27 de junio de 2012



Guardo el cascaron de tu sonrisa
y el esqueleto de tu alma aun
me hace cosquillas
alrededor de mis pensamientos.

Desearía no verte o quizás
verte de lejos
para que el olvido
no sea un pretexto.

El beso aquel, donde está?

Donde está la sombra de tu cuerpo
que quedó como escena de crimen
entre sabanas?

Por los menos
los insomnios valieron la pena
porque se consumieron en orgasmos.

Los licores no terminaron en resaca
el sol no salió en la mañana
no porque le dio la gana
sino porque estaba lloviendo
y, estaba yo viendo
como te morías
al no comprender
que era la última vez
que estábamos juntos.

© Francisco Henriquez Rosa

8 de junio de 2012

Feliz Cumpleaños Poeta Marechal



Canto de otras vidas

Silencio,
sangre de campanas muertas.
Llanto de las casas vacías
que imploran un retorno de niños...

Yo sé un canto sin nombre
que fructifica en el silencio.
Una canción de aquellas que soldaban tus párpados
cuando la lámpara florecía
en los aposentos mojados de sombra.

Entonces hubo dedos color de reloj
y un perfume de llantos antiguos en la ropa vetusta.

(Hay que tirar guijarros musicales
al fondo del silencio:
el silencio responde con su voz de agua muerta.)

¡Tus manos!
Veo tus manos desgarradas
en cinco tiras de cansancio.

¿En qué viejo episodio se gastaron tus dedos?
La vida fue un liviano cascabel en tus ropas
¡y has echado a rodar el juguete del mundo
yo no sé en qué mañana de libro con viñetas!

El cántaro vacío de tus ojos
ha mordido la fuente de algún sol en pañales...

(Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.)

Una mañana tus ojos de Simbad arponearon el sol.
En madera profunda
tallaste el mascarón de un navío fantasma:
un mascarón de gestos petrificados
que mordió la carne frutal de aquel día sin nombre.

Entonces un mar sin leyendas
habló de tu origen a dioses color de esponja.

Y el viento no había pisoteado todas las distancias.
El viento niño rompió el juguete de tus Cantos
y hacía danzar en sus horcas
a los piratas de tu miedo...

¡Quién te dijo una noche que la muerte
sólo un tapiz de sueño era!

¡Quién te enseñó una noche de qué modo la vida
se acostaba en sus linos,
como tú, de pequeño,
cuando en los labios de tu madre
nacían llavines de música para tus ojos!

¡Quién te habló de la muerte
y de un retorno en caballos festivos!

(Yo sé un canto de abuelas;
el silencio responde...)

¡Tus pupilas
-amente fieles a la hoguera
que abrió incurables llagas en la noche de añil!

¡Qué vieron tus pupilas? ¿Qué vieron
la barba color hoja seca de los ancianos
t6rax de hombres adustos
hablaban un lenguaje aprendido en la boca del viento?

Una voz deshizo el collar de tu nombre,
una voz musical de nodriza recién castigada...

¡ Todo está en el silencio!
He ahí tus pasos amigos de una tierra sin edad.
Y la mujer a tu carne ceñida, igual que una ropa de llamas.
Y un amor traslúcido como el reír de los niños
que mataron pichones de alondra junto al Río Dios.

Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.
Has roto la ventana de un Olimpo sin risas
y salieron los dioses en pantuflas
esgrimiendo sus rayos de juguete...

¡De qué metal será la palabra
que infantilice los labios del mundo!

¡Qué harás con tus manos de cinco tiras
en el puente de las noches, cazador sin sueño!

Yen el oeste un pájaro se alza:
con el pico enhebrado de música
viene cosiendo el traje de una edad.


De "Días como flechas" 1926

 Leopoldo Marechal nace en Humahuaca 464, Ciudad de Buenos Aires, el 11 de junio de 1900. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Fue maestro y profesor de enseñanza secundaria. 
 Durante el período 1944-1955 ocupó cargos oficiales. Esta última circunstancia lo llevó al enfrentamiento político con antiguos compañeros de generación literaria y relegó su propia obra al olvido durante dos décadas. Las nuevas generaciones, en cambio, redescubren la obra de Leopoldo Marechal, precursora-sobre todo en la narrativa- de las búsquedas de la literatura latinoamericana. La estrecha relación vida-obra, el voluntario exilio espiritual, la firmeza de sus convicciones, deben sumarse a los datos concretos de su biografía. La incidencia de lo autobiográfico en lo literario es, quizá un rasgo definitorio: la infancia en un barrio de Buenos Aires, los paseos por el campo, en Maipú, la labor de maestro que comienza a los veinte años, los viajes a Europa, elementos que Marechal recrea en su literatura, experiencia y vivencia que hacen no sólo a su formación sino al sentido de su obra. A los doce años escribe sus primeros versos sin dejar por eso de deambular por las calles prefigurando al poeta que, años después, descubrirá sus símbolos. Durante la década del 20 colabora en el periódico literario Martín Fierro (véase) y en la revista Proa. En 1926 viaja por primera vez a Europa, frecuenta en España a los redactores de La Gaceta Literaria y la Revista de Occidente, y se reúne en Francia, con los pintores y escultores del llamado "grupo de París": Butler, Basaldúa, Berni, Bigatti, Forner, Fioravanti, Spilimbergo. En 1929 realiza su segundo viaje a Europa. En 1930, en París, escribe los capítulos iniciales de Adán Buenosayres (véase). Se casa con María Zoraida Barreiro, quien habría de fallecer en 1947, y a quien dedica Laberinto de Amor. En 1948 viaja otra vez a Europa. En 1950, decide convivir con Elbia Rosbaco, inspiradora de algunos de sus poemas. Muere el 26 de Junio de 1970 en Buenos Aires.

10 de febrero de 2012

Julia de Burgos



Media noche

Se ha callado la idea turbadora
y me siento en el sí de tu abrazo,
convertida en un sordo murmullo
que se interna en mi alma cantando.

Es la noche una cinta de estrellas
que una a una a mi lecho han rodado;
y es mi vida algo así como un soplo
ensartado de impulsos paganos.

Mis pequeñas palomas se salen
de su nido de anhelos extraños
y caminan su forma tangible
hacia el cielo ideal de sus manos.

Un temblor indeciso de trópico
nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
se han besado tu vida y mi vida...
y las almas se van acercando!

¡Cómo siento que estoy en tu carne
cual espiga a la sombra del astro!
¡Cómo siento que llego a tu alma
y que allá tú me estás esperando!

Se han unido, mi amor, se han unido
nuestras risas más blancas que el blanco,
y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima
se han besado tu llanto y mi llanto...

¡Cómo mueren las últimas millas
que me ataban al tren del pasado!
¡Qué frescura me mueve a quedarme
en el alba que tú me has brindado!



 Alba

¡Oh la noche regada de estrellas
que envió desde todos sus astros
la más pura armonía de reflejos
como ofrenda nupcial a mi tálamo!

¡Cómo suena en mi alma la clara
vibración pasional de mi amado,
que se abrió todo en surcos inmensos
donde anduve mi amor, de su brazo!

La ternura de todos los surcos
se ha quedado enredada en mis pasos,
y los dulces instantes vividos
siguen, tenues, en mi alma soñando...

La emoción que brotó de su vida
-que fue en mi manantial desbordado-
ha tomado la ruta del alba
y ahora vuela por todos los prados.

Ya la noche se fue; queda el velo
que al recuerdo se enlaza, apretado,
y nos mira en estrellas dormidas
desde el cielo en nosotros rondando...

Ya la noche se fue; y las nuevas
emociones del alba se han atado.
Todo sabe a canciones y a frutos,
y hay un niño de amor en mi mano.

Se ha quedado tu vida en mi vida
como el alba se queda en los campos;
y hay mil pájaros vivos en mi alma
de esta noche de amor en tres cantos...



 VIAJE ALADO

Hoy me acerco a tu alma
con las manos amarillas de pájaros.
La mirada corriendo por el cielo,
y una leve llovizna entre mis labios.

Saltando claridades
he recogido el sol en los tejados,
y una nube ligera que pasaba
me prestó sus sandalias de aire blando.

La tierra se ha colgado a mis sandalias
y es un tren de emoción hasta tus brazos,
donde las rosas sin querer se fueron
unidas a la ruta de mi canto.

La tragedia del mundo
de mi senda de amor se ha separado,
y hay un aire muy suave en cada estrella
removiéndome el polvo de los años.

Hasta mi cara en vuelo
las cortinas del mar se me treparon,
y mis ojos se unieron a los ojos
de todas las pupilas del espacio.

Anudando emociones
sorprendí una sonrisa entre mis manos
caída desde el pájaro más vivo
que se asomó a mirar mi viaje alado.

Por encima del ruido de los hombres
una larga ilusión se fue rodando,
y dio a inclinar la sombra de mi mente
en el rayo de luz de tu regazo.

Como corola al viento,
todo el cosmos abrióseme a mi paso,
y se quedó en el pétalo más rosa
de esta flor de ilusión que hasta ti alargo...



Julia de Burgos (17 de febrero de 1914 - 6 de julio de 1953), nacida en Carolina, Puerto Rico es considerada por muchos críticos como la más excelsa poeta nacida en Puerto Rico.

6 de enero de 2012

 

Carta de una mujer perfumada


Para escribir cartas de amor
no es necesaria
la cautela
ni el orden
ni encontrar la perfecta esquela
tan sólo encender la lámpara
como se enciende el cuerpo del amor.
Untarse toda,
perfumarse toda
de mieles y sortilegios
elegir la caligrafía más desvelada,
la más humilde.
Entonces, se extiende
se acaricia el empeine de sus plumajes
y comienzan a recogerse las palabras
como el deseo del amor.

II

Para escribir cartas de amor
es necesario estar reposada
elegir las palabras como si fueran banquetes clandestinos
vestirse toda de rojo, color deseo, color relámpago
y decir: en esta tarde arrodillada de luz
yo te amo, te entrego un manojo de suaves palabras
como la llave de mi alma

III

Me ilumino toda al nombrarte
nada se pierde
con llamarte en el bosque fallido
con escribirte como sonámbula como
maga toda vestida
de verde
escribir
más que una carta de amor
basta con extender mi mano hacia la tuya
es esa la
vigencia
del perfume.

Marjorie Agosin

20 de noviembre de 2011

Adios Elena Tamargo



La escritora cubana Elena Tamargo falleció hoy al amanecer en Miami. Tamargo, de 54 años, había luchado durante varios años contra el cáncer a la vez que se mantenía activa en la vida cultural de la ciudad, y seguía escribiendo poesía además de crítica de teatro

Nació en La Habana, Cuba (1954). Poeta y escritora. Recibió el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de La Habana en 1984 por su libro Lluvia de rocío, y el Premio Nacional de Poesía "Julián de Casal" de la Union de Escritores y Artistas de Cuba en 1987 por Sobre un papel mis trenos. Estudió Germanística y Filología en la Universidad de La Habana y realizó estudios de posgrado en la Universidad Lomonosov de Moscú y la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Su preocupación por la memoria, sobre todo en el drama exiliar, la ha llevado a investigar el tema en poetas como F. Hölderlin (del cual es traductora), Marina Tsvietáieva, Anna Ajmátova y Juan Gelman. Ha publicado el poemario Habana tú (México, 2000) y el libro de texto y crítica Juan Gelman: poesía de la sombra de la memoria (México, 2000).




HABANA TÚ

Y hoy está crecido el mar
no es que la marea suba por un hecho natural
es que llora Yemayá
Juan Formell
De niña, entre las grietas de la tierra
buscaba en ti mi aurora
a semejanza mía, a semejanza tuya
cuerpo oscuro y esbelto de mi sueño.
Puras ante la espera las imágenes
emisarias de la tarde que caía
pegada a su horizonte.
Tenías en secreto tu espigón de metales
inclinada en tu borde busco el ancla perdida
te busco en el regreso, estás llena de pájaros
vuelve a secar tus manos y cuéntamelo todo.
Era esto el abandono y lo sabías.
Óyeme estos lamentos que me salen ardiendo
yo sólo te deseo.
La sombra de aquel tiempo en ti misma entrevista
con inútil ternura
y tú me dabas fuerza
rendida y dócil como el mar sabe serlo.


SINCOPADA O FUERA DE TIEMPO

Todos los días se matan en La Habana
dos millones de gatos y quinientos caballos.
Quinientas yeguas solas sostienen el rencor de su dureza
se abrazan
en la pira arrogante del león babilónico.
Trasgos de sangre suspenden el azul y el animal del trópico
se agota.
Diez millones de vacas ya murieron
tres mil palomas agonizan
y el olor de los lirios se deslíe
en un prurito de ácidas hormigas.
Los ciudadanos temblando se repliegan
a construir el escenario de la nada
si no quedan caballos ni lenguas ni jazmines
si los trenes de leche detuvieron su paso
donde cantaba la belleza
y ahora se escuchan los terribles quejidos de las vacas
si los lirios, los gatos, las palomas
son animales muertos.
Pero yo no he venido a ver el cielo
cómo voy a ordenar pedazos de paisajes
ordenar los amores que son fotografías
y luego tambor tosco, bocanada de sangre.
Ay, voz lejana
ay, voz de la sordera
estás aquí bebiendo mi humor de niña muerta
quiero llorar mi talco, como lloran las niñas
porque yo no soy ni mujer ni poeta ni azucena
soy el agua y el vino y el aceite
una llaga tal vez que debe al fuego
y me andan buscando.


COMPÁS DE ESPERA

Mi pasado está invadido
y lloro lentamente.
Me ha llenado de miedo una noche en el Neva
me ha llenado de fe una tarde en Bakú.
Se quedó Samarcanda como alguna promesa
y la calle de Arbat para soñar a eszenin
siempre, siempre.
Erré como torcaz
aplastada en la calle por un caballo ciego.
me dan miedo mi pueblo y sus hombres
mientras Jesús del Monte se derrumba en silencio.
Una ciudad de espejos y banderas
y su empinada ronda de tenores.
Yo regreso a mis pájaros
al pequeño amarillo que no canta.
Ya no tengo balcón ni noches junto al mar
y otra campana traza mis compases de espera.
Estorbo como estorban los almendros
y en el farol se queman algunas mariposas.
Ciudad y almendro y yo
ay, qué desgracia.


ALGO DE MENOS

Esta tarde yo olía a una ciudad de invierno
a vela derretida, a leños en la estufa.
Esta tarde
todos pasan a echar de menos algo
a consultar mis manos
y en mi reja dejar cosas ajenas.
Quién ha estado esta tarde en el umbral
que me ha puesto tan triste
sin mi golpe de luz
sin mi santa cruzada de polvo y desconcierto
de pan fresco y loción.
Que traspase el zaguán de mi extravío
y me cubra y me ampare
de tanta frialdad
aquel que se ha llevado de mi horno el alma.


HABANERA YO

Soy otra vez muchacha en el invierno
y nadie me regala una gardenia.
Pero al regreso de mis lunas
ahíjo taciturna del fondo de la calle
casi feliz, aletargada
bajo esta piedra roja.
Retozo como un campo de caña florecido
es la herencia adecuada de una mujer despierta
un sueño desprendido del cuerpo que lo ha usado.
Los lirios de Rosita
mis únicos testigos
esperan la lechuza
en el silencio mío del oeste.
Vuelvo en la medianoche de este invierno
acércate a escuchar mi tambor y mi oboe
acércate con riesgo de hechizarme.
Ciudad, ciudad
no mates mi manía de ser bella
de pasearme desnuda y cepillarme el pelo.
Ciudad con pajaritos y cisternas
el probable lugar donde acabó una historia.
Ay, mi ciudad
mi pasto
mi sitio recurrente
a la hora en que duermen las palomas.
Ciudad que has bendecido mis vigilias
arrástrame hacia el mar
sin farolas ni víctimas
con algas en mi pelo
y en tu pelo sal.

20 de octubre de 2011

Crucero de hambre




A los dominicanos que mueren
 en alta mar tratando de llegar
a Puerto Rico.

Se comieron el mar
bebiéndose las piedras,
se alejaron las costas
desnudas de cangrejos.

Nubes amotinadas,
como cocos heridos
secuestraron la luna
que guiaba las balsas.

Las piedras no brillaban,
la arena se encendía,
la isla se enterraba
con el color del frío.

Las tripas anunciaban
escandalosos truenos
el hambre se hizo diosa
del mar y las miradas.

No cruzaron jamás
el amplio enredo
se convirtió la balsa
estropajo de hielo.

Los gritos de burbujas,
los adioses quebrados
mordidos por dos islas:
de Encanto y desencanto.

® Francisco Henriquez
® Ilustracion Hamlet Zurita

19 de octubre de 2011

Plagios y robos literarios


NERUDA RECONOCIÓ QUE EN SU CASO EL PLAGIO FUE UN PECADO DE SU PRIMERA JUVENTUD

Manlio Argueta
San Salvador

En los albores de la información tecnológica, se tuvo como primer extraterrestre insigne a un poeta fenómeno por su temprana edad, como lo había sido Darío: Pablo Neruda, que en su prestigioso “Veinte Poemas de Amor y una canción desesperada” comenzó con un traspié, el poema 15 es una idea íntegra del Nobel Rabindranath Tagore. Años después, el poeta uruguayo Carlos Sabat Ercasty acusó a Neruda de plagiar un poema suyo que el chileno publicó como “El hondero entusiasta”. En ambos casos, hubo razón de la denuncia, aunque Neruda reconoció que solo fue una inspiración en sus maestros.

También se acusó a García Márquez de plagio por “Cien años de soledad”; de la obra “En Búsqueda del Infinito”, de Balzac, la denuncia la hizo otro Nobel, Miguel Ángel Asturias. Y a otro Nobel, Mario Vargas Llosa, se le denunció de plagio por “La guerra del fin del mundo”, basado en “La Guerra de los canudos”, del brasileño Euclides da Cunha.

Denuncias que a ninguno de ellos les resta grandeza, pues las confesaron como pecados de juventud, en el caso de Neruda; o de exagerada investigación policial literaria en el caso de García Márquez y Vargas Llosa.

Lo inexplicable son los plagios del peruano, presidente del Premio Alfaguara en España Alfredo Bryce Echenique a quien conocí en París. Me interesó siempre por una novela con un personaje principal, una salvadoreña que trabajó conmigo como ilustradora de libros infantiles, cuando fui director de la Editorial Universitaria Centroamericana. Escribiré más sobre esta novela, vale la pena.

Hace tres años a Bryce se le acusó de plagiar a 16 periodistas de diversos países, con trabajos sacados de internet. Fue condenado judicialmente a pagar los derechos de autor, algo mortal para cualquiera.

El caso extraño de Echenique se parece al suceso de un salvadoreño, Mario Hernández Aguirre, quien siendo secretario privado del presidente José María Lemus, ganó un premio nacional de poesía con un plagio total del argentino José Portogalo: “El hombre del alba”, dedicado al filósofo José Carlos Mariategui; Mario Hernández tituló su poema como “El hombre a quien la aurora señalaba”, dedicado al maestro Masferrer. En el descubrimiento tuvo que ver el poeta exiliado guatemalteco Otto René Castillo y mi persona que dirigía un periódico universitario. Castillo me mostró las dos obras similares y decidí publicar las versiones, Hernández solo cambiaba cinco palabras. La presidencia de la república sacó un comunicado, diciendo que era una falacia para desestabilizar a su gobierno, y que sabía que el argentino plagió al salvadoreño.

Reproduje en el mismo periódico estudiantil la portada del libro argentino con año de publicación. Mario no había nacido. Nobleza obliga, el coronel Lemus le pidió la renuncia; aunque lo envió con un cargo diplomático a París, ciudad que en las varias visitas que hice estuve tentado de encontrarlo para que me explicara por qué una persona con una carrera diplomática desde joven, con estudios en Europa, había llegado a extremos de delito intelectual.

Nunca lo busqué. Además sucedió algo peor que hundió al compatriota. Desde París ganó el premio centroamericano más importante organizado en El Salvador de la época, con sus ensayos “La rama verde”. Los jurados eran personas maduras, no jovenzuelos como Otto y yo. Al darse cuenta del nombre del ganador, hicieron público la anulación del premio. Estoy seguro de que esta obra no era un plagio, pero los jueces fueron implacables. Tuve tacto en no atreverme a abordar a Hernández, preferí quedarme con el misterio inexplicable.

Si no eres creativo, confórmate con lo que Dios te da.

Fuente: Listin Diario

Poesía de Juan Gelman.

  Ausencia de amor Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando. Cómo será acostarme en...