25 de enero de 2013

Poesia en La Casa Blanca

"Un día": análisis del poema inaugural de Barack Obama.

Una tradición en EE.UU., iniciada por JFK y retomada por Clinton y Obama, elige a un poeta contemporáneo para que escriba y lea un texto en verso en el acto de asunción. El 21 de enero pasado, cuando se inició el segundo mandato de Barack Obama, Richard Blanco subió al estrado. A continuación, un análisis de su poema de nueve estrofas y espíritu optimista, que aborda muchos de los grandes temas de la vida del país, de la violencia al trabajo, aunque deja otros sin nombrar.

El lunes pasado el poeta Richard Blanco leyó su poema "One Today" (Un hoy) en la ceremonia de asunción del segundo mandato de Barack Obama. Blanco es solo el quinto poeta de ejercer esa función: el primero fue Robert Frost, en 1961, para la asunción de John F. Kennedy; la segunda fue Maya Angelou, en 1993, para el primer mandato de Bill Clinton (para el segundo de 1997 fue Miller Williams); y la cuarta, Elizabeth Alexander, cuando Obama llegó a la Casa Blanca en 2009.

Aunque esta nota concierne a un análisis del poema de Blanco, vale hacer una acotación antes de comenzar.
Que Clinton, primero, y después Obama hayan elegido restaurar la tradición de un poeta inaugural habla de los valores culturales de ambos; y de su identificación con el optimismo de J.F.K. y su lucha por los derechos civiles y una sociedad justa. Hay que decir, también, que de todas las artes mayores, la poesía es la más marginalizada. Desde o Neruda o Frost —justamente— que no hay una poeta popular. Hoy nadie puede ganarse la vida como poeta, como ningún alumno en ningún país del mundo es obligado a memorizar poemas sistemáticamente. Y seguramente casi nadie podría nombrar cinco poetas vivos importantes de cinco diferentes países junto con sus obras mayores. Si les parece excesiva esta prueba, consideran que cualquier niño de 12 años podría contestar fácilmente lo mismo sobre jugadores de fútbol.
La poesía no es un arte menor. Es un arte de catacumbas.
Por eso, que el Presidente de los Estados Unidos decida que un poeta contemporáneo escriba una obra original para su acto de asunción, y la lea en esa misma celebración, es un dato significativo.
¿Qué hizo Richard Blanco con esta oportunidad? ¿Cómo interpretamos su texto? (Un Día/One Today, poema en español e inglés).
El poema de Blanco consiste de nueve estrofas —de entre 5 y 10 líneas largas— en verso libre. Como dijo el mismo Blanco, su intención fue hablar de la unidad del país, pensando tanto en su infancia como en la de Obama. Es decir, de individuos que no necesariamente conformaban la idea estereotipada de un “Americano” pero que, sin embargo, podían aspirar a ser parte del “Sueño Americano”.
Blanco es hijo de padres cubanos. Nació en España y se crió en Miami. Además fue formado como ingeniero civil y trabajó de eso. Llegó a la poesía tarde en su vida. Y también, como lo presentan los medios de comunicación de su país, es el primer poeta en leer en un ceremonia de asunción que es “abiertamente gay” (¿Como si Frost o Maya Angelou, tal vez, hubieran estado en el closet?).
Vamos al poema.
La primera estrofa presenta la imagen del amanecer sobre el territorio de los Estados Unidos. Es una visión no cósmica, pero sí de una perspectiva muy elevada. De la luz del sol pasando por sobre el país, de Este a Oeste, iluminando las montañas y las praderas. Blanco humaniza esta imagen mostrando el sol sobre los techos de las casas del país.
En la segunda estrofa profundiza un nivel más. La visión del poema penetra los techos soleados de la mañana y se imagina las personas dentro de las casas: “Mi cara, tu cara, millones de caras en los espejos de la mañana”. Ya aterrizado, el poema sale a las calles. La gente sale a trabajar, las autopistas llevan su carga de tránsito comercial pero también civil. Es un país de gente que trabaja y todos valen lo mismo. En este momento entra la memoria personal del poeta, un recurso que usará varias veces en lo que resta del poema. Se acuerda de su madre y sus sacrificios. El está allí gracias a ella. Las generaciones se superan. Uno se sacrifica para mejorar la vida del que sigue.
En la tercera estrofa vuelve a la imagen de la luz y, como es de esperar, comienza algo de propaganda política. Debe ser enormemente difícil escribirle un poema al presidente de los Estados Unidos. Si te eligió, inevitablemente es para que le des una voz a su visión. En esta estrofa, lo que fue un poema paisajístico se vuelve político. Hace referencia a Martin Luther King y a los 20 niños recientemente asesinados en Newtown Connecticut.
En la cuarta estrofa vuelve a la idea de unidad, pero en vez de un sol que nos une, el símbolo unificador es el suelo. Retrata un paisaje industrial y agrícola alabando la fecundidad de la tierra que rinde gracias a las manos que la trabajan.
Además de describir lo que hay en el poema, es necesario marcar lo que no esta. No están, en esta estrofa, los miles de inmigrantes ilegales que cosechan las tierras de California, Texas, Florida, y otros estados del país. (Aunque Obama sí quiere regularizar la situación de los inmigrantes ilegales). Blanco solo habla de “manos gastadas” que trabajan. De todas maneras, la figura del inmigrante se presenta en el padre del poeta “cortando caña / para que mi hermano y yo pudiéramos tener libros y zapatos”.
En la quinta estrofa se profundiza el concepto de unidad con la imagen del aliento. Por ahora tenemos: Sol, Cara, Luz, Suelo y Aliento. Cada estrofa tiene su funcionamiento simbólico y se encadena con la próxima. El símbolo del aliento de la quinta estrofa se encarna en el ruido del comercio, nuevamente. El aliento es tanto nuestro, como de las bocinas de los autos, el ruido del metro y, en una de las imágenes más simples y bellas del poema, en “el canto inesperado de un pájaro sobre tu soga de ropa”.
El uso de Blanco de los pronombres personales es fundamental en el poema y su construcción. Crea una sensación de unidad íntima enunciando: “yo”, “tu” y” “nosotros.” Pero nunca dice “ellos”. No hay ni un enemigo, o rival o vecino en el poema.
Hay un concepto histórico-filosófico en los Estados Unidos que se llama “American Exceptionalism”. Es decir, el excepcionalismo americano. Dice que ese país tiene un propósito moral que es totalmente nuevo en la historia y exclusivo a su país. Según este concepto, los Estados Unidos tienen el derecho y obligación de perseguir su destino único, aparte de los demás países del planeta. Concientemente, o inconcientemente, el poema de Blanco subscribe este concepto.
La sexta estrofa se aparta de los símbolos de unidad —las cosas que nos unen a todos más allá de nuestras diferencias— y resalta las diferencias. La gente se saluda en diferentes idiomas: “Hello, shalom, bon giorno, howdy, namaste o buenos días”. En un recurso que ya hemos visto, Blanco justifica su corrección política —o su cliché, si uno quiere ser cruel— llamando atención a su propia biografía. Su mamá le decía “Buenos días”. No es que está meramente versificando. Está hablando de su vida.
En la séptima estrofa, Blanco vuelve al cielo, a las montañas, a los majestuosos ríos del país y a sus grandes obras de infraestructura que invocó en las primeas dos. Una vez más, sin embargo, es necesario en esta crítica nombrar tanto lo que no está como lo que sí está. Blanco nombra manos “cociendo un uniforme”. ¿Es el uniforme de un soldado? Y si lo es, ¿por qué no los nombra directamente? En especial, todos los soldados estadounidenses que murieron en la guerra de Irak. Una guerra que ha durado más tiempo que la Segunda Guerra Mundial. O de los caídos del otro bando, tantos soldados como civiles.
No aparecen. Sí aparece la construcción del “Freedom Tower” que reemplazará a las torres gemelas caídas el 11 de Septiembre del 2001. El esfuerzo del hombre por terminar su construcción, Blanco escribe, lucha contra la resistencia del cielo mismo.
En la octava estrofa ese cielo que se rinde a la ambición y valentía del hombre vuelve a ser un símbolo de nuestra unidad. Todos, al fin del día de trabajo, miramos al cielo, pensando en nuestros seres queridos, en el clima, en nuestros padres. Y así también el poema va cerrando un círculo que comenzó por una mañana y termina en un atardecer.
En la novena y última estrofa volvemos a casa después de un día de trabajo. En la distancia todos vemos una nueva constelación. La nombraremos juntos.
El poema de Blanco es optimista y feliz. Retrata un clima de orden cívico y de orgullo patriótico. El subtexto biográfico enfatiza que cualquiera que quiera esforzarse puede triunfar en el país. Pero reiteramos, en una lectura detallada resaltan tanto las ausencias como las presencias.
El poema habla de camiones, de trenes, de ladrillos, de petróleo. Todas tecnologías del siglo pasado y más allá. Habla de los 20 niños trágicamente muertos en un absurdo ataque nihilista, pero no menciona los miles y miles de muertos en las últimas guerras de Irak y Afganistán. Habla de la tierra y de su cosecha pero no habla de los trabajadores ilegales que también cosechan esa tierra.
El sol era el símbolo central de la primera estrofa del poema que abre con el principio de un día. El símbolo central de la última estrofa es la luna, ya que el poema cierra en una noche. Pero, tanto para el poema como para el país, la luna es un símbolo vacío. Entre muchas otras cosas, J.F.K. enunció el sueño llevar al hombre a la luna. Ese sueño se logró.
Muchas décadas después, sabemos que todos nosotros vivimos en un planeta en el centro de un desolador vacío cósmico. Lo único que nos queda es vivir en paz entre nosotros y tal vez, si somos muy ambiciosos, intentar explorar nuestro sistema solar.
El poema de Blanco, tanto como la visión política de Obama (¡y del mundo!) es de un arte menor. No nos da escalofríos. No nos desafía a soñar a lo grande, todos juntos, buscando una paz universal, como se lo imaginaba J.F.K. y sus contemporáneos de los años 60. Ojalá que sea un tiempo de reparación, de un fin de guerras, de una regulación de la industria y el comercio autodestructivos, del fin del racismo y el nacionalismo.
En algo hay que soñar.
Tomado de La Revista Ñ Clarin.

POR Andrés Hax

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