20 de noviembre de 2011

Adios Elena Tamargo



La escritora cubana Elena Tamargo falleció hoy al amanecer en Miami. Tamargo, de 54 años, había luchado durante varios años contra el cáncer a la vez que se mantenía activa en la vida cultural de la ciudad, y seguía escribiendo poesía además de crítica de teatro

Nació en La Habana, Cuba (1954). Poeta y escritora. Recibió el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de La Habana en 1984 por su libro Lluvia de rocío, y el Premio Nacional de Poesía "Julián de Casal" de la Union de Escritores y Artistas de Cuba en 1987 por Sobre un papel mis trenos. Estudió Germanística y Filología en la Universidad de La Habana y realizó estudios de posgrado en la Universidad Lomonosov de Moscú y la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Su preocupación por la memoria, sobre todo en el drama exiliar, la ha llevado a investigar el tema en poetas como F. Hölderlin (del cual es traductora), Marina Tsvietáieva, Anna Ajmátova y Juan Gelman. Ha publicado el poemario Habana tú (México, 2000) y el libro de texto y crítica Juan Gelman: poesía de la sombra de la memoria (México, 2000).




HABANA TÚ

Y hoy está crecido el mar
no es que la marea suba por un hecho natural
es que llora Yemayá
Juan Formell
De niña, entre las grietas de la tierra
buscaba en ti mi aurora
a semejanza mía, a semejanza tuya
cuerpo oscuro y esbelto de mi sueño.
Puras ante la espera las imágenes
emisarias de la tarde que caía
pegada a su horizonte.
Tenías en secreto tu espigón de metales
inclinada en tu borde busco el ancla perdida
te busco en el regreso, estás llena de pájaros
vuelve a secar tus manos y cuéntamelo todo.
Era esto el abandono y lo sabías.
Óyeme estos lamentos que me salen ardiendo
yo sólo te deseo.
La sombra de aquel tiempo en ti misma entrevista
con inútil ternura
y tú me dabas fuerza
rendida y dócil como el mar sabe serlo.


SINCOPADA O FUERA DE TIEMPO

Todos los días se matan en La Habana
dos millones de gatos y quinientos caballos.
Quinientas yeguas solas sostienen el rencor de su dureza
se abrazan
en la pira arrogante del león babilónico.
Trasgos de sangre suspenden el azul y el animal del trópico
se agota.
Diez millones de vacas ya murieron
tres mil palomas agonizan
y el olor de los lirios se deslíe
en un prurito de ácidas hormigas.
Los ciudadanos temblando se repliegan
a construir el escenario de la nada
si no quedan caballos ni lenguas ni jazmines
si los trenes de leche detuvieron su paso
donde cantaba la belleza
y ahora se escuchan los terribles quejidos de las vacas
si los lirios, los gatos, las palomas
son animales muertos.
Pero yo no he venido a ver el cielo
cómo voy a ordenar pedazos de paisajes
ordenar los amores que son fotografías
y luego tambor tosco, bocanada de sangre.
Ay, voz lejana
ay, voz de la sordera
estás aquí bebiendo mi humor de niña muerta
quiero llorar mi talco, como lloran las niñas
porque yo no soy ni mujer ni poeta ni azucena
soy el agua y el vino y el aceite
una llaga tal vez que debe al fuego
y me andan buscando.


COMPÁS DE ESPERA

Mi pasado está invadido
y lloro lentamente.
Me ha llenado de miedo una noche en el Neva
me ha llenado de fe una tarde en Bakú.
Se quedó Samarcanda como alguna promesa
y la calle de Arbat para soñar a eszenin
siempre, siempre.
Erré como torcaz
aplastada en la calle por un caballo ciego.
me dan miedo mi pueblo y sus hombres
mientras Jesús del Monte se derrumba en silencio.
Una ciudad de espejos y banderas
y su empinada ronda de tenores.
Yo regreso a mis pájaros
al pequeño amarillo que no canta.
Ya no tengo balcón ni noches junto al mar
y otra campana traza mis compases de espera.
Estorbo como estorban los almendros
y en el farol se queman algunas mariposas.
Ciudad y almendro y yo
ay, qué desgracia.


ALGO DE MENOS

Esta tarde yo olía a una ciudad de invierno
a vela derretida, a leños en la estufa.
Esta tarde
todos pasan a echar de menos algo
a consultar mis manos
y en mi reja dejar cosas ajenas.
Quién ha estado esta tarde en el umbral
que me ha puesto tan triste
sin mi golpe de luz
sin mi santa cruzada de polvo y desconcierto
de pan fresco y loción.
Que traspase el zaguán de mi extravío
y me cubra y me ampare
de tanta frialdad
aquel que se ha llevado de mi horno el alma.


HABANERA YO

Soy otra vez muchacha en el invierno
y nadie me regala una gardenia.
Pero al regreso de mis lunas
ahíjo taciturna del fondo de la calle
casi feliz, aletargada
bajo esta piedra roja.
Retozo como un campo de caña florecido
es la herencia adecuada de una mujer despierta
un sueño desprendido del cuerpo que lo ha usado.
Los lirios de Rosita
mis únicos testigos
esperan la lechuza
en el silencio mío del oeste.
Vuelvo en la medianoche de este invierno
acércate a escuchar mi tambor y mi oboe
acércate con riesgo de hechizarme.
Ciudad, ciudad
no mates mi manía de ser bella
de pasearme desnuda y cepillarme el pelo.
Ciudad con pajaritos y cisternas
el probable lugar donde acabó una historia.
Ay, mi ciudad
mi pasto
mi sitio recurrente
a la hora en que duermen las palomas.
Ciudad que has bendecido mis vigilias
arrástrame hacia el mar
sin farolas ni víctimas
con algas en mi pelo
y en tu pelo sal.

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