de expresión cultural y artística, lo que está haciendo es ejercer la censura institucional.
La censura es un recurso utilizado por gobiernos totalitarios para evitar que se manifiesten opiniones contrarias a sus intereses. Su primer empeño será supervisar todo lo relacionado con el ejercicio del periodismo y las distintas manifestaciones culturales; su objetivo final, imponer una ideología determinada y subyugar a la población mediante el abuso sistemático de la autoridad y la limitación de sus derechos. Las consecuencias de la censura son múltiples: condiciona la formación de los ciudadanos, coarta el desarrollo pleno de sus capacidades y activa en ellos el mecanismo de la autocensura.
La tradición censora en España se remonta a la época de la Inquisición, cuando se reprimió de manera brutal todo lo que no concordara con los intereses de la Iglesia católica y el poder de la monarquía. Cuatro siglos después, tras el golpe de Estado contra la ii República y la Guerra civil subsecuente, se impuso en España un régimen totalitario que reprodujo un modelo de censura que volvía a defender los intereses de la Iglesia y el poder oligárquico. Un aparato represivo que tenía como objetivo la destrucción absoluta del trabajo cultural forjado durante la república, así como custodiar la integridad ideológica de un Estado de corte fascista y reaccionario.

Leyes y censores

El cine es, casi siempre, vehículo de inmoralidad, y para la juventud de un modo especial, ocasión próxima de pecado.
P. Pablo Juvilla, Rutas de orientación juvenil, 1958.

Al final de la Guerra civil se produjo el exilio de la mayoría de los intelectuales y artistas que habían defendido la República; este hecho, junto a la política represiva y censora del régimen franquista, propició lo que se ha conocido como el páramo cultural español de la postguerra. En los años de larga dictadura también se dio el denominado exilio interior, formado por creadores con una producción contraria o indiferente a los valores del régimen; ellos subsistieron en un sistema que perseguía toda manifestación artística o cultural no inspirada en los principios del franquismo: enaltecimiento del espíritu militar, nacionalismo españolista, patriotismo artístico cultural y catolicismo fundamentalista.

Con el fin de homogeneizar política, religiosa y culturalmente al país, la dictadura desarrolló leyes para controlar los medios de comunicación. La prensa fue prioridad para el régimen franquista: fiscalizar la difusión de noticias suponía la posibilidad de manipular y restringir la información para utilizarla como propaganda del régimen y ejercer el poder contra sus enemigos. En 1938, antes del fin de la contienda, el bando sedicioso promulgó una Ley de Prensa con “carácter provisional” –que se mantuvo vigente hasta 1966– que sujetaba a control gubernativo todo tipo de publicaciones. El responsable de esta legislación, el falangista Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y posterior ministro de Gobernación y Asuntos Exteriores, ocupó la jefatura de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda que imponía las directrices para el tratamiento de noticias y enviaba a los medios informativos textos de inserción obligatoria. Se implantó el carnet de periodista como requisito para ejercer la profesión; esta credencial no era concedida por criterios formativos sino políticos. Cabe señalar que el primer carnet fue otorgado a Franco y el segundo a Serrano Suñer, el encargado de operar el aparato censor.
Durante los primeros años, el franquismo estructuró una red de diarios para formar la llamada Prensa del Movimiento; desde el poder se nombraba a los directores de cada periódico y se regulaban los contenidos. Este grupo mediático actuó como transmisor ideológico y político del régimen; sus objetivos eran desinformar y usar la prensa como medio de propaganda y promoción permanente del caudillo. Todo lo que se fuera a publicar era presentado obligatoriamente a la censura, que dictaminaba fundamentalmente dos aspectos: integridad política, evaluada por ideólogos de la Falange, y moralidad católica, supervisada directamente por el poder eclesiástico. La revista Ecclesia, órgano de Acción Católica y del Episcopado, fue el único medio escrito que no fue sometido a la censura gubernativa.
El franquismo también reprimió el desarrollo de las culturas territoriales y censuró el uso de las diferentes lenguas del Estado; su propósito era lograr la uniformidad nacional a base de imposición ideológica y manipulación histórica, algo incompatible con la realidad del país.
En 1966 parecía que el régimen quería dejar atrás los años más duros al promulgar una ley de Prensa e Imprenta más liberal, conocida como “Ley Fraga”, apellido del ministro de Información de la época. La nueva legislación, a pesar de quitar la censura previa, resultó muy limitada. Se creaba el recurso de la consulta voluntaria y las publicaciones, una vez impresas, estaban sujetas a un control riguroso basado en el artículo 2º de la ley, “acatamiento de las Leyes Fundamentales, el respeto a las personas e instituciones, el orden público y la moral”. En la práctica, la norma posibilitaba la imposición de sanciones económicas, el secuestro de ediciones y el cierre del medio; amparaba la arbitrariedad de los censores y propició un aumento de la autocensura entre los creadores.
¿Quiénes eran los censores? ¿Cuáles eran sus métodos de trabajo? En la primera época, los censores fueron universitarios y académicos cercanos al régimen; con el paso de los años fue derivando en un cuerpo de funcionarios mediocres sin formación ni criterio. Como ejemplo está el caso de Camilo José Cela, que ejerció como “censor de revistas” en la década de los años cuarenta y fue, como publica Julio Rodríguez Puértolas en su Historia de la literatura fascista española (1986), aspirante a confidente de la policía franquista. Su carrera literaria estuvo apoyada por Juan Aparicio, impulsor de la censura desde el cargo de Delegado Nacional de Prensa. Otro escritor censor, Pedro de Lorenzo, director de periódicos del Movimiento (El Diario VascoLa Voz de Castilla y abc), sugirió en 1952 prohibir un ensayo de Ricardo Gullón sobre Luis Cernuda porque el poeta es-tudiado era contrario a principios básicos del régimen franquista: “religiosos: es blasfematorio; morales: es uranista, y políticos: es rojo”. (Censura y creación literaria en España, Manuel Abellán, 1980). Curiosamente, ambos autores sufrieron en propia carne la dureza de la censura, Cela en su libro La colmena, y De Lorenzo con su novela La quinta soledad.
A pesar de toda la legislación al respecto, no existía un marco jurídico claro. Se eliminó todo lo que no interesaba que fuese difundido y la censura se imponía con criterios heterogéneos que dependían principalmente del propio censor, de sus prejuicios ideológicos o morales y, en buena medida, de su carácter y estado de ánimo.

Los datos

No se debe leer, más que por inmoral, que lo es bastante, por repulsivamente realista.
Ecclesia (núm. 140, marzo de 1944)

Los archivos que conservan los expedientes de la censura franquista dan a conocer los casos particulares en los que ésta intervino a lo largo de los años. Reseñamos algunos datos como referencia de su actuación en diferentes ámbitos.La libertad de expresión fue coartada con un severo sistema de sanciones. A partir de 1966, algunos periódicos aprovecharon el ligero relajamiento de la censura para ejercer una cautelosa oposición al régimen que, muchas veces, les deparó multas o suspensiones. El diario Madrid fue cerrado definitivamente por orden gubernativa en 1971; revistas como ÍndiceTriunfo,Cuadernos para el Diálogo o Ajoblanco, entre otras, fueron clausuradas temporalmente. Es llamativo el caso del semanario Sábado Gráfico que en agosto de 1976 hizo un recuento de las sanciones padecidas en sus últimos años: veinticinco expedientes, diecisiete secuestros de edición y dos suspensiones de cuatro meses cada una. Revistas satíricas como La Codorniz y Hermano Lobo eran multadas por hacer periodismo humorístico opuesto al régimen, y fueron refugio de notables “moneros’” Mingote, Máximo, Forges; Perich, Chumy Chúmez, Summers y Ops, entre otros. Cada semana, en su segunda página,Hermano Lobo publicaba la sección “7 preguntas al lobo”, la última de ellas siempre cuestionaba:“¿Cuándo desaparecerá la censura cinematográfica?”, y el lobo respondía: “El año que viene si Dios quiere.”
Literatura, radio, cine y televisión, música y espectáculos públicos, sufrieron los rigores de la censura franquista. El editor y escritor Carlos Barral da el siguiente dato: el sesenta y cinco por ciento de los libros enviados al control de la censura entre 1960 y 1961, fueron prohibidos. En el terreno de la poesía: autores como García Lorca y Miguel Hernández, asesinados por el régimen, no podían ser publicados; la obra de poetas trasterrados –Altolaguirre, Cernuda, Emilio Prados o León Felipe, entre otros– tardó muchos años en ser editada en España, y poetas del exilio interior, como Blas de Otero o Gabriel Celaya en ocasiones tuvieron que publicar en el extranjero. Otro dato: la Poesía, de Pablo Neruda, que se edita en dos tomos en 1974 (Noguer), aparece sin varios capítulos de Canto general y Tercera Residencia.
Las compañías de teatro debían presentar las piezas que querían estrenar en la Junta de Censura de Obras Teatrales, y este organismo podía cambiar frases, escenas completas o prohibir las obras en su totalidad, además de alterar detalles de la escenografía, el vestuario o la música. Buero Vallejo, Alfonso Sastre y otros autores –Arrabal, Lauro Olmo o Carlos Muñiz–, tuvieron muchas dificultades para representar sus obras.
El cine español fue sometido a una doble censura, gubernativa y eclesiástica, que impidió su pleno desarrollo. El cineasta Juan a. Bardem escribió el artículo “Hay que destruir un laberinto”, donde responsabilizaba a la censura del lamentable estado del cine en España; el texto fue suprimido de la revista Índice en septiembre de 1952.
La censura cinematográfica prohibió o mutiló importantes obras del cine mundial que, además, estaban sujetas a un doblaje obligatorio. La obsesión de los censores de películas durante el franquismo eran el sexo y la política. Algunos datos curiosos: por medio de un doblaje manipulado la censura convirtió una infidelidad en incesto, al presentar como hermanos a Grace Kelly y Donald Sinden en Mogambo (j. Ford, 1953); provocó una muerte de doblaje en Las lluvias de Ranchipur (j. Negulesco, 1955), para hacer viuda a Lana Turner y ocultar su adulterio; introdujo una voz en off en las imágenes finales de Ladrones de bicicletas (v. de Sica, 1948), para trasmitir un mensaje feliz y esperanzador en una obra que pretendía lo contrario; suprimió diálogos de Casablanca (m. Curtiz, 1942) en los que Bogart decía haber luchado en defensa de la República española durante la guerra, y un largo etcétera de casos.
Con la música ocurrían cosas parecidas y la censura arremetía contra cantautores como Luis Llach, Raimon, Aute o Labordeta, a los que consideraba un peligro para el régimen. Los grupos y cantantes extranjeros eran sometidos a una censura estricta: se eliminaron o trastocaron portadas de álbumes de David Bowie (The Man Who Sold the World, 1969), los Rolling Stones (Sticky Fingers, 1971), y The Who (Who’s Next, 1971; Quadrophenia, 1973) entre otros casos. Un dato sorprendente: se llegó a elaborar un centenar de listas negras de temas musicales y más de 4 mil canciones fueron vetadas en radio y televisión.
La relación de datos sería interminable; sólo resta meditar sobre el incalculable perjuicio que la censura franquista ha provocado. Un trastorno que afectó durante décadas a millones de españoles que sufrieron la manipulación de su entendimiento: cuánto despropósito, cuántas secuelas sin remedio. Huestes de acólitos sin conciencia, a las órdenes de un dictador patético y detestable, persiguieron con odio y saña a quienes podían evidenciar las carencias de un régimen insostenible…, pero que fue sostenido por el militarismo represivo, el fanatismo religioso, el miedo y la ignorancia, durante casi cuarenta años. Es difícil no sentir coraje.
La única posibilidad que nos queda es recordar para que nunca más vuelva a suceder. Aunque, si consultamos el gran libro de la Historia, demasiados capítulos semejantes se han repetido periódicamente con distintos nombres en diferentes escenarios. Es difícil no sentir frustración