1 de mayo de 2017

Poetas de Paraguay

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Un periodista de origen dominicano dijo lo siguiente: "Si de algo debe servirnos el haber tenido Paraguay como invitado de honor de la Feria del Libro de Santo Domingo, sería para darnos cuenta que en materia literaria ese país sudamericano tiene muchísimo menos que ofrecer que República Dominicana".  Nada mas absurdo dicho por un periodista que es también escritor. Aquí tenemos una muestra de lo que puede "ofrecer" Paraguay.

GRANDES POETAS PARAGUAYOS




Manuel Ortiz Guerrero

Nació en 1897 en el barrio Ybaroty de la ciudad de Villarrica. Con la publicación de su famoso poema “Loca” en la revista Letras, gran parte de la atención de la gente se centró en el joven poeta. Escribió tanto en castellano como en guaraní; muchos de sus poemas en el idioma autóctono servirían de texto para las guaranias del maestro José Asunción Flores. Falleció en 1933, víctima del mal de Hansen, cuando todavía no había cumplido cuarenta años.

Al Poeta

Luminoso charrúa de los versos fragantes,
fue muy larga, muy larga, para mí tu tardanza:
de mirar tanto el río, de tu arribo anhelantes,
hoy ya tienen mis ojos un color de esperanza.

Visitante llegado de una tierra sonora
a esta otra historiada de perfume y leyenda;
cárganos las espaldas con tus fardos de aurora:
para nuestras heridas déjanos una venda.

Allá, poeta, en loma que tu mirada abarca,
está el árbol solemne cuyo tronco fue asiento
del Artigas proscripto, de aquel gran patriarca
que unir quiso la América en un gran pensamiento.

Aquel árbol, poeta, dice algo al oído,
algo de tu leyenda, semejante al latido
de algún gran corazón,
porque allí el patriarca, como fantasma herido,
memoraba en cien noches su gran sueño perdido,
enfermo de nostalgia y de desolación.

Olvidé de decirte que en una tarde lila
he visto a tu indio dulce de paso por aquí:
Tabaré melancólico de verdosa pupila,
en busca de su hermano perdido, Guaraní.

Oh mártires sin nombres, sin gestos y sin huellas
que muerto habéis ya siglos y os enterró el olvido:
el vate por vosotros sus llantos ha vertido
en vuestro sacro abismo como caer de estrellas...

Ataviado, poeta, de tus versos fragantes,
Tabaré se ha perdido en la azul lontananza
y... también es por eso: de su vuelta anhelantes
que hoy ya tienen mis ojos un color de esperanza.



Elvio Romero

Nacido en 1926 en la localidad de Yegros; luego de la Guerra Civil del 47 se vio forzado, con solo 21 años, a partir al exilio del cual no volvería al Paraguay. Falleció en Buenos Aires en 2004. Algunas de sus obras son Días roturados, Esa guitarra dura y Libro de la migración.


Tren con Banderas

Era un tren con banderas
aquel tren de mi pueblo; un tren hermoso
como esos trenes hondos que aran la quemadura
de la imaginería popular; tren compartido,
mínimo y desolado por entre cordilleras,
por entre atajos, por entre donde brotan
los pañuelos de adiós del horizonte.

Era un tren con banderas

Cuando avanzaba solo
como arisco alazán por la pradera,
era una clara y lenta respiración del aire,
centella imaginaria de luna y aguacero,
una fiesta ligera de infancia y de colores;
volaba el Viento Norte sobre sus ventanillas,
sus ruedas fulguraban sobre espuelas de rieles,
su silbido era un canto de pájaro de fuego.

La Cruz del Sur, caída,
viajaba en sus furgones. Y lo demás: los frutos
radiosos de la tierra; el violento verano
cernido en los maizales, los arrieros
de las fronteras, el grito seco de las plantaciones;
todo se acumulaba en sus vaivenes: la resolana de enero,
rostros cetrinos y guitarras hondas,
cántaros con serpientes, fugitivos callados,
embarazadas, brisas, bandoleros.

Era un tren con banderas.

El Paraguay entero
cabría en sus vagones, su violencia
y su encendida música; cabrían sus silencios
y su desamparado destino, el afán soterrado
de libertad, su cruz y sus crucifixiones,
la madera olorosa de sus montes cerrados,
su profunda y amarga masticación de muerte.

Era un tren con banderas
y ojos abrasadores; tren orlado
por historias de guerra y rebeliones,
tren cruzado de gritos altos y lejanías,
de sombra y naranjales; una llama
prendida sobre un vértigo dorado,
un tren de lumbre y alba sobre una tierra en celo.

Aquel tren de mi pueblo solitario y profundo
¡era un tren con banderas!



Hérib Campos Cervera

Nació el 30 de marzo de 1905 en Asunción. En 1931 participó de los hechos del 23 de octubre, lo que desembocó en su primera partida al exilio, más precisamente a Buenos Aires. Tres años después, regresó al Paraguay y se situó en el centro del movimiento conocido como la generación del 40. Luego de la Guerra Civil del 47, debió partir por segunda vez del país, exilio este que duró hasta su muerte. Falleció el 28 de agosto de 1953 en Buenos Aires. Algunas de sus obras poéticas son Ceniza redimida, Hombre secreto y Romancero del destierro; el relato El buscador de la fe, la novela corta El ojo enterrado, y la obra teatral Juan Hachero.


Tiempo de amor y soledad

Y he estado nueve noches bajo el abierto cielo,
arañando la tierra, para calmar la sangre,
y adelgazando el grito de mi voz encerrada;
mientras el viento amargo se llevó brizna a brizna
este perfil de sombras de mi cuerpo en tinieblas.

Y luego te he entregado, noche mía, la sangre.
La sangre. Sí: la sangre. La sangre que solloza
por túneles azules su vida equivocada;
la sangre, que no quiere desintegrar su grito,
porque es el fundamento de la Flor y del Canto.

Y luego di mi frente. Tras su mármol tranquilo
vivió el furor del sueño su tormenta diaria,
sin que una sola arruga marcara su oleaje;
ni el pensamiento puro lo anegara en su sombra
al horadar mis sienes su vertical tortura.

Y ahora, son los ojos: los taciturnos ojos,
donde guardaba el alba sus pétalos de estrellas;
los ojos de agua clara, donde iban las gacelas
a buscar mansedumbre para su sed de fuga.

Y también va la piedra, ya muda, de los labios:
los labios ya besados por muertes numerosas.
Y los pies marineros, llagados de caminos;
el corazón ausente y el pecho amanecido.

¿Después? -Después, la mano: la calcinada mano,
marcada en su pecado con un buril de fuego;
la mano que no quiso pagar su duro crimen
de haber asido un sueño con sus garfios de carne.

¿La visteis algún día flotar sobre las cosas,
-pájaro alucinado, que aprisiona en su pico
luciérnagas azules que mueren de su fuego?
Después de nueve noches, sus lirios fatigados
-sin memoria y sin nombre- se volvieron recuerdo.

Todo se te reintegra: noche profunda y alta.
La tremenda parábola ya no se apoya en Ti;
y aquel temblor de siglos que me entregaste un día,
aquietó, al fin, por siglos también, su inenarrable,
desesperada angustia de ser humanidad.

Un día, desde el fondo caliente de la tierra
-seno eterno de Madre, que pare su cosecha
con una indiferencia de sexo apaciguado-
saldrá el rosario triste de mis huesos dolidos,
libres ya del espanto de su cárcel de vida.

Y nunca más la dulce canción que dio belleza
al peregrino tránsito por la prisión de piedra;
nunca más el lamento secreto de la flauta
encenderá en la tarde su rústico llamado.

Pero será otra vida. Sí: otra vida. Distinta.
Despojada del largo castigo del recuerdo.
Un árbol o una piedra: algo que mire al Tiempo,
mudo y sordo y sin ojos, por una Eternidad.





José Luis Appleyard

Nacido en Asunción en 1927, fue poeta, periodista, dramaturgo, abogado y editorialista. Pertenece a la generación del 50 de la poesía paraguaya. En sus poemas se tocaban temas como el amor adolescente, la nostalgia de un tiempo ido y la magia de la niñez no muy lejana. Falleció en Asunción en 1998. Algunas de sus obras son Entonces era siempre, El sauce permanece y Solamente los años.



El Tiempo


Ya es ayer pero entonces era siempre
un trasegar de horarios inmutables
desde la noche al sol.

Cada semana
era distinta e igual a la siguiente.
El niño desdeñaba el calendario
y su patrón reloj era el cansancio.
Edad sin equinoccios, solo el tiempo
de ser feliz y entonces ignorarlo.



La Casa

Una casa es un hombro derrotado
es una mano abierta sin simiente,
una argamasa inútil, un doliente
conjunto de ladrillos apagado,

un pensamiento absorto en el pasado
que agrieta con sus voces el presente,
es un oscuro trozo de poniente,
es un juguete antiguo y olvidado.

Una casa es un llanto, un dolorido
balcón sin mariposas anhelantes,
una casa es mudez y es alarido,

es un amor que ha muerto sin amantes,
Una casa, Señor, es una infancia
huyente y malherida de distancia.



Susy Delgado

Escritora bilingüe y periodista, nació en San Lorenzo, Paraguay, en 1949. Su obra literaria muestra una preeminencia del género de la poesía. Sus cuatro primeros poemarios en guaraní: Junto al Fuego, Hijo de aquel verbo y Palabra en dúo, fueron publicados en versión bilingüe y están reunidos en la antología que lleva este último título. En el 2007 publicó otro poemario con textos originales en guaraní, en versión bilingüe, distinguido con el Premio Cide Hamete Benengeli para relatos escritos en lenguas hispánicas distintas del castellano, de la Universidad Toulouse Le Mirail y Radio Francia Internacional, en el 2005.
Algunos de sus poemarios en castellano son Sobre el beso del viento, La rebelión de papel y Las últimas hogueras. Publicó también el volumen de cuentos La sangre florecida, la antología 25 Nombres Capitales de la Literatura Paraguay, en literatura para niños el libro Ñe’ë saraki y los que integran la Colección Che pomimi.
Su poemario Tataypýpe fue Primer Finalista en el Premio Extraordinario de Literaturas Indígenas de Casa de las Américas, Cuba, en 1991. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, el portugués y el alemán.
Tiene una trayectoria como periodista cultural en Paraguay y desde hace tres años dirige la revista literariaTakuapu. Dirige igualmente el Taller de Poesía Ara Satï desde el año 2000.



Como?

Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿Cómo se nombra la tristeza?
Hubo otro tiempo
en que ella era
el modo de caminar por la vida,
la manera de mirar las cosas,
y era palabra cotidiana,
repetida hasta el cansancio
y más veces aún hasta el llanto.

Aquí desde tan lejos,
después de tantas cosas,
cuando ya todo se ha cubierto
con un grueso manto de pudor,
¿cómo nombrar la tristeza?

Aquí donde ya todo pareciera
ser agua calma,
¿cómo se nombra la poesía?
Hubo otro tiempo
en que ella se acomodaba
en medio de todas las cosas,
las amables, las tristes, las amargas,
aunque, es verdad,
parecía encontrarse más a gusto
con las últimas.

Pero aquí desde tan lejos,
¿cómo llamar a la poesía?

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