Aunque esta nota concierne a un análisis del poema de Blanco, vale hacer una acotación antes de comenzar.
Que
Clinton, primero, y después Obama hayan elegido restaurar la tradición
de un poeta inaugural habla de los valores culturales de ambos; y de su
identificación con el optimismo de J.F.K. y su lucha por los derechos
civiles y una sociedad justa. Hay que decir, también, que de todas las
artes mayores, la poesía es la más marginalizada. Desde o Neruda o Frost
—justamente— que no hay una poeta popular. Hoy nadie puede ganarse la
vida como poeta, como ningún alumno en ningún país del mundo es obligado
a memorizar poemas sistemáticamente. Y seguramente casi nadie podría
nombrar cinco poetas vivos importantes de cinco diferentes países junto
con sus obras mayores. Si les parece excesiva esta prueba, consideran
que cualquier niño de 12 años podría contestar fácilmente lo mismo sobre
jugadores de fútbol.
La poesía no es un arte menor. Es un arte de catacumbas.
Por
eso, que el Presidente de los Estados Unidos decida que un poeta
contemporáneo escriba una obra original para su acto de asunción, y la
lea en esa misma celebración, es un dato significativo.
¿Qué hizo Richard Blanco con esta oportunidad? ¿Cómo interpretamos su texto? (
Un Día/One Today, poema en español e inglés).
El
poema de Blanco consiste de nueve estrofas —de entre 5 y 10 líneas
largas— en verso libre. Como dijo el mismo Blanco, su intención fue
hablar de la unidad del país, pensando tanto en su infancia como en la
de Obama. Es decir, de individuos que no necesariamente conformaban la
idea estereotipada de un “Americano” pero que, sin embargo, podían
aspirar a ser parte del “Sueño Americano”.
Blanco es hijo de
padres cubanos. Nació en España y se crió en Miami. Además fue formado
como ingeniero civil y trabajó de eso. Llegó a la poesía tarde en su
vida. Y también, como lo presentan los medios de comunicación de su
país, es el primer poeta en leer en un ceremonia de asunción que es
“abiertamente gay” (¿Como si Frost o Maya Angelou, tal vez, hubieran
estado en el closet?).
Vamos al poema.
La primera estrofa
presenta la imagen del amanecer sobre el territorio de los Estados
Unidos. Es una visión no cósmica, pero sí de una perspectiva muy
elevada. De la luz del sol pasando por sobre el país, de Este a Oeste,
iluminando las montañas y las praderas. Blanco humaniza esta imagen
mostrando el sol sobre los techos de las casas del país.
En la
segunda estrofa profundiza un nivel más. La visión del poema penetra los
techos soleados de la mañana y se imagina las personas dentro de las
casas: “Mi cara, tu cara, millones de caras en los espejos de la
mañana”. Ya aterrizado, el poema sale a las calles. La gente sale a
trabajar, las autopistas llevan su carga de tránsito comercial pero
también civil. Es un país de gente que trabaja y todos valen lo mismo.
En este momento entra la memoria personal del poeta, un recurso que
usará varias veces en lo que resta del poema. Se acuerda de su madre y
sus sacrificios. El está allí gracias a ella. Las generaciones se
superan. Uno se sacrifica para mejorar la vida del que sigue.
En
la tercera estrofa vuelve a la imagen de la luz y, como es de esperar,
comienza algo de propaganda política. Debe ser enormemente difícil
escribirle un poema al presidente de los Estados Unidos. Si te eligió,
inevitablemente es para que le des una voz a su visión. En esta estrofa,
lo que fue un poema paisajístico se vuelve político. Hace referencia a
Martin Luther King y a los 20 niños recientemente asesinados en Newtown
Connecticut.
En la cuarta estrofa vuelve a la idea de unidad, pero
en vez de un sol que nos une, el símbolo unificador es el suelo.
Retrata un paisaje industrial y agrícola alabando la fecundidad de la
tierra que rinde gracias a las manos que la trabajan.
Además de describir lo que hay en el poema, es necesario marcar lo que
no esta.
No están, en esta estrofa, los miles de inmigrantes ilegales que
cosechan las tierras de California, Texas, Florida, y otros estados del
país. (Aunque Obama sí quiere regularizar la situación de los
inmigrantes ilegales). Blanco solo habla de “manos gastadas” que
trabajan. De todas maneras, la figura del inmigrante se presenta en el
padre del poeta “cortando caña / para que mi hermano y yo pudiéramos
tener libros y zapatos”.
En la quinta estrofa se profundiza el
concepto de unidad con la imagen del aliento. Por ahora tenemos: Sol,
Cara, Luz, Suelo y Aliento. Cada estrofa tiene su funcionamiento
simbólico y se encadena con la próxima. El símbolo del aliento de la
quinta estrofa se encarna en el ruido del comercio, nuevamente. El
aliento es tanto nuestro, como de las bocinas de los autos, el ruido del
metro y, en una de las imágenes más simples y bellas del poema, en “el
canto inesperado de un pájaro sobre tu soga de ropa”.
El uso de
Blanco de los pronombres personales es fundamental en el poema y su
construcción. Crea una sensación de unidad íntima enunciando: “yo”, “tu”
y” “nosotros.” Pero nunca dice “ellos”. No hay ni un enemigo, o rival o
vecino en el poema.
Hay un concepto histórico-filosófico en los
Estados Unidos que se llama “American Exceptionalism”. Es decir, el
excepcionalismo americano. Dice que ese país tiene un propósito moral
que es totalmente nuevo en la historia y exclusivo a su país. Según este
concepto, los Estados Unidos tienen el derecho y obligación de
perseguir su destino único, aparte de los demás países del planeta.
Concientemente, o inconcientemente, el poema de Blanco subscribe este
concepto.
La sexta estrofa se aparta de los símbolos de unidad
—las cosas que nos unen a todos más allá de nuestras diferencias— y
resalta las diferencias. La gente se saluda en diferentes idiomas:
“Hello, shalom, bon giorno, howdy, namaste o buenos días”. En un recurso
que ya hemos visto, Blanco justifica su corrección política —o su
cliché, si uno quiere ser cruel— llamando atención a su propia
biografía. Su mamá le decía “Buenos días”. No es que está meramente
versificando. Está hablando de su vida.
En la séptima estrofa,
Blanco vuelve al cielo, a las montañas, a los majestuosos ríos del país y
a sus grandes obras de infraestructura que invocó en las primeas dos.
Una vez más, sin embargo, es necesario en esta crítica nombrar tanto lo
que
no está como lo que sí está. Blanco nombra manos “cociendo
un uniforme”. ¿Es el uniforme de un soldado? Y si lo es, ¿por qué no los
nombra directamente? En especial, todos los soldados estadounidenses
que murieron en la guerra de Irak. Una guerra que ha durado más tiempo
que la Segunda Guerra Mundial. O de los caídos del otro bando, tantos
soldados como civiles.
No aparecen. Sí aparece la construcción del
“Freedom Tower” que reemplazará a las torres gemelas caídas el 11 de
Septiembre del 2001. El esfuerzo del hombre por terminar su
construcción, Blanco escribe, lucha contra la resistencia del cielo
mismo.
En la octava estrofa ese cielo que se rinde a la ambición y
valentía del hombre vuelve a ser un símbolo de nuestra unidad. Todos,
al fin del día de trabajo, miramos al cielo, pensando en nuestros seres
queridos, en el clima, en nuestros padres. Y así también el poema va
cerrando un círculo que comenzó por una mañana y termina en un
atardecer.
En la novena y última estrofa volvemos a casa después
de un día de trabajo. En la distancia todos vemos una nueva
constelación. La nombraremos juntos.
El poema de Blanco es
optimista y feliz. Retrata un clima de orden cívico y de orgullo
patriótico. El subtexto biográfico enfatiza que cualquiera que quiera
esforzarse puede triunfar en el país. Pero reiteramos, en una lectura
detallada resaltan tanto las ausencias como las presencias.
El
poema habla de camiones, de trenes, de ladrillos, de petróleo. Todas
tecnologías del siglo pasado y más allá. Habla de los 20 niños
trágicamente muertos en un absurdo ataque nihilista, pero no menciona
los miles y miles de muertos en las últimas guerras de Irak y
Afganistán. Habla de la tierra y de su cosecha pero no habla de los
trabajadores ilegales que también cosechan esa tierra.
El sol era
el símbolo central de la primera estrofa del poema que abre con el
principio de un día. El símbolo central de la última estrofa es la luna,
ya que el poema cierra en una noche. Pero, tanto para el poema como
para el país, la luna es un símbolo vacío. Entre muchas otras cosas,
J.F.K. enunció el sueño llevar al hombre a la luna. Ese sueño se logró.
Muchas
décadas después, sabemos que todos nosotros vivimos en un planeta en el
centro de un desolador vacío cósmico. Lo único que nos queda es vivir
en paz entre nosotros y tal vez, si somos muy ambiciosos, intentar
explorar nuestro sistema solar.
El poema de Blanco, tanto como la
visión política de Obama (¡y del mundo!) es de un arte menor. No nos da
escalofríos. No nos desafía a soñar a lo grande, todos juntos, buscando
una paz universal, como se lo imaginaba J.F.K. y sus contemporáneos de
los años 60. Ojalá que sea un tiempo de reparación, de un fin de
guerras, de una regulación de la industria y el comercio
autodestructivos, del fin del racismo y el nacionalismo.
En algo hay que soñar.
Tomado de La Revista Ñ Clarin.
POR
Andrés Hax