14 de agosto de 2011

Cuba se reconcilia por fin con Cabrera Infante

 

Una editorial oficial publica un ensayo sobre la obra del autor de 'Tres tristes tigres', exiliado de la isla en 1965

Guillermo Cabrera Infante regresa a Cuba de la mano de dos jóvenes periodistas de su país, Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, autores de un ensayo de más de 300 páginas centrado en la obra y trayectoria cultural del autor de Tres tristes tigres durante los años que vivió en la isla, hasta que rompió con la revolución de Fidel Castro, se exilió y se convirtió en uno de sus principales críticos.

Sobre los pasos del cronista: el quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965 será publicado la próxima semana por la editorial de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), todo un acontecimiento en un país que durante décadas le consideró oficialmente un autor maldito y donde, en contrapartida, el escritor nunca quiso que se publicaran sus obras.
El texto, que es parte de una tesis de grado más amplia, ganó el premio de ensayo de la UNEAC en 2009 y, según Carlos Velazco, de 25 años, es un recorrido por la vida y trayectoria del premio Cervantes desde su infancia en Gibara hasta que abandonó la isla tras el entierro de su madre, en 1965. "El libro aborda aspectos poco conocidos de su vida, como su condición de consejero del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica o de reportero acompañante de Fidel Castro en sus viajes internacionales tras el triunfo guerrillero", asegura uno de los autores.
En uno de los capítulos, dedicado a su actividad en el ICAIC como asesor de Alfredo Guevara, presidente del organismo oficial durante décadas, cuenta el viaje que ambos hicieron a México en el verano de 1959 para entrevistarse con el mandamás de la 20th Century Fox, Jerry Wald, que estaba interesado en producir una película sobre la vida de Fidel Castro.
Según los autores del ensayo, Alfredo Guevara había rechazado la propuesta de la compañía estadounidense de que el director fuera Richard Wilson, que acababa de estrenar una película biográfica sobre Al Capone, y ambos propusieron el nombre de Orson Welles como realizador y el de Marlon Brando para interpretar el papel de Castro. Claro está que la película no se hizo.
Otros capítulos del libro tratan sobre las polémicas intelectuales en torno al diario Lunes de la Revolución, en las que Infante fue parte activa, o sobre su trayectoria periodística en la revista Carteles, o como crítico de cine, entre otras facetas.
Para hacer el libro ambos autores entrevistaron a numerosos escritores y personalidades residentes en la isla (Antón Arrufat o Pablo Armando Fernández, entre otros) y fuera de ella (Matías Montes Huidobro, Fausto Canel o Luis Agüero), además de realizar una extensa revisión bibliográfica en Cuba.
Según el premio Nacional de Literatura, Reynaldo González, el libro tiene valor entre otras razones porque "es bueno que cada vez haya menos adentros y afueras" en la literatura cubana. "Cabrera Infante es un indispensable de la cultura cubana, tiene el gran mérito de haber convertido el lenguaje del habanero en lenguaje literario", asegura el novelista Leonardo Padura, que recuerda como si fuera ayer cómo en la universidad le prestaron Tres tristes tigres, "casi clandestinamente, para que se lo leyera en tres noches, en las que por supuesto no dormí".
Con independencia de las revelaciones que haga, opina Leonardo Padura, el mero hecho de que el ensayo de Mirabal y Velazco haya obtenido un premio oficial y sea publicado ahora es un signo "positivo y reflejo de que poco a poco se vuelve a la normalidad".

4 de junio de 2011



De: VIVIR ADREDE, Mario Benedetti



64. Aleluya

Aleluya. El tiempo pasa y yo sigo viviendo, con los dolores y las ausencias de siempre pero sigo viviendo. Con la suerte y la muerte a la vista, con las golondrinas y los buitres, con el alma en pena y la cordura casi loca, con las cenizas del olvido y el pan duro de las promesas. Pero sigo viviendo.

Aleluya. En alguna rara ocasión mi soledad se llena de prójimas y mis brazos abrazan y abrasan. Mi memoria viaja de noche en noche; mis jardines, de amanecer en amanecer.

De todos los puentes cruzo el más frágil: el que une tu desolación con mi consuelo, y mi consuelo con tu desolación, Acaricio los pinos antes de que en el próximo vendaval besen el suelo.

Aleluya. Cuando encuentre la verdad aún estaré a tiempo para llevar mi infancia conmigo y clavarla luego como un afiche en la pared de la cocina. Nos vamos para volver; volvemos para irnos de nuevo. El tiempo es un viaje de escalas infinitas donde aprendemos y enseñamos algo.

Aleluya. Piso tantos umbrales que los pies desnudos me arden. Desde esos umbrales imagino el infierno, pero de pronto recuerdo (aleluya x 2) que soy ateo, tanto de Dios como del diablo.

Vivir aquí, en los arrabales del universo, no está tan mal. Dos por tres vienen pájaros curiosos, con su experiencia del espacio, y acaban colgándose en un crepúsculo de árboles. Crecimos en un exilio de la esperanza, sin advertir que era un exilio de la nada.

Aleluya. La nada también puede ser todo y los otros también pueden ser nosotros. Si la tristeza nos empapa con su lluvia, digamos aleluya aleluya, primero despacito y luego en alarido, para que al fin nos encierren, así sea medio por az

Adrede

11 de mayo de 2011

Adios A Sabato

 Mario Sabato: “Mi padre tenía una vitalidad trágica”


Un emotivo homenaje a Ernesto Sabato El público llenó ayer la enorme sala Jorge Luis Borges para recordar al autor, que murió el sábado. En una charla de tono cálido, su hijo contó cómo era el escritor en la casa y habló de su madre, Matilde.

POR Andrés Hax - ahax@clarin.com
Etiquetado como: Mario Sabato Ernesto Sabato El destino decidió que 2011 sea un año de despedidas de grandes figuras de las letras argentinas: primero María Elena Walsh, seguida por David Viñas y el sábado, el gran Ernesto Sabato. Anoche, en un atardecer helado en el enorme pabellón Jorge Luis Borges, el segundo hijo de Ernesto Sabato —el cineasta, Mario— enfrentó noblemente la dolorosa tarea de recordar públicamente a su padre en un homenaje que estaba programado previamente como un tributo al escritor que en 24 junio iba a cumplir 100 años. Se trataba de una charla y la proyección de “Sabato, mi padre”, un documental que hizo Mario y del que al escritor le mostraron sólo 40 minutos “para que no reviviera momentos dramáticos”.
Antes de salir al escenario sonaba la musica de Adiós Nonino de Piazzolla y otros tangos que tanto le gustaban a Sabato.
La forma que tomó el homenaje fue un reportaje público en el cual el presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, Juan Carlos D’Amico, entrevistó a Mario Sabato. Antes de comenzar D’Amico pidió disculpas a los periodistas por las posibles torpezas que podría cometer por no ser del rubro. Sin embargo, resultó ser un interlocutor ideal, ya que hizo preguntas que tal vez un periodista no se hubiera animado a formular por pudor de hacer cuestionamientos sumamente íntimos en un momento tan difícil. El resultado fue un encuentro cálido.
Por ejemplo, D’Amico le dijo a Mario: “Ernesto Sabato fue siempre un hombre que padeció llevar como carga muchas de las desgracias que ocurren en el mundo… ¿Transmitía esa pesadumbre en el ambiente familiar?” Y Mario, encorvado en su asiento, mirando hacia la mesa donde se sentaba sobre el escenario delante de casi mil personas, con su pelo gris y un saco gris, respondió: “Trataba de hacerlo, pero no lo dejábamos mucho. Vamos a ser sinceros: era bastante hinchapelotas con eso. No se puede estar triste todo el tiempo, angustiado todo el tiempo… Todo era una exageración. Vivió esa exageración…” ¿Cómo era Ernesto? El hijo lo tenía calado: “Parecía muy duro, pero no lo era tanto. Se escudaba detrás de esos anteojos de armazón grueso y negro”.
Un conocido de Ernesto Sábato, quien estuvo en más de diez cumpleaños del escritor, comentó la increíble semejanza de la voz de Mario y la de su padre; la entonación, las pausas, la melodía. En lo que fue el momento más desgarrador de la noche, D’Amico le pidió que Mario repitiera lo que dijo hoy a la mañana en el entierro. Fue el único momento en el cual se le quebró la voz al hijo de Ernesto (su hermano Jorge, murió en un accidente automovilístico en 1995): “Mi homenaje chiquito es decirle a mi padre y mi madre y a mi hermano que me voy a hacer cargo de la familia. Ahora soy el jefe de la familia.” Al principio de la charla D’Amico anunció que la casa de Sabato en Santos Lugares será declarada patrimonio provincial y convertida en un casa museo “para estar cerca de Sabato el mayor tiempo posible.” Esa casa, se sabe, fue un lugar importante en la vida del escritor. Ayer, Mario contó que, antes que su familia, la habitó el escritor brasileño Jorge Amado.
Mario hizo un homenaje muy sentido a su madre Matilde Kuminsky. Dijo que vivió para sostener, impulsar y estimular a su padre y que postergó su propia carrera como escritora. Sobre el final de su vida publicó dos libros, uno de cuentos y uno de poemas.
Mario aludió a la figura pública de su padre y la reacción del publico frente a su muerte:“En estos dos días tumultuosos, ha sido maravilloso sentir la compañía de la gente. Papá no nos pertenecía, le pertenecía a toda esa gente que fue a darle su último adiós y eso me da alegría y orgullo.” La frase de Mario que resume en una línea el luto del hijo fue: “Mi padre tenía una vitalidad trágica”.

2 de mayo de 2011

Adios Poeta


Mientras más en la muerte
pienso la vida
teniendo vida y muerte
me desvive el amor
y el ser que por mi pasa
con la sombra desnuda
me endurece no ver
que no existe la muerte
ni la vida.

Victor Villegas.

El poeta dominicano Víctor Villegas falleció el 23 de abril, precisamente cuando se celebraba el Día Mundial del Libro. Murió a los 85 años luego de varios meses en delicado estado de salud. Sus amigos, poetas como él, lo recuerdan en declaraciones para Librusa.



TOMAS CASTRO BURDIEZ
"Con el fallecimiento del escritor Víctor Villegas se va el padre, el hermano, el amigo, el irrepetible compañero mayor de la generación de los 80. Con él, desde 1948 hasta la fecha, se quebraron las barreras generacionales. Fue la llama para la formación de la Unión de Escritores Dominicanos, la que presidió y de la que fui directivo"


FEDERICO JOVINE BERMUDEZ
"Con la muerte de Víctor Villegas el país pierde a un ser humano que siempre transitó vías de decencia, dignidad y honestidad. Poeta de voz comprometida con su pueblo, Víctor jamás transigió con el facilismo y la inmediatez. Al morir él ha cobrado su verdadera dimensión, por lo que entendemos que su muerte debe de hacernos honrar de manera permanente su recuerdo.
¡Ha muerto Víctor Villegas, que viva la poesía!"

29 de marzo de 2011

Leer Poesía y Conocer lo Desconocido


Vivir frente al mar
para olerlo,
mirarlo al instante del deseo,
oírle el ruidoso silencio,
dormir con él,
caminarle la orilla, las violetas tardes,
conocerle los cambios por instinto,
acompañarlo en sus soledades grises y lluviosas,
predecirlo.  Carmen Valle







"veo
que he acumulado
una serie de
admiradores
con bonito
pensamiento
afilada lengua
miradas obscenas
por demás
olvidadizos"
Maya Cu Choc







No sabes como necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
!!! Ya no puedo... seguir así !!!
...Ya... No puedo
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos
aquella paciencia de todos tus actos
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido...
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aun !!!Te sigo extrañando!!!
Mario Benedetti




Tienen sus dulces ojos moribundos
Tal expresión de gozo mundanal,
Que a veces pienso si el genial artista
Diole a su Cristo alma de don Juan.
Fabio Fiallo








La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Federico Garcia Lorca









Con mi cara de ataúd
y mis mariposas viejas
yo también me hago presente
en esta solemne fiesta.
Nicanor Pabra




Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Dulce María Loynaz





El mar no es más que un pozo de agua oscura,

los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.
Idea Vilariño








Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
René del Risco Bermúdez






17 de marzo de 2011

Gabriela Mistral rebelde sin fronteras


Por
Hernando Soto
Clarín de Chile


Mistral fue en muchos aspectos una adelantada a cambios y enfoques que hoy parecen naturales, indispensables y muchas veces urgentes. Cristiana de espiritualidad esencial, se definió como partidaria de transformaciones profundas: la necesidad de una reforma agraria, el latinoamericanismo real, el respeto a los indígenas y mestizos, el amor por los niños y los oprimidos. Ejemplar fue su preocupación por la instrucción y la cultura al servicio del pueblo.

Deberíamos tratar de conocerla mejor, más allá de convencionalismos y oscuridades.



Su sentimiento de pertenencia al mundo popular fue indiscutible. En carta a un amigo mexicano le confiaba: “…debo a la aristocracia una protección generosa: la de su defensa cuando se hizo campaña contra mi nombramiento para un liceo, pero la clase dentro de la cual me siento, aquella de la que espero más y a la que amo de corazón es la clase obrera”.

Tenía una opinión clara sobre el lugar que debía serle reconocido a los trabajadores en la sociedad. Cuando en 1925 fue invitada a participar en el Consejo Nacional de Mujeres condicionó su gustosa aceptación a que en él participaran las sociedades obreras, para que se reflejara la realidad de las clases sociales de Chile: “La clase trabajadora no puede ser menos de la mitad de los representantes en una asamblea cualquiera, cubre la mitad de nuestro territorio, forma nuestras entrañas y nuestros huesos. Las otras clases son una especie de piel dorada que la recubre”.

A esa toma de posición agregaba otros elementos identitarios que la fueron completando, como su calidad esencial de lugareña, del pequeño valle excavado en la aridez de los cerros en que nació y vivió sus primeros años, cerca de La Serena. “Somos la gente de esta zona de Elqui, mineros o agricultores en el mismo tiempo. En el valle el hombre tomaba sobre sí la mina, porque la montaña nos cerca por todos lados y no hay modo de desentenderse de ella: la mujer labraba en el valle. Antes de los feminismos de aldea y de reformas legales, cincuenta años antes, nosotros hemos tenido allá en unos tajos de cordillera el trabajo de la mujer hecho costumbre. He visto de niña regar a las mujeres a la medianoche en nuestras noches claras, la viña y el huerto frutal; las he visto hacer totalmente la vendimia; he trabajado con ellas en la llamada ‘pela del durazno’ con anterioridad a la máquina deshuesadora; he hecho sus arropes, sus uvates y sus infinitos dulces llevados de la bonita industria familiar española”.



En la huella de Martí



A través de la mirada y el recuerdo de su aldea, Gabriela pudo imaginar y tratar de entender el mundo. Su raigambre latinoamericana se hizo profunda, más allá de particularismos y definiciones políticas. Hablando ante el consejo directivo de la Unión Panamericana, en Washington, en 1946, poco después de “eso de Estocolmo”, como decía a veces para referirse al Premio Nobel, señalaba: “No soy una patriota ni una panamericanista que se endroga con las grandezas del continente. Me lo conozco casi entero desde Canadá a Tierra del Fuego; he comido en las mejores y en las peores mesas, tengo esparcida en la propia carne una especie de limo continental. Y me atrevo a decir, sin miedo de parecer un fenómeno, que la miseria de Centroamérica importa tanto como la del indio fueguino y que la desnudez del negro de cualquier canto del trópico me quema como a los tropicales mismos”.

Gabriela seguía la huella de José Martí en Nuestra América y también la visión de Francisco Bilbao, que veía el futuro de América Latina como tierra de promisión para la Humanidad unida, democrática y comprometida con los ideales liberadores. Gabriela reclamaba autenticidad y no copia, originalidad y no imitación y veía que uno de los peligros centrales estaba en Estados Unidos. Apoyó ardientemente la lucha de Sandino contra los invasores norteamericanos de Nicaragua e incluso, llamó a los jóvenes latinoamericanos a defender con las armas esa causa imposible por la infinita desproporción de los adversarios, en la que Sandino y “su pequeño ejército de locos” contaban solamente con su valor para luchar por la dignidad y la justicia.
En 1922, Gabriela publicó El grito , que puede verse como un compendio de su ideario latinoamericano, en que imagina al continente como una gran esperanza: “América y sólo América. ¡Qué embriaguez semejante futuro, qué futuro, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!”. La ve abrumada por la potencia financiera e industrial de Estados Unidos, por su poderío y su influencia. No deriva de ello un odio hacia los norteamericanos sino más bien un reproche a nuestra propia incuria y debilidad. “¿Odio al yankee ? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y oro: a su voluntad y a su opulencia”. Al terminar, llama a dirigir toda la actividad hacia la unificación de América, motivada por “la lengua que le dio Dios y el dolor que le da el Norte”.


Unidad de América Latina


Su convicción de la necesidad y urgencia de la unidad de América Latina no la abandonó. Y fue más específica: “Nosotros debemos unificar nuestras patrias en lo interior, por medio de una educación que se trasmuta en conciencia nacional y de reparto del bienestar que se nos vuelva equilibrio absoluto, y debemos unificar esos países nuestros dentro de un ritmo abordado un poco pitagórico, gracias al cual aquellas veinte esferas se muevan sin choque, con libertad y también con belleza… Nos trabaja una ambición oscura y confusa todavía, pero que viene rodando por el torrente desde los arquetipos platónicos hasta el rostro calenturiento y padecido de Bolívar cuya utopía queremos volver realidad de cantos cuadrados”.
Desde la adolescencia, Gabriela Mistral tuvo preocupaciones sociales que se acentuaron con la lectura, los estudios y el contacto con la realidad de la educación pública. Después, la permanencia en México fue determinante. Joaquín Edwards Bello la recuerda en París en misiones oficiales, “ensimismada soñaba con la democracia, con el reparto agrario, con la suerte de Puerto Rico y Nicaragua”. Y precisamente en uno de los textos de apoyo a la gesta de Sandino, Gabriela escribió: “…voy convenciéndome de que caminan por la América vertiginosos tiempos en que no digo las mujeres, sino los niños también, han de tener que hablar de política, porque vendría a ser (perversa política) la entrega de las riquezas de nuestros pueblos, el latifundio de puños cerrados que impide una decorosa y salvadora división del suelo, la escuela vieja que no da oficios al niño pobre y da al profesional a medias su especialidad, el jacobinismo avinagrado de puro añejo que niega la libertad de cultos que conocen los países cultos, las influencias extranjeras que ya desnudan con absoluto impudor ante nuestros gobernantes”.
Su permanencia en México, entre 1922 y 1924, invitada por el ministro de Educación, José Vasconcelos, y donde volvió muchas veces, cambió su vida. La distribución de la tierra se convirtió en una de sus preocupaciones permanentes. Entendió que el latifundio era un problema central para América Latina, mucho antes que se pusiera en el centro de la agenda política. En 1954, cuando vino por segunda y última vez a Chile, preguntó por la marcha de la reforma agraria, sin saber (o sabiendo) que no estaba entre las preocupaciones del gobierno encabezado por Carlos Ibáñez del Campo. En México también tomó mayor conciencia de la situación desmedrada de los pueblos indígenas y del carácter mestizo del continente, que destaca en su obra, a partir de una suerte de revelación que aparece en sus conocidos versos: “En el campo de Mitla, un día de cigarras, de sol, de marcha/ me doblé a un pozo y vino/ un indio a sostenerme sobre el agua/ y mi cabeza como un fruto estaba dentro de sus palmas./ Bebía yo lo que bebía/ que era su cara con mi cara/ y en un relámpago yo supe/ carne de Mitla ser mi casta” . En los “Himnos” de su libro Tala se ha visto incluso una sustitución de la raíz judeocristiana de su obra por un misticismo indígena, en que son el Sol, la Cordillera y la Tierra las divinidades tutelares.

Denuncia del fascismo


Gabriela ya tenía veintiséis años cuando estalló la primera guerra mundial en Europa, una carnicería hasta entonces inimaginada. Vivió después los tiempos de la gran oleada revolucionaria que inició la revolución rusa en 1917, la contraofensiva capitalista marcada por el fascismo en Italia, Portugal y Rumania, y a comienzos de los años 1930, el ascenso incontenible de Hitler y los nazis en Alemania. Gabriela Mistral estuvo entre los primeros que advirtieron el peligro fascista. En algún momento se negó a ser cónsul en una ciudad italiana mientras gobernara Mussolini. En la guerra civil española apoyó la causa de los republicanos y donó a los niños vascos -desplazados por el ataque de los fascistas- los derechos de autor de su libro Tala . En un elogio fúnebre a Pablo de la Torriente, joven comunista cubano voluntario en las tropas republicanas españolas, caído en combate, destaca su heroísmo y generosidad y concluye que su muerte no habrá sido en vano “si este mundo satánico, de hierro color pardinegro color de fiera que desean darnos se disuelve como una pesadilla antes de cuajar”. Abominaba de Franco y no volvió a pisar tierra española. Fueron tiempos de monstruosas convulsiones sociales y políticas que se extendieron a Asia y Africa y no dejaron incólume a América Latina.
La segunda guerra mundial, con el Holocausto, los campos de concentración y los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki daban cuenta del término de una época, y del despuntar de nuevas esperanzas y también de la amenaza de enormes peligros. Después de la guerra, la causa de la paz pasó a ser crucial. La amenaza de un ataque nuclear a la Unión Soviética por parte de Estados Unidos pasó a ser una amenaza real denunciada por intelectuales, científicos y artistas que la propaganda occidental acusaba de instrumentos del comunismo. Gabriela Mistral contribuyó con “La palabra maldita”, un texto que fue conocido en todo el mundo: “Hay palabras que, sofocadas hablan más, precisamente por el sofoco y el exilio y la de ‘paz’ está saltando hasta las gentes sordas o distraídas porque al fin y al cabo, los cristianos extraviados de todas las ramas, desde la católica hasta la cuáquera, tienen que acordarse de pronto como los desvariados de que la palabra más insistente en los Evangelios es ella precisamente, ese vocablo tachado en los periódicos, este vocablo metido en un rincón, este monosílabo que nos está vedado como si fuera una palabra obscena. Es la palabra por excelencia y la que, repetida, hace presencia en las Escrituras sacras como una obsesión. Hay que seguir vocéandola día a día, para que algo del encargo divino flote aunque sea como un pobre corcho sobre la paganía reinante… Digásmola cada día en donde estemos, por donde vayamos, hasta que tome cuerpo y se cree una ‘militancia de la paz’ la cual llene el aire denso y sucio y vaya purificándolo”.


“Una enorme revolucionaria”


Gabriela fue, como escribió el pintor Roberto Matta, “una enorme revolucionaria en el sentido más humano del término”. No fue marxista ni menos anarquista, pero no se opuso a las transformaciones profundas. Elogiaba muchas cosas del comunismo y criticaba duramente otras, como la política antirreligiosa y las medidas que ponían en riesgo la familia. Denunció la invasión soviética a Finlandia, en 1939, y apoyó la política de paz de la URSS durante la segunda postguerra. Del mismo modo rechazó la política anticomunista de González Videla en Chile.
Estuvo cerca de los principales líderes socialcristianos como Eduardo Frei y Radomiro Tomic, de quien fue amiga y comadre, pero es dudoso que se hubiera definido como democratacristiana. Hubiera deseado una Iglesia al servicio de los pobres y una vez se definió como una comunista individualista, queriendo decir que no se oponía al trabajo colectivo y comunitario y a una distribución equitativa de la riqueza con respeto inamovible por el individuo, su singularidad y su derecho a autogobernar sus decisiones. Quería, aseguraba, conservar “la mayor suma de individualismo dentro de una norma colectivista”. Su fundamento era básicamente ético y cristiano, dentro de una religiosidad singular, inicialmente católica, luego budista y con inclinaciones teósoficas, hasta volver al catolicismo inicial teñido por la permanente lectura de la Biblia y la admiración por San Francisco de Asís. Tal como Clotario Blest, en sus últimos días Gabriela fue seglar de la Orden Franciscana Menor.
Una reflexión de Gabriela Mistral, de hace más de sesenta años, sobre la juventud merece ser recordada: “Busca la juventud de hoy más o menos estas cosas: un orden social en el cual las diferencias de clase no sigan correspondiendo a nombre y dineros sino a la capacidad comprobada del oficio o la profesión, es decir a los valores reales. Todas ellas desean eliminar la lacra de la miseria que ha sido lacra en el rostro noble de la latinidad. Todos quieren que el trabajo no sea asunto de azar y de dolor, de casualidad desordenada y de esfuerzo excesivo. Y aunque se quiera ver sobre esas juventudes la costra de un materialismo craso que no mostraban las anteriores, la verdad es que ella va buscando una espiritualidad nueva”.


Fuente: http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=623:gabriela-mistral-rebelde-sin-fronteras&catid=5:cultura-y-espectaculos&Itemid=6

6 de marzo de 2011

Nicolas Gullen



"Un poema de amor"




No sé. Lo ignoro.

Desconozco todo el tiempo que anduve

sin encontrarla nuevamente.

¿Tal vez un siglo? Acaso.

Acaso un poco menos:

noventa y nueve

años.

¿O un mes? Pudiera ser.

En cualquier forma

un tiempo enorme, enorme, enorme.



Al fin, como una rosa súbita,

repentina campánula temblando,

la noticia.

Saber de pronto

que iba a verla otra vez, que la tendría

cerca, tangible, real, como en los sueños.

¡Qué explosión contenida!

¡Qué trueno sordo

rodándome en las venas,

estallando allá arriba

bajo mi sangre, en una

nocturna tempestad!

¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera

de saludarnos, de manera

que nadie comprendiera

que ésa es nuestra propia manera?

Un roce apenas, un contacto eléctrico,

un apretón conspirativo, una mirada,

un palpitar del corazón

gritando, aullando con silenciosa voz.

Después

(ya lo sabéis desde los quince años)

ese aletear de las palabras presas,

palabras de ojos bajos,

penitenciales,

entre testigos enemigos.

Todavía

un amor de «lo amo»

de «usted», de «bien quisiera

pero es imposible»...De «no podemos,

no, piénselo usted mejor»...

Es un amor así,

es un amor de abismo en primavera,

cortés, cordial, feliz, fatal.

La despedida, luego,

genérica,

en el turbión de los amigos.

Verla partir y amarla como nunca;

seguirla con los ojos,

y ya sin ojos seguir viéndola lejos,

allá lejos, y aun seguirla

más lejos todavía,

hecha de noche,

de mordedura, beso, insomnio,

veneno, éxtasis, convulsión,

suspiro, sangre, muerte...

Hecha

de esa sustancia conocida

con que amasamos una estrella.

Poesía de Juan Gelman.

  Ausencia de amor Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando. Cómo será acostarme en...