14 de abril de 2005

S O N E T O

Francisco de Quevedo
España (1580-1645)


Dichoso tú

Dichoso tú, que, alegre en tu cabaña,
mozo y viejo aspiraste el aura pura,
y te sirven de cuna y sepultura
de paja el techo, el suelo de espadaña.

En esa soledad, que, libre, baña
callado sol con lumbre más segura,
la vida al día más espacio dura,
y la hora, sin voz te desengaña.

No cuentas por los cónsules los años;
hacen tu calendario tus cosechas;
pisas todo tu mundo sin engaños.

De todo lo que ignoras te aprovechas;
ni anhelas premios, ni padeces daños,
y te dilatas cuanto más te estrechas.

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