23 de marzo de 2010

Muere escritora hondureña Amanda Castro


La reconocida escritora hondureña Amanda Castro murió pasado 18 de marzo en Tegucigalpa, a los 48 años, debido a una enfermedad pulmonar, informaron hoy fuentes allegadas a su familia.
Castro, nacida el 12 de octubre de 1962 en Tegucigalpa y maestra de educación primaria y educación media, fue galardonada en 2008 con la "Hoja del Laurel en Oro" por el gobierno hondureño.
Su obra fue reconocida en Honduras y en el exterior, con publicaciones en periódicos y revistas de Centroamérica, Europa y Estados Unidos.
Entre otras obras publicó "Poemas de amor propio y de propio amor", "Celebración de mujeres", "Quizás la sangre", "La otra cara del sol", "Una vez un barco", "Viajes y sueños: reflexiones sobre creación e identidad", "Pronombres de tratamiento en el español hondureño" y "Otros testimonios: voces de mujeres centroamericanas".
En 1993 se hizo merecedora del Primer Premio Poesía en el 56 Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe que se en, Guatemala, con su libro "Celebración de mujeres".
También fue fundadora de la Editorial Ixbalán de Honduras y defensora de los derechos laborales de las mujeres, principalmente de las que trabajan en la industria de maquila (ensambladora


Satinada pantalla de la noche

Frente a esta satinada pantalla
tus labios envuelven mi cuerpo
me palpás completa
te palpo infinita
mar en calma
—la profundidad de mi piel
hundida en la tuya—
el palpitar de tu sangre
fluyendo en mis labios
bestia en celo
ansiosa y desatada

Tus labios
henchido deseo
en mi boca
manantial de lirios florecidos
y sé que te amo
en este desierto infinito de la memoria
alargada por los sueños

Te veo de pie
tras mis hombros
levantando mi pelo
tu aliento escurriéndose
apenas roza mi piel
y dejo caer el peso de mis años
para amarte una vez más

Reís
con la sonrisa de una mujer joven y libre
y nos veo adolescentes
explorando nuestros cuerpos
igual que la primera canción
redondeando la curvatura
de un seno despierto
con el toque y la humedad
de las lenguas
la endurecida punta
para complacer

Y me veo
lamiendo tus labios
prolongándome la vida
y acercándome a la muerte
envuelvo mi lengua con las palabras
que me has dado siempre
y te encuentro sentada en Mi Centro
—que ahora es el Tuyo—
y saboreo la sal de tu angustia
que lo absorbe todo

Con tus gritos tiernos
epitafios de placer
libero tu pelo
ondeando al viento otoñal
de nuestras costas
transparentes y profundas
estoy
apaciblemente tierna
rodeada por tus piernas
—barco por fin anclado—
aflojo de mi pecho
su amargura
—Me entregás todo—

Me elevo por los aires
con los duendes
que despiertan entre mil llagas
mi piel adormecida
el sollozo de mi llanto
placentero y pleno
salpica tus mejillas puras

Mi eterna compañera
te veo en la cocina sonriente
tragándote las gotas
que resbalan de mi frente
de mi pubis
tu lengua recorriendo
el abdomen contraído
de deseo
y subís
y subís
hasta los pechos
tus dientes los dominan dulcemente
y me estremezco una vez más
el sol y el mundo desaparecen
ante mis ojos
—ah!! la nada existencial!—
vivir la vida entera en un segundo
y soy bajo tu piel
la sangre que nos une
en nuestro lecho
y soy bajo tu piel la mujer que había soñado ser
y soy la mujer que ama a otra mujer
y soy tu mujer
y soy por fin quien soy



Extensión de las horas

Has venido a convertirte en todo
Extendiendo mis horas
repaso en mi memoria
tus ojos
relámpagos fugaces
fugitivos
tus manos
universos diminutos
de ternura y miel
la humedad
de tus labios
desatando en mis entrañas
una bestia adormecida
la curva de tu cuello
entre mis manos
trémula
tu olor a nardos y deseo
el eco profundo de tu voz
en despedida

Mi entraña arremetida
contraída
alada en convulsiones
derramándome toda en tu recuerdo
día y noche
con el constante salto
entre la piel y la esperanza
buscando una excusa para llamar
para escuchar tu voz
como granizos en mi espalda
para sentir de nuevo este hoyo
para sentir de nuevo
en tus labios este dolor
que atormenta mis pasiones
y mis sueños



Under the skin



I’ve got you under my skin
I have got you so deep in my heart
that you’re all ready a part of me.
Diana Krall


Escribo
para vos
estos poemas
de amor
entre mujeres
abrazando
de una vez
mi existencia
y el poderoso cordón
que enlaza nuestros vientres
en la noche
a oscuras
en el silencio
de esta soledad que habito
Porque sólo palabras
puedo darte
—son lo único esencialmente mío—
porque sólo narrando
tu historia
se teje con la mía
en la noche
a oscuras
Porque sólo las palabras
me permiten acariciar tu pelo
a la distancia
y en la memoria
porque sólo deslizando mis manos
sobre las teclas tenues
puedo sentirte
igual que a una canción
al interior de mis sentidos
porque sólo las palabras
pueden hablar de este compás
que marcan tus caderas
en mi pubis
Sólo las palabras
me permiten recorrerte entera
en un verso
en la noche y a oscuras



Primitivo amor

Primitivo es este deseo
de acercarme a tus labios
nuevamente
y morder tiernamente
tu cuello
sin llegar a lastimarte

Primitivo es este eco
que se agolpa entre nosotras
cada instante
recorriendo nuestras fuentes
como esferas de colores
—kundalini estremecido—

Primitiva es esta voz
que me despierta
el roce de tu piel
y una caricia prometida

Primitivo es este líquido
que derramo
sobre papeles blancos
como la sangre intensa
acumulada en el deseo
doloroso de mis labios

Primitivo
es este amor
que te propongo

22 de marzo de 2010

Adios Amanda












"acabo de enterarme del fallecimiento de Amanda, la más contundente poeta que haya conocido. Estoy muy tristea"- Maya Cu


BREVE NOTA BIOGRÁFICA DE LA POETA
Amanda Castro, promotora y activista de los derechos y la creación de las mujeres, nació en Tegucigalpa, Honduras, el 21 de octubre de 1962, falleció en Tegucigalpa, el 19 de marzo de 2010. Ha publicado, entre otros, Poemas de amor propio y de propio amor (1993); Celebración de mujeres (1996), Onironautas (2001), Una vez un barco (2004).

Compiló en una antología la poesía escrita por mujeres hondureñas contemporáneas. Doctora en filosofía por la Universidad de Pittsburg, es fundadora de Ixbalam Editores (http://www.ixbalameditores.org/) y del Proyecto Siguapate (http://proyectosiguapate.blogspot.com).

No lloren por mí

Cuando el velero blanca de mi calmada paz y la melancolía se aleje del
puerto con camino infinito y sin retorno/ no lloren por mí/ que la
muerte me ha dado el descanso y con sus tiernos brazos me muestra el
camino de la luz hacia la aura/ que la muerte me lleva consigo a
conocer los secretos fantasmas de sueños insomnes que tanto dolor
provocaron en vida/ que no llore mi madre/ porque con nuestros muertos
estoy de regreso desnuda y contenta de la mano del hombre que decidió
ser mi padre y su amor/ que los abuelos me aguardan para contarme los
cuentos de antaño que no pude escribir/ que no llore mi hermano/
porque él me vio en la montaña perderme en la lluvia buscando un
camino que llevaba al mar/ que recuerde mi risa confundida/ entre los
granitos de arena que cantaban los niños/ de nuestro viaje río arriba
descubriendo el amor/ que no lloren mis niñas/ tres hebras de la misma
madeja que hilvanan el cielo y el mar/ el viejito lleno de amor que no
llore nunca/ porque voy contenta/ que no llore mi amante compañera
tierna/ mi bastón/ mi mano mi pluma cuando no he podido escribir/ mi
amor cuando no he podido amar/ mi vida cuando no he podido vivir/ que
no lloren mis amigos/ porque ellos ya conocen de mis amores con la
muerte y no les sorprende el dolor/ que recuerden mis versos y que
beban lo que no pude/ cuando apenas y se distingan mis cenizas entre
las aguas o el viento de un templo en Copán/ que no llore nadie/ que
quemen incienzo alzando las copas/ que me voy contenta para Xibalbá/
que no llore nadie/


http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Amanda_Castro/Poesia.html



15 de marzo de 2010

Murió El Escritor Miguel Delibes


El escritor Miguel Delibes ha entrado ya en el lugar de los escogidos, después del funeral oficiado este mediodía en la catedral de Valladolid, su posterior incineración y el depósito de las cenizas en el Panteón de Vallisoletanos Ilustres de la ciudad, donde descansa ya, junto los escritores José Zorrilla y Rosa Chacel y el bailarín Vicente Escudero. Para respetar su deseo de descansar junto a su esposa, Ángeles de Castro, los restos de su mujer -fallecida en 1974 a los 50 años- serán también trasladados con él.

Allí se encuentran también los restos del investigador Pío del Rio Hortega, discípulo de Ramón y Cajal; del pensador Ricardo Macías Picavea y del poeta realista Emilio Ferrari, entre otras personalidades.

La capilla ardiente de Miguel Delibes, que falleció el viernes a los 89 años, se reabrió al público a las 10,30 horas de hoy después de que el viernes pasaran por ella cerca de 15.000 personas en diez horas.

Una hora más tarde, el féretro fue conducido a pie desde la Casa Consistorial, en donde estaba instalada la capilla ardiente, hasta la Catedral metropolitana.

Las tribunas instaladas en la plaza Mayor con motivo de la próxima celebración de la Semana Santa estaban abarrotadas de ciudadanos, al igual que la explanada de la plaza. Todos querían dar con aplausos su último adios a quien ha sido uno de los vecinos más ilustres de la capital vallisoletana, la misma en la que nació, vivió y murió.

Una vez que el féretro fue depositado en el coche fúnebre los nietos emocionados se fundieron en un profundo abrazo mientras que los miles de asistentes aplaudieron durante más de un minuto a Miguel Delibes, tras lo cual guardaron un minuto de silencio para, posteriormente, seguir aplaudiendo.

15.000 personas pasaron por la capilla ardiente para despedir al querido escritor

El recorrido hasta el templo contó con la presencia de cientos de ciudadanos entre los que estaban la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, además de diversos representantes políticos como Tomás Burgos, Miguel Ángel Cortés, Ana Tormes o Emilio Álvarez. También quisieron expresar personalmente sus condolencias personajes de la cultura como el vicedirector de la RAE, Jose Antonio Pascual, las actrices vallisoletanas Concha Velasco y Lola Herrera; la actriz María Fernanda D'Ocon; los escritores Gustavo Martín Garzo y Joaquín Díaz; el director teatral Fernando Urdiales, el poeta Antonio Colinas o el cantautor Amancio Prada.

Precisamente, durante el recorrido, controlado por un fuerte dispositivo policial, Germán Delibes, uno de los hijos del autor de obras como 'Los santos inocentes' o 'El hereje', agradeció las muestras de cariño de los asistentes.

El paso del cortejo fúnebre era recibido con aplausos por los cientos de ciudadanos que se agolparon en las inmediaciones de la Catedral Metropolitana una hora antes de que comenzara el funeral.

El acceso a la Catedral por la puerta principal era prácticamente imposible pues fueron muchos los vallisoletanos que querían despedir a uno de sus escritores más ilustres, junto a José Zorrilla o Rosa Chacel.

Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando el cortejo llegó a la puerta de la Catedral y el féretro con los restos del maestro descendían del coche fúnebre, mientras que los cientos de ciudadanos que se encontraban en el interior del templo se ponían en pie para recibir a Don Miguel y a sus familiares.

Una veintena de curas recibió el féretro de Miguel Delibes que quedó depositado a los pies del altar Mayor de la Catedral custodiado por dos guardias municipales vestidos de gala, mientras que a sus pies se depositaron parte del centenar de coronas y ramos que en estos dos días han llegado al Consistorio, ya que era imposible trasladar todas ellas hasta la ceremonia. Allí se celebró un funeral de cuerpo presente, oficiado por el administrador apostólico de Valladolid, Féliz López Zarzuelo, que destacó el compromiso humano y cristiano del fallecido.

Para respetar el deseo del escritor de descansar junto a su esposa, Ángeles de Castro, los restos de su mujer -fallecida en 1974 a los 50 años- serán trasladados al Panteón de Hombres Ilustres, donde se depositarán las cenizas del Premio Cervantes.


Fuente. www.elmundo.es

2 de febrero de 2010

Perdimos a Tomás Eloy Martínez




“La muerte es un alto hacia la sabiduría”

El deceso del gran escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez conmueve al mundo cultural iberoamericano.

“A medida que se madura, como la muerte es un hecho inevitable, se le pierde todo el miedo”, le dijo Tomás Eloy Martínez a El Espectador el año pasado.
“Es algo muy personal, pero seguiré dando la batalla hasta que las fuerzas me lo permitan”
“Más que miedo a la muerte es un alto hacia la sabiduría, que lo haya conseguido no lo sé”.

A pesar de los efectos de la quimioterapia, estaba feliz porque había logrado algo que los médicos le habían advertido como “no recomendable”: dedicar un año a terminar la novela que le faltaba escribir sobre el amor de dos cartógrafos en la época de la dictadura. Y lo logró, más que en un acto de la disciplina que siempre lo caracterizó, en un arrojo de valentía. Para él fue tan tortuoso a nivel físico, aunque tan “reconfortante a nivel espiritual”, ponerle punto final a Purgatorio que la melancolía propia se funde en la novela con la de los personajes: “Enfermé de gravedad y aún no sé cómo hicieron los médicos para mantenerme vivo… la muerte me fue a buscar… llevaba escritas unas ochenta páginas cuando la enfermedad me derribó”.

Se sobrepuso y en algún momento sintió que podía superar la enfermedad. ¿Cómo sigue maestro? “Sólo te digo que la salud va bien, que los médicos me están devolviendo la salud. La energía que tengo no es la misma que ustedes me conocieron en Bogotá y Cartagena. Sobrellevo muy bien mis dificultades. No estoy absolutamente recuperado, pero sí lo más recuperado que puedo estar”.

Quería volver a Nueva York, su segundo hogar después de Buenos Aires. En New Jersey, durante los últimos 20 años lideró los programas latinoamericanos de la Universidad de Rutgers. Allí acogieron al escritor exiliado a finales de los años 70, luego de aparecer en la primera lista de condenados a muerte de la dictadura argentina.

Me valgo de la primera persona para dar testimonio de la dimensión humana y profesional del personaje que murió el domingo. Centenares de periodistas latinoamericanos fuimos sus alumnos, sea porque tuvimos el privilegio de asistir a sus cursos en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena (FNPI) y en las salas de redacción en Bogotá, o porque sus discursos y memorias tienen la capacidad de tocar el alma de quien se acerca a ellos.

Enseñaba y aconsejaba con una sabiduría y dulzura sólo comparables con las de Gabriel García Márquez, su gran amigo y cómplice en el periodismo y en la literatura. Para ellos está reservado el título de maestros. Con el Nobel y con Carlos Fuentes se reencontró por última vez a finales de 2008, en Ciudad de México. Ellos fueron los primeros en leer Purgatorio; celebraron, recordaron los tiempos del boom, de cuando casi tuercen su destino literario por el sueño frustrado de fundar un periódico que se iba a llamar El Otro, listo para editarse en Caracas y cerrado antes de que Tomás Eloy asumiera como editor general. Gracias a esa desilusión Gabo se concentró en terminar El amor en los tiempos del cólera y Tomás Eloy entendió que también debía dedicarse de lleno a la literatura sin abandonar sus amores furtivos con el periodismo.

Siempre seremos sus alumnos en la obligación, en el intento diario de “no traicionar la palabra escrita, ni tu nombre ni la profesión”, como me lo recordó hasta la última vez que hablamos sobre dos tareas que me había encomendado: hacerle un reportaje a Guillermo Sánchez Trujillo, el colombiano que dedicó media vida a descubrir la sorprendente influencia de Dovstoievski sobre Kafka y cómo las obras del checo son la “paraliteratura” del ruso —descubrimiento que registró en un aparte de Purgatorio—, y rendirle un homenaje a Capote por los 30 años de Música para camaleones, uno de los libros de cabecera de Tomás Eloy y de cualquier periodista.

Si alguien cumplió a cabalidad aquel lema de Capote de la autoflagelación con el “látigo” de la escritura fue el argentino. Hasta que sus manos y su mente se lo permitieron, escribió y reescribió. Su última novela sobre el mito griego del Olimpo quedó inconclusa. Así la había anunciado en entrevista con este diario : “Quiero escribirla en tres fases: el Olimpo de los dioses griegos, el de los nazis y el Olimpo argentino, que es un campo de concentración en el cual un grupo de guardianes, ungiéndose a sí mismos dioses, tratan de recrear el Olimpo griego”.

Su hijo Ezequiel, quien dirige en el diario Clarín la revista literaria Ñ y quien tuvo que asistir por él a varios de los homenajes que le rindieron durante el año pasado, cuenta que dejó dos capítulos terminados. “Luchó mucho, aferrándose a su trabajo. Por más que ya tenía poca movilidad y no podía hablar bien, pedía todos los días sentarse frente a su computador a trabajar”. De ello también da fe su asistente Marina Slaimen.

Lamento de García Márquez y Fuentes

El lunes, en Cartagena, lo lloraron en la casa de García Márquez. El escritor español Juan Cruz, invitado al Hay Festival, llamó desde allí a la familia Martínez para participarle el dolor del Nobel y del consejo rector de la fundación que él ayudó a construir. En su página www.fnpi.org le rendirán homenaje permanente: “Nos unimos al dolor de sus familiares y amigos, convencidos del gran aporte que Tomás Eloy significó para inculcar en las nuevas generaciones la imperante necesidad de ejercer un periodismo narrado con pasión, con fuertes valores éticos y con profunda vocación de servicio”.

Desde México el escritor Carlos Fuentes lamentó “que no se haya reconocido y premiado lo suficiente” a Tomás Eloy. “Merecía el Cervantes por una gran obra novelística, su mirada hacia el pasado trágico de la política argentina con su prosa diáfana, enérgica y maravillosa”.

El año pasado le otorgaron en España el Premio Ortega y Gasset, reconocimiento a cuatro décadas de trabajo por el periodismo iberoamericano. Seguramente la FNPI recopilará su obra y sus enseñanzas como ya lo hizo con Ryszard Kapuscinski, seguramente Alfaguara reeditará sus obras por ser uno de los pocos escritores, incluido el Nobel Saramago, a los que le dedicó la edición de todas las obras en formato de biblioteca.

“Tomás Eloy Martínez afirma su lugar entre los mejores escritores de América Latina”, escribió uno de los críticos literarios de The New York Times luego de leer Purgatorio. Pero me atrevo a decir que igual o más valiosas son sus novelas sobre el peronismo, en especial Santa Evita. La realidad histórica trascendiendo como ficción. El rigor periodístico y la denuncia, puestos al servicio de la imaginación. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, valoró ayer la obra de Tomás Eloy como “una de las referencias fundamentales de la cultura en lengua española del último medio siglo”.

Inolvidable. Nadie como él más consciente de la transformación del periodismo a causa del torbellino informativo de internet, nadie más seguro de que sea cual sea la herramienta de comunicación, la palabra bien escrita, escogida para un lector pensante, siempre tendrá un lugar único como testimonio de la humanidad.

Tomás Eloy Martínez tenía 75 años y sabía que sus luces tendían a declinar. Entonces acudía a una cita de Faulkner en una entrevista a The Paris Review, que mantenía a la mano: “El artista es responsable sólo ante su obra. Si es un buen artista, será completamente despiadado. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Mientras no se libra no tiene paz. Arroja todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir su libro”. A esas palabras sumo las suyas, con las que no dejó de cuestionarse sobre su vida y obra: “En el horizonte de la historia, los hombres terminan por ser su obra antes que ellos mismos”.

Una obra de largo aliento

Tomás Eloy Martínez (1934) es el autor de ‘La novela de Perón’, de ‘Santa Evita’, de ‘El vuelo de la reina’, que ganó en España el Premio Alfaguara de Novela. Fue nominado al Internacional Man Booker, un premio bianual que reconoce la obra total de un escritor. Sus libros han sido traducidos a 36 idiomas. Su primera novela fue ‘Sagrado’ (1968) y se destacan ‘La mano del amo’ (1991; Alfaguara, 2003), los relatos de ‘Lugar común la muerte’ (1979), ‘La pasión según Trelew’ (1974), relato periodístico cuya tercera edición fue quemada en Córdoba por la dictadura militar, y los ensayos de ‘El sueño argentino’ (1999). ‘Réquiem por un país perdido’ (2003), ensayos y crónicas periodísticas escritas en los últimos 15 años; ‘Las vidas del general’ (2004), memorias del exilio y otros textos sobre Juan Domingo Perón; ‘El cantor de tango’ (2004), novela en la que un estudiante norteamericano llega a Buenos Aires en búsqueda de una voz, incluso mejor que la de Carlos Gardel; ‘El Suelo Argentino’ (1999) y ‘Ficciones verdaderas’ (2000). Era colaborador de ‘La Nación’ de Buenos Aires, ‘El País’ y ‘The New York Times’, cuya columna reproducía en Colombia El Espectador, la última publicada el domingo, sobre “Los desafíos de la cultura narco”. Hoy será velado en el Parque Memorial de Buenos Aires, antes de que sus restos sean cremados.

  • Nelson Fredy Padilla | EL ESPECTADOR


31 de enero de 2010

CINCO POETAS DE HAITI






Versos de René Depestre

Hegel en el Caribe

Papá Hegel es savia soberana
en el olmo de la filosofía:
sus germanas palabras de filósofo
aún viajan triunfales
en torno a los seres, a las aves
y a las cosas bellas de la vida,
mientras su faro sigue ciego
al naufragio de los Negros del mar Caribe.
¿Acaso por esto el mar
es un poeta trágico?
Papá Hegel se sabe de memoria
como su pupitre, la dialéctica
del ser y parecer en sociedad
de plantación: amo y esclavo
colono/indígena
santo cristiano/loa vudú
francés/criollo
blanco/negro/mulato
no obstante sus palabras forman sombras en torno
a los problemas de la máscara y la verdad.
¿Acaso por esto mi vida
no es escalera de cristal?
Papá Hegel tiene fuertes manos videntes
de carpintero para alumbrar a giorno
leyes y secretos de la gran historia
de las humanidades, mas no tiene ojos de hermano
para las venas que corren, alocadas,
desoladas, por el bosque de la desdicha negra.
¿Acaso por esto, mi negra,
comemos y bailamos en la cocina
cuando es noche de fiesta en Occidente?



El neumático incendiado
A Laënnec Hurbon
A Hans Christophe Buch

¿Conocéis la receta del tío Lebrun?
buen solomillo de haitiano a la plancha,
entrecot con patatas de nigromantes,
ola de historia humana azulona
de tanto sangrar en leña de infamias.
Haitiano-bistec viviendo el infierno
en un tercio de isla donde circula el destino
lejos de los convidados a la comedia,
sometidos los músculos, subastados en el templo
de los mercaderes negros y blancos de la globalización.
¡En el país primer productor mundial
de desdichas y de zombis,
voto en contra el neumático incendiado,
en contra del espacio y del tiempo locos
que nos hace la llama del tito Lebrun!
Yo voto por Toussaint Louverture
en contra del eterno retorno del látigo a mi lomo.
Salgo huyendo del viejo
orden gemelo bárbaro/civilizado;
a todo correr dejo para siempre
la casa en llamas de las barbaries:
soy un matinal volver a empezar,
mi carnaval madruga para ir
a-votar-al-sol-de-un-arte-de-vivir-juntos.



Omisión de socorro a poetas en peligro

La ternura de los poetas viaja
en ballena azul alrededor del mundo:
ayudadnos a salvar esta especie
en vías de extinción.



El Caos haitiano
A Yvonne Bador

Abierta está una desdicha-tigre
entre la vida y yo: ¿puede uno
dominar el caos haitiano de sus días?
¿puede uno contener en sus venas de nómada
el flujo existencial de tiempos de soledad?
todo el ultramundo mundial de nocturna desolación
sigue ofreciendo brazos de mar que cruzar.
Un mal-estar no interrupto se enrosca sin fin
en adiós de ternura al golfo de Jacmel.
Uno puede pasar su vida de poeta vencido
exiliado en los siete días de la semana.
Teniendo ante mí los años contados,
soy el caballo sudoroso de mis raíces.



Intemperies 99
A Pierre Tournier

Más allá de las viñas naufragadas
más allá de las casas reventadas
y de los sueños esfumados,
más allá de los ojos que todo lo perdieron,
más allá de las vidas que la lluvia humilló,
en la herida más viva del espíritu
la cicatriz va haciendo su obra de ternura:
los inocentes pájaros aprenden a cantar
de nuevo en el silencio de las gentes.
Lézignan-Corbières,
noviembre 1999



Ralentizar, obras nocturnas en la bahía de Nueva York

La casa propia haitiana y la casa ajena,
americana y potente, juntas alumbran
mi travesía de la rosa fervorosa de los vientos.
La barbarie de los tiempos ya no me espanta.
La libertad, estrecha en su jaula de hierro,
baja a prestar su sortilegio a la noche en vela
del poeta que trabaja en la bahía de Nueva York.
La estatua neoyorquina es huésped conmovida
de mis manos de alfarero: alegre y grave
bajo mis caricias de animal marino, el hada
de la pasta se abre a mi periscopio maravillado.
Mi cabeza detectora sitia su cuerpo de sirena:
metal caliente bajo el júbilo de mi honda,
eje húmedo y tierno, entre risas mudamos
la piel en la puerta donde renace la libertad.



Mitos esfumados
A Henri Bangou

Mis viajes de alegre nómada antillano
me condujeron hasta mi abismo natal:
amo su espacio y su tiempo marinos en duelo,
su vida hecha añicos sobre mi desierto.
Lejos de mi infancia maravillada en Jacmel
mis rebeldías de loa de la poesía
son en mis viejos días estrellas muertas.
La ternura de la leche ha dejado de subir
a los pechitos de las hadas de mi generación.
En un muelle expuesto a los tsunamis de la tarde
mi odisea cabe en un pañuelo remendado
que agita todo un país que se esfuma.
Aquí está, presa de su autodestrucción,
vive a temperatura de su suicidio,
en mi corazón todo su azul sin norte
en torno a mis ensueños de poeta en pedazos.
¡Ay, perdiz mía, siempre en rumbo fijo hacia
un ultrasufrimiento demente del sufrir!
¡Ay, dulce loa de la paz y las armonías,
concede a mi poema su última gira
en esta hora del naufragar donde el ocaso haitiano
enciende su quinqué en mi frente desolada.



Ceremonia de los adioses
A Sophanna y Miguel Igout

He aquí su vida llevada por el flujo magnético
que regula sus días y sus viajes de poeta;
un trote de burro en camino de cabras
un vuelo espiral de aeroplano sobre
el viejo cementerio marino de infancias
un tratado de erotismo chino justo antes
de irse en los gritos de amor de las mujeres,
de la campana basilical al carillón
vaciado en el metal en fusión de la mujer.
El porvenir pereció en la frente del viajero.
El horizonte se fue, quedó solo en el mundo:
¿qué tiempo de esperanza hará en el país natal?
Un radiante otoño de sabiduría responde
al espíritu protegido contra la morriña.
Muy de mañana corre a lomos de rucio
por tortas de yuca y leche del recuerdo.
Con el cuerpo cerrado a utopías de presa toma
la senda de la vida donde todo se envida.
Un gran jardín de ensueño aporta a sus trabajos
el embeleso de un perpetuo mes de junio.
Es memoria de la vida y de la muerte.
Es el acmé adulto culmen de la madurez.
En la tarde del retorno al polvo
la poesía de un eterno sol del membrillo
abre sus exequias al adiós de las mujeres.
Brillará su sol largo tiempo en sus cenizas.
Retorna al limo loco del bien y del mal:
a su vez se extingue en el lecho de tinieblas
sobre sus islotes de sombra cae sin piedad la noche.



Epitafio

Cuando vuelva su canto al polvo
de los caminos, plántenle un jardín
con frutas mañaneras de un abril imposible.


Poemas traducidos por el equipo de traducción dirigido por los profesores Joëlle Guatelli-Tedeschi y Adoración Elvira Rodríguez y cedidos para su publicación en El Cultural por la Fundación Sinsonte


Versos de Jacques Roumain

áfrica he guardado tu recuerdo áfrica
estás en mí
como la astilla en la herida
como un fetiche tutelar en medio de la aldea
Haz de mí la piedra de tu honda
de mi boca los labios de tu llaga
de mis rodillas las columnas rotas
de tu humillación
Sin embargo
no quiero ser más que de vuestra raza
obreros campesinos de todos los países...
obrero blanco de Detroit peón negro de Alabama
pueblo innumerable de las galeras capitalistas
el destino nos yergue hombro con hombro
y renegando del antiguo maleficio
de los tabúes de la sangre
pisamos los escombros de nuestras soledades
Si el torrente es frontera
arrancaremos al declive su cabellera irrestañable
Si la sierra es frontera
romperemos la mandíbula de los volcanes
que refuerzan las Cordilleras
y la llanura será la explanada de la aurora
donde reunir nuestras fuerzas descuartizadas
por la astucia de nuestros amos
Como la contradicción de los rasgos
se resuelve en la armonía del rostro
proclamamos la unidad del sufrimiento
y de la rebelión
de todos los pueblos en toda la superficie de la
tierra
y mezclamos el cemento de los tiempos
fraternales
en el polvo de los ídolos.

De Bois d'ébéne (1944; edición póstuma)- Versión en español: José M. Valverde. Jacques Roumain nació en Puerto Príncipe en 1907. Fue asesinado en plena lucha política en 1944. Sus obras consideradas maestras, como Bois d'ébéne y Gouverneurs de la rosée, se editaron poco después de su muerte y revelan instancias sensibles de la historia y la cultura hatianas.


Versos de Felix Morisseau Leroy

Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

Felix Morisseau Leroy nació en el pueblo de Jacmel en 1912. Algunos críticos lo señalan como una de las más destacadas voces de la historia de la poesía de Haití. Su libro Dakout, al que pertenece este poema, data de 1952. Escribe en créole y es un defensor de la literatura en esa lengua.


Versos de Anthony Phelps

Pero dónde pero dónde
adónde se va a retumbar la tormenta
Pero dónde pero dónde
adónde se va a aullar el viento
viento revocador tumbador de estrellas
Había una vez una Ciudad
Había una vez un País
Cuando la boca como luna soñadora
esconde la cara bajo las palabras
Cuando la vida en ropas de Príncipe
voltea la espalda a la ventana
hasta el sol
hasta el sol está desnudo
Había una vez un País
Había una vez una Ciudad
Pero dónde pero dónde
Pero dónde
Mi memoria tiene tanto dolor
de garganta


De Méme le soleil est nu (1983)- Versión en español: Lazlo Moussong. Antonhy Phelps nació en Puerto Príncipe en 1928. Vivió durante muchos años fuera de su país. Fue cofundador del grupo poético Haití Littéraire en 1962, que marcó un hito en las letras de su país. Destaca también su obra Méme le soleil est nu.


Versos de Jacques Viau

Nada permanece tanto como el llanto VII

Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Nada permanece tanto como el llanto (18 poemas) escrito en español. Jacques Viau nació en Puerto Príncipe en 1942. Perteneció a una familia de perseguidos políticos, que se refugiaron en Santo Domingo. Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no había cumplido sus 23 años. El poeta haitiano René Depestre destacó "la alta facultad de radiación de su palabra".

©escultural.es

29 de enero de 2010

Escritores de Haiti




Jacques Roumain (Puerto Príncipe, 1907-1944). Estudió en Puerto Príncipe y se formó en Bélgica, Suiza, Francia, Alemania y España. A los 20 años regresó a Haití y se destacó en la lucha contra la ocupación estadounidense. En 1934 fundó el Partido Comunista Haitiano. Fue arrestado y obligado a exiliarse. Regresó en los 40 y en 1943 acabó las dos obras que le consagraron como escritor, el poemario Bois D'ébène y la novela Gouverneurs de la Rosée. Considerado el autor fundacional de las Letras haitianas, murió a los 37 años.

Jacques Stephen Alexis (Gonaïves, 1922-1961). Estudió Medicina en París, viajó por toda Europa y vivió varios años en Cuba. En 1955 Gallimard publicó su novela Compère Général Soleil (1955), a la que siguieron Les Arbres Musiciens (1957), L'Espace d'un Cillement (1959), y una colección de relatos titulada Romancero aux Etoiles (1960). Activista político y social, se exilió en 1960 durante la dictadura de Duvalier para regresar en 1961. Apresado de inmediato por los Tontons Macoutes, fue torturado y desapareció sin dejar rastro.

René Depestre (Jacmel, 1926), el patriarca de las letras haitianas, su vida está marcada por el exilio en Suramérica y Europa. Fue un precoz creador que ya a los 19 años publicó su primera colección de poemas, étincelles, (1945), a la que seguiría Gerbe de sang (1946), Minerai noir (1956) y Hadriana dans tous mes rêves (1988, premio Renaudot), traducida al español como Hadriana en todos mis sueños (Albir, 1990), así como los poemas eróticos reunidos en Eros en un tren chino (Barataria, 2002).

George Anglade (Puerto Príncipe, 1944), uno de los más prestigiosos intelectuales haitianos, sociólogo, geógrafo y escritor. Fue ministro y asesor de los presidentes haitianos Aristide y Preval. De entre sus obras literarias destacan Les blancs de mémoire, Leurs jupons dépassent y Et si Haîti déclarait la guerra aux USA?. Falleció el pasado 12 de enero, a los 65 años, sepultado junto a su esposa Mireille en el terremoto que arrasó el país.

Dany Laferrière (Puerto Príncipe 1953) vive exiliado en Canadá desde 1976, donde trabaja como periodista en prensa y televisión. Laferrière publicó su primera novela, Comment faire l'amour avec un nègre sans se fatiguer, en 1985, y su éxito fue tal que de inmediato se adaptó a la escena y la gran pantalla. Desde entonces no ha dejado de publicar obteniendo el reconocimiento de crítica y público, así como numerosos premios como el Carbet des Lycéens (2000) o el RFO du Livre (2002) por Cette Grenade. En 2009 ganó el Médicis por L'énigme du retour, en donde narra su regreso a Haiti, 33 años después de abandonar la isla.


Frankeétienne (Ravine-Sèche, 1936), novelista, poeta, dramaturgo, músico y pintor, es también el fundador del movimiento Spiraliste. Escribe tanto en francés como en criollo haitinao y, como pintor, es célebre por sus obras abstractas. Galardonado con el Grand Prix du livre insulaire d'Ouessant, en 2005, el Union Latine de Littératures Romanes (2006), en 2009 fue candidato al Nobel. Autor de una treintena de obras, vale la pena destacar el poemario Au Fil du Temps; y las novelas Ultravocal Dézafi; Mûr à Crever y Les Affres d'un Défi.


Mimi Barthélémy (Puerto Príncipe, 1939). Fundadora de la Compagnie Timoun Fou, orientada a los niños, esta narradora, cantante y actriz ha escrito una treintena de libros como Vieux Caïman (2003) o Crapaud et la clef des eaux (2007). Actualmente vive en París, donde trabaja en la recuperación de las tradiciones haitianas.


Jean Métellus (Jacmel, 1957), neurolingüista y escritor, llamó la atención de Malraux con su primer poemario, Au pipirite (1978). En su novela más conocida, La Famille Vortex (1982), ofrece un retrato detallado de la historia de Haití. Otras novelas destacadas son La Parole prisonnière (1986), La Vie en partage (2000), y Voix nègres, voix rebelles, voix fraternelles (2007)


Lyonel Trouillot (Puerto Príncipe, 1956). Colaboró desde su juventud en diversas revistas literarias de la isla, y hoy es profesor de literatura. Entre sus poemarios destacan Les Fous de Saint-Antoine: traversée rythmique (1989); Rue des pas perdus (1996); Thérèse en mille morceaux (2000) o L'Amour avant que j'oublie (2007).


Kettly Mars (Puerto Príncipe, 1958). De formación clásica, es una de las poetas más destacadas de Haití gracias a libros como Feu de miel (1997) o Feulements et sanglots (2001), en los que combina paciencia y fluidez, erotismo y pasión.

Farah-Martine Lhérisson (Puerto Príncipe, 1979), la más joven de las poetas actuales, ha irrumpido en el panorama literario del Caribe con un poemario titulado Itinéraire zero (1995), del que la crítica ha escrito que “en la textura de los más hermosos versos bullen los sollozos que destrozan el sueño” al tiempo que destaca su automatismo colmado de recuerdos, de sueños y de flores con cabeza de golondrina.

®elmundo.es

25 de enero de 2010





Bocas del tiempo

(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano


El puerto

La abuela Raquel estaba ciega cuando murió. Pero tiempo después, en el sueño de Helena, la abuela veía.

En el sueño, la abuela no tenía un montón de años, ni era un puñado de cansados huesitos: ella era nueva, era una niña de cuatro años que estaba culminando la travesía de la mar desde la remota Besarabia, una emigrante entre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela pedía a Helena que la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quería ver el puerto de Buenos Aires.

Y así, en el sueño, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega veía el puerto del país desconocido donde iba a vivir toda su vida.

El vuelo de los años

Cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje hacia el sur, desde las tierras frías de la América del Norte.

Un río fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas, va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Las mariposas vuelan sobre montañas y praderas y playas y ciudades y desiertos.

Pesan poco más que el aire. Durante los cuatro mil quilómetros de travesía, unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias; pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centro de México.

Allí descubren ese reino jamás visto, que desde lejos las llamaba.

Para volar han nacido: para volar este vuelo. Después, regresan a casa. Y allá en el norte, mueren.

Al año siguiente, cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje…

Los emigrantes, ahora

Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.

No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.

En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.

Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente.

Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.

Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar.

Sebastião Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes. Y las trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

La historia que pudo ser

Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.

A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.

Pedro de Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar en Chile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.

Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración.

La trama del tiempo

Tenía cinco años cuando se fue.

Creció en otro país, habló otra lengua.

Cuando regresó, ya había vivido mucha vida.

Felisa Ortega llegó a la ciudad de Bilbao, subió a lo alto del monte Artxanda y anduvo el camino, que no había olvidado, hacia la casa que había sido su casa.

Todo le parecía pequeño, encogido por los años; y le daba vergüenza que los vecinos escucharan los golpes de tambor que le sacudían el pecho.

No encontró su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa de la cocina donde su madre, que le leía cuentos, había cortado de un tijeretazo al lobo que la hacía llorar. Tampoco encontró el balcón, desde donde había visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.

Al rato, los vecinos se animaron a decírselo: no, esta casa no era su casa. Su casa había sido aniquilada. Ésta que ella estaba viendo se había construido sobre las ruinas.

Entonces, alguien apareció, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:

—Soy Elena.

Se gastaron abrazándose.

Mucho habían corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.

Y dijo Elena:

—Tengo algo para ti.

Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.

Felisa la reconoció. Su madre ofrecía, en esa fuente, las galletitas de avellanas que hacía para todos.

Elena la había encontrado, intacta, entre los escombros, y se la había guardado durante cincuenta y ocho años.

El pie

Muchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon a luchar por la república española, bajo tierra española quedaron.

Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivió.

Un balazo le había arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro pie caminando, regresó a su país.

España fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pie andariego, Abe no paró.

A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las cárceles, no paró. Un pie no podía, pero el otro pie quería y seguía. Un pie le decía: aquí me quedo, pero el otro decidía: ahí te llevo. Y una y otra vez ese pie, el andante, volvía al camino, porque el camino es el destino.

Y ese pie cargaba con Abe a través de los Estados Unidos, de punta a punta, de mar a mar, y lo metía en líos, un lío tras otro, contra la cacería de brujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregación racial y la pena de muerte y el golpe de estado en Irán y el crimen de Guatemala y la carnicería de Vietnam y el baño de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y el bloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y la invasión de Panamá y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganistán y otra vez Irak y.

Abe ya tenía noventa años y seguía siendo un caminante, cuando su amigo Tony Geist le preguntó, por preguntar nomás, cómo andaba. El alzó su cabeza de león de melena blanca y sonrió, de oreja a oreja:

—Aquí ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.

El camino de Jesús

Clavado de una sola mano, Jesús de Nazaret colgaba de los restos de una pared quemada. El otro Jesús, el de Cambre, colgaba de un andamio.

Jesús Babío, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro albañil, maestro carpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hacía bien todo lo que hacía, pero él había andado mundo y bien sabía que no había en el mundo quien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la mística, un arte español. Y a blasfemazo limpio estaba Jesús, el de Cambre, reconstruyendo la iglesia de Santa María de Vigo, que había sido incendiada por los rojos en los años de la guerra, mientras Jesús, el de Nazaret, negro de tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:

—Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en sus llagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo parió.

De vez en cuando, Angel Vázquez de la Cruz se metía, de a caballo, en la iglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba alguna cuña de madera, Jesús le contaba, entre blasfemia y blasfemia, alguna historia de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante había trabajado en Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Cataluña.

Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo señalaba el ventanal, invadido por los pájaros, y más allá señalaba el sendero del bosque de Cambre. Nadie aparecía por allí, como no fuera algún lugareño que llevaba, montado en burro, una carga de leña. El sendero era no más que un tajo de polvo entre los árboles.

—¿Lo ve? —preguntaba. Y sentenciaba:

—Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el camino de Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, que todo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por ese caminito ahí.

Itinerario de las hormigas

Las hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a los arenales.

Buscan comida por aquí, por allá; y en sus andanzas se van apartando de su casa más y más.

Mucho después regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentos que han encontrado donde nada había.

El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nunca está donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.

Pero las hormigas recorren el camino más corto hacia su casa. Marchando en línea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hasta encontrar el minúsculo orificio que conduce a su hormiguero. Jamás confunden el rumbo, ni se meten en agujero ajeno.

Nadie entiende cómo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan un miligramo.

La ruta de los salmones

A poco de nacer, los salmones abandonan sus ríos y se marchan a la mar.

En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje de regreso.

Desde la mar, remontan los ríos. Guiados por alguna brújula secreta, nadan a contracorriente, sin detenerse nunca, saltando a través de las cascadas y de los pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.

Vuelven para parir y morir.

En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Llegan convertidos en peces enormes, que del rosa pálido han pasado al naranja rojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.

El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco su lugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destino están cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de grava y rocas. Los salmones han cambiado y su lugar también ha cambiado. Pero ellos llevan millones de años creyendo que el regreso existe, y que no mienten los pasajes de ida y vuelta.

El castigo

Reina y señora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Sus guerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a punto estuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.

Unos años después, Roma se vengó. Cartago fue obligada a entregar todas sus armas y sus naves de guerra, y aceptó la humillación del vasallaje y el pago de tributos. Todo aceptó Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Roma mandó que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierra adentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y de su peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso sí que no, eso sí que nunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la condenó al exterminio. Y allá marcharon las legiones.

Cercada por tierra y por agua, la ciudad resistió tres años. Ya no quedaba agujero por raspar en los graneros, y habían sido devorados hasta los monos sagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros, Cartago cayó. Seis días y seis noches duró el incendio.

Después, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaron la tierra con sal, para que nunca más creciera allí nada ni nadie.

La ciudad de Cartagena, en las costas de España, es hija de aquella Cartago. Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho después nació en las costas de América. Una noche, charlando bajito, Cartagena de Indias me confió su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irse lejos de la mar, también ella elegiría morir, como murió la abuela.

El paso del tiempo

Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero.

Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo.

No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.

España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devoraba miles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de Estado.

Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.

En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, el calendario universal.

Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años.


Tomado de: Página/12, Buenos Aires, domingo 11 de abril de 2004

Poesía de Juan Gelman.

  Ausencia de amor Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando. Cómo será acostarme en...