4 de diciembre de 2005

Tres Poemas de Rosa Silverio


MI TRISTEZA

Mi tristeza es mía, única, egoísta,
con nadie quiero compartirla
y a nadie hago responsable de ella.
Es un lagarto que me observa desde el techo.
Veo su cola alargada y sus patas diminutas,
sus ojos que miran hacia ninguna parte,
su serenidad oscura y milenaria.
Mi tristeza es cosa de un momento,
de unos días, de un mes,
de un tiempo secreto y solitario,
pues cuando todos me ven sonreír
yo todavía arrullo este sentimiento sutil y delicado
que se estira como el cuello de un cisne.
Mi tristeza es una ola.
En ocasiones me derriba y me lleva mar adentro.
Yo me dejo ir... ¿Acaso tengo otra salida?
Siempre abro los brazos cuando ella viene a mi encuentro.
No le preceden huracanes, ni desgarres, ni huidas innecesarias.
Hay en mí una predisposición natural,
una voluntaria placidez ante esta forma de estar
que nadie comprende
y que no espera ser comprendida por el mundo.
Mi tristeza es un refugio en el que me arrincono
cuando naufragan los barcos y estallan explosivos.
En su seno me duermo y olvido a los peces voladores,
las lenguas de serpientes y los dragones azules.
Mi tristeza es un estanque y un pájaro.
Mi tristeza es un ancla.

SENTIRSE SOLO

Sentirse solo no es carecer de compañía.
Es algo mucho más siniestro y delicado.
Es una sensación de pájaro y agua,
entendiendo que el pájaro ha caído mar adentro
y resulta inútil pedir socorro a la bandada.
Es una línea que se resigna a su viaje solitario,
un copo de sombra perdido en la claridad.
Sentirse solo es abrir los brazos y no recibir golpes,
balas, arañazos, o un corazón abierto y vulnerable
dispuesto a sentir tu corazón.
Es una ausencia de barcos, de peces,
un naufragio, una caída, un ala rota,
una piedra que no habla
y le hace creer a todos que no siente,
pero dentro de ella...
ay, dentro de ella el llanto y la espuma,
murciélagos nocturnos,
alma de tigre y espanto,
blancura y cascada,
suave palpitación de la carne,
temblor secreto que estremece su interior.
Porque sentirse solo es más triste que estar solo.
No hay risa o caracol que disfrace esa melancolía oscura,
esa rotura en el pecho, ese vivir de los recuerdos,
de lo que pudo ser, de la pérdida.
...silencio.
Sentirse solo es más triste que una isla.

LA ESPERA

No sé si es temprano o tarde,
si debo esperar un poco más
o si debo avanzar cuando escuche el gong de las campanas.
No sé si el reloj me anunciará la hora exacta,
el preciso segundo en que debo abrir las ventanas
y volar hacia el jardín de los fantasmas y las sombras.
He esperado mucho tiempo, he perdido las fuerzas,
he visto el sol ponerse cientos de veces
y he aprendido a peinarme los sueños,
a recolocarme los dientes,
sólo para estar lista en el momento
en que ella venga y rasgue todos mis vestidos.
Sin embargo, no sé si esta espera ha sido en vano,
si arrancarme la cabeza aplacará la sed de los gusanos,
o si la angustia se extenderá más allá del derramamiento.
No sé si olvidaré el filo del cuchillo, la tristeza de la carne,
o si inevitablemente cargaré con la memoria, los errores,
las mareas, las serpientes, las dudas y los años
en los que imaginar era mi forma de estar viva.
Es tarde, estoy cansada,
les aseguro que la espera ha sido larga.
¿Falta mucho más para el ocaso?

DIME

Dime, Corazón,
en dónde guardas las sombras y los fantasmas
y allí depositaré los míos.
Dime dónde ocultas el polvo y las telarañas,
dónde encarcelas las tarántulas y los demonios,
en cual vasija de tu interior reposan la sal y los gusanos.
Dímelo al oído, Corazón,
y allí iré yo cuando amanezca
o si lo prefieres,
esperaré a que el sol se pierda entre las montañas
y viajaré sin linternas, sin brújulas, sin mapas.
Andaré desnuda y sin equipajes,
a pesar del frío y de las fieras que puedan atacarme.
Seguiré el viejo camino ensangrentado
hasta llegar al lugar en donde guardas
todas mis dulzuras y secretos,
mis dolores imaginarios,
mi resaca y mi angustia,
la felicidad que aún me resisto a descubrir.
Dime, Corazón,
si hago bien en ir a tu búsqueda,
si es correcto suplicarte que me muestres tus caminos
y que me indiques en dónde,
en dónde guardas las heridas y los recuerdos putrefactos,
en dónde entierras las malezas, el cardo y la locura,
en qué rincón o en qué poema debo yo verter
las soledades, las carencias, los días,
y este miedo a saberme descubierta y vulnerable
ante la terrible inmisericordia de los hombres.

(C) Rosa Silverio

27 de noviembre de 2005

Alejandra Pizarnik


A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

Alejandra Pizarnik

3 de octubre de 2005

YO TE PIENSO


Yo te pienso, no sé
Como algo
Que de repente
Llenó mi vida...

Yo te siento
Aquí en mi soledad,
Que también es tuya
Como una luz
Que aclara mis sentidos.

Yo te veo
A través de mis deseos
Como si fueras el Pan de mi Hambre.

Yo té extraño
Y quiero verte,
Quizás tocarte,
Quizás besarte.


© Francisco Henríquez

29 de agosto de 2005

AMOR A QUEMARROPA. Un libro para leerlo en la Cama


AMOR A QUEMARROPA de Tomás Castro Burdiez
Un poemario para leerlo en la cama.

Todavía la luz no había regresado, el apagón había sido tan intenso como la pasión de los amantes, ya vencidos por las horas y los “me gustas” y los “te quiero”. Cada poema equivalía a un orgasmo y cada orgasmo a una muerte dulce.
Son 650 pesos, la Presidente es cortesía de la Cabaña. No hay de que, es un placer servirlos. Amigo, se le olvidó esto. Que? Es un libro y parece interesante: "Amor a Quemarropa". Si le interesa puede quedárselo, sólo le advierto que tiene que estar enamorado para leerlo y si no lo está terminará enamorándose. Además es recomendable que se lea en la cama, antes durante y después. Disculpe el desorden que dejamos en el cuarto. No se preocupe, eso es el amor, un desorden.

Francisco Henriquez Rosa

28 de agosto de 2005

Poemas de Tomás Castro Burdiez



Tomás Castro Burdiez
Nació en Santo Domingo el 7 de abril de 1959. Poeta, periodista, editor y animador cultural. Pertenece a la Generación de Escritores de los 80. Hizo estudios de literatura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de periodismo en el Instituto Dominicano de Periodismo. Fue director del Taller Literario César Vallejo y del Colectivo de Escritores Dominicanos.










Ahora Escalera Abajo


No
no descendemos del mono
ni de hembra y varón alguno
descendemos
de un hotel.


Defunción.

Cuando
libremente
te despojas de la ropa
el mundo
cabe
entre tus piernas
pubis abierto
despejada avenida
por donde
desesperadamente
transita el deseo
tan desnudo
como el niño
que nunca
te morderá
los senos
que lejos
de tocar
tu cordón
umbilical
quedará con sus ojos
cerrados
hasta el nunca luz
quizás
dios lo ignore
pero hay
un ángel escurridizo
llorando
la muerte del que
no alcanza
nuestras manos
pausadamente
la ropa
vuelves a tu piel
olvidando que
una vida cegada
cupo
entre tus piernas.



Memorias de Adolescente


Hoy me entran ganas de sumar
las veces que a mi lado te tuve
con las que eras
parte de la distancia
desde que te hiciste lejanía
en la lluvia y los cuadernos
te recuerdo
en el teléfono y la escalera
te recuerdo
en donde quiera --estés o no--
te recuerdo
no te extrañe si me ves
recogiendo los últimos vestigios
de la bandera que una vez levantamos
esta guerra la perdimos los dos
la mitad tú
la mitad yo.


ANÓNIMA CON CAMPANAS DE FONDO


Tin tan dónde estará
la que iba a la iglesia
los domingos de mi infancia
la que en vez de mirar al púlpito
me hacía mirarla
tin tan dónde estará
la que por estas calles
transitó junto a mi niñez
moviendo su minifalda multicolor
la que una vez se detuvo en casa
y la puerta pareció arrodillarse
ante su risa
y pidió agua
mirándome con sus ojos
sin dueño
y bebió en aquel
vaso que chorreó
agua por el crucifijo de su pecho
que pena su sed no fuera más grande
para vaciar en sus labios
el planeta
tin tan dónde estará
aquella que se perdió
en la mañana de mi infancia.


NEGACIÓN DE LA COSTILLA


Amontono dudas en mí
cada vez que como marea voraz
subo por tu cuerpo amplio
buscándome
encontrándome
ese espejo mío que te vuelves desnuda
de qué dulce materia está elaborado
el chorro de humanidad que late en ti
de qué materia las maravillas gemelas
que cuelgan de tu pecho
de qué buena manera desempolvar
los enigmas
acumulados en tus pasos sobre el planeta
reniego a creer que eres la que eres
por ser materia de una costilla antigua
no admito esa teoría de huesos
eres mucho más que la blanca
acumulación de oseína
pido desafiando mitos y osamentas
la revisión del primer hombre
miren esta mujer
tiernamente rebelde
que se impone más allá del hueso.


CONOCER LA NOCHE


Para conocer la noche
hay que apagar las estrellas.



AMOR SOBRE TODAS LAS COSAS


Centro de mis pasos
mujer
te mimo
te cielo
te aterrizo
me gusta amarte
sobre el techo
sobre el piso
sobre la arena
sobre la mesa
sobre todas las cosas
en particular
sobre la cama
y por qué no
quererte
de lunes a domingo
a doble fuego
los días feriados
en sí
amarte más
de lo que dios manda


CONCIERTO A PUERTAS CERRADAS


Con estas manos hechas para ti
quiero
uno a uno tocar
los instrumentos de tu cuerpo

al palparte
me salen tonos
partituras

música en fin
de todas partes

se precisa un golpe
de batuta

para tocarte sin desafinar

estás llena de violines
en ti los pájaros ensayan
sus últimas canciones
en ti debuta una alta fidelidad

que termina
entre mis dedos

haciéndote fraterna
amo tus instrumentos

cuando me inundas de sonidos
cuando tu cuerpo me nombra
el músico más grande



que nadie se sienta herido
ni bach ni beethoven
ni los trompetistas del juicio final

eres un concierto
que sólo yo puedo tocar.

© Tomás Castro

16 de agosto de 2005

Habla Gabriela


¡América, América! Todo por ella, porque todo nos vendrá de ella, desdicha o bien.
Somos aún México, Venezuela, Chile el azteca español, el quechua español, el araucano español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.
Maestro: Enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero.
Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí.
No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal.
Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta mexicana, la verde estepa de Venezuela, la negra selva austral. Dilo todo de tu América; dí como se canta en la Pampa argentina, como se arranca la perla en el Caribe, cómo se puebla de blancos la Patagonia.
Periodista: Ten la justicia para tu América total. No desprestigies a Nicaragüa para exaltar a Cuba; ni a Cuba para exaltar a la Argentina. Piensa en que llegará la hora en que seamos uno, y entonces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.
Artista : Muestra en tu obra la capacidad de finura, la capacidad de sutileza, de exquisitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu Darío y a tu Nervo. Cree en nuestra sensibilidad que puede vibrar como la otra.
Manar como la otra, la gota cristalina y breve de la obra perfecta.
Industrial : Ayúdanos tú a vencer, o siquiera a detener la invasión que llaman inofensiva y que es fatal, de la América rubia que quiere vendérnoslo todo, poblarnos los campos y las ciudades de sus maquinarias, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar. Instruye a tu obrero, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial: tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas.
¿Odio al yankee? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y de oro: a su voluntad y a su opulencia.
Dirijamos toda actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: la América española una unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que le da el Norte.
Nosotros ensoberbecimos a ese Norte con nuestra inercia; nosotros estamos creando, con nuestra pereza, su opulencia; nosotros le estamos haciendo aparecer, con nuestros odios mezquinos, sereno y hasta justo.
Discutimos incansablemente, mientras él hace, ejecuta; nos despedazamos, mientras el se oprime, como una carne joven, se hace duro y formidable, suelda de vínculos sus Estados de mar a mar; hablamos, alegamos, mientras él siembra, funda, asierra, labra, multiplica, forja, crea con fuego, tierra, aire, agua, crea minuto a minuto, educa en su propia fe y se hace por esa fe divino e invencible. ¡ América y sólo América! ¡qué embriaguez para semejante futuro, qué hermosura, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!

Gabriela Mistral, 1922
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La poesía contra la guerra

Letanía de las ganancias de guerra Allen Ginsberg Dedicado a Ezra Pound Estos son los hombres de las compañías que han sacado               ...