20 de diciembre de 2016

Cien años de Gonzalo Rojas


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Porque no estoy para nadie me echaron.
De la república asesinada y de la otra me echaron.
De las antologías me echaron.
De las décadas salobres me echaron. De lo que no pudieron
es del aire.
Gonzalo Rojas
 Por Esther Andradi  (La Jornada Semanal, Mexico
El Berlín del poeta

El poeta pequeño de estatura, con su inefable gorra de marinero cubriendo la calva de su cráneo perfecto, cumpliría cien años el 20 de diciembre. Gonzalo Rojas, nacido en Lebu, Chile, marcó el siglo con su singular voz poética. Desde 1938 su obra discurrió incesante. Una decena de poemarios, publicados en momentos clave de su vida intensa, tatuaron su presencia ineludible en la lengua española. Recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile (1992), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1992), el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo (1998) y el Premio Cervantes (2003). A su padre, ingeniero en minas, que murió cuando Gonzalo tenía cuatro años de edad, le legó “todo el mar“. Y a Celia Pizarro, su madre, que se encargó de criar seis hijos, el poeta le otorgó “la rotación de la tierra.“ Me refiero a “Materia de Testamento“, el libro que el poeta terminó de escribir en Berlín durante su estancia en 1988, cuando lo conocí.
Por entonces Gonzalo Rojas no era conocido en Alemania Occidental. En 1974 estuvo en Rostock, donde el gobierno de la entonces rda le había concedido asilo político. El golpe de Pinochet lo sorprendió en La Habana, cuando era Encargado de Negocios en la Embajada de Chile. En un instante se quedó sin representación diplomática, sin trabajo, sin país.
El gobierno de la rda le ofreció una cátedra en Rostock pero sin autorización para dar clases, lo que incomodó a Gonzalo, así que poco más de un año más tarde partió a Venezuela, donde permaneció un tiempo, y de ahí marchó a Estados Unidos. Pero ahí tampoco le concedieron visa de permanencia.
Parto
soy, parto seré.
Parto, parto, parto.
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Hasta que sus setenta años le trajeron bajo el brazo la invitación a Berlín Occidental. Elegido por un prestigioso jurado, se le otorgaba una beca para residir un año en la ciudad como parte del Programa de Intercambio Académico daad. Gonzalo llegó el 1 de mayo y se instaló en la Güntzelstrasse, cerca de la Ku’damm, la calle pituca y la vidriera de Occidente. Disponía de un departamento de 120 metros cuadrados “con balcón-terracita, frente a un parque interior con castañas, muy en el aire berlinés...“ escribía Gonzalo en sus cartas. Cuando lo visité, las habitaciones permanecían casi vacíasconteniendo mesa y lecho, a la espera de Hilda la “centaura“ del poeta, que se le reuniría recién dos meses más tarde. “Este lado es incomparable, un cruce de los vientos del planeta“, anotaba Gonzalo.
Berlín estaba cumpliendo sus 750 años y todos los días eran una fiesta. Desde Colonia anunciaron su visita al poeta los amigos Ricardo Bada, entonces redactor de la Deutsche Welle, y su esposa Diny Hansen. Convinimos en hacer una excursión exótica: a Lübars.
Lübars es un territorio al norte de Berlín, “campo con vaquitas“, como se le denominaba en las épocas en que esta ciudad estaba amurallada. Por esos años siempre había gente que necesitaba “salir al campo“, hambrienta de horizonte. En dos lugares seguro lo encontraba. En las orillas del río Havel, al sur de la ciudad, donde no se veía la frontera. O mejor dicho, las señales de la frontera se camuflaban en la corriente.

Apréndele, hocicón,
le digo a mi corazón, la que tenía ciencia
era el agua.

Y en el norte de Berlín, en Lübars. Un sector de cinco kilómetros cuadrados del distrito de Renikendorf, y unos cinco mil habitantes, permaneció al margen de la vida urbana aunque forma parte de Berlín desde 1920. El pueblo es patrimonio histórico, su iglesia barroca del siglo xvii, y sus edificaciones y sus callecitas empedradas remiten a un tiempo detenido. Lübars es un espacio donde la vida campesina sigue tan bucólica como en el siglo xix. Las típicas herrerías y el campo con sus animales pastando son una foto que también es Berlín. Mientras existió el Muro, Lübars fue la meca de excursiones escolares, visitas turísticas y el sitio donde ciudadanos melancólicos coincidían en la ilusión de un horizonte “fuera“ de la ciudad.
“Tres cosas hay que no dejan huella: el pájaro en el cielo, el pez en el mar y el hombre en la mujer“ me de-cía Gonzalo ese mediodía cuando llegamos a Lübars. Ricardo, Diny, mi esposo y yo salimos a caminar por los senderos del pueblo, una explosión de primavera en cada esquina, el campo verde, las arboledas dibujando un arco sobre nuestras cabezas mientras hablamos y discurrimos sobre lo que es lo que se lee lo que se siente lo que se añora lo que se desea...

Ay, cuerpo, quién
fuera eternamente cuerpo.
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En el Alte Krug pedimos niños envueltos que en alemán se llaman “Rinder Rouladen“ y se acompañan con repollo morado y papas. Y Ricardo explicaba la factura de esa delicadeza culinaria. ¿O fue Diny?
Los días pasan muy rápido, decía Gonzalo. ¿Y los años? La muerte, esa libertina salvaje, acabará con todos. Pero su poesía, renacida, sigue fresca, como las trescientas mujeres que deseaba amar y se quedaba siempre con una. Ella. No habrá ninguna igual, tango dixit. Gonzalo escribía y Materia de Testamento tomaba forma. Y extrañaba a Hilda.

Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí

El Departamento de Lenguas de la Universidad Libre de Berlín grabó con él una larga entrevista y un recital de sus poemas. El Instituto Iberoamericano le dedicó un workshop a su obra, sus poemas se leyeron por primera vez en alemán en la Literaturhaus y en la voz del poeta chileno Claudio Lange que los tradujo.
De Lübars quedan unas fotos borrosas que nos reflejan con treinta años menos, en un mediodía de sol, frente a la taberna donde vamos a almorzar. Y la foto aquella con Gonzalo caminando conmigo del brazo se la tragó la noche. Pero en mi memoria estamos radiantes, en ese enclave verde en el norte de Berlín, imaginando la ciudad abierta. Presintiéndola, desde algún rincón de la historia Image result for gonzalo rojas

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