11 de mayo de 2011

Adios A Sabato

 Mario Sabato: “Mi padre tenía una vitalidad trágica”


Un emotivo homenaje a Ernesto Sabato El público llenó ayer la enorme sala Jorge Luis Borges para recordar al autor, que murió el sábado. En una charla de tono cálido, su hijo contó cómo era el escritor en la casa y habló de su madre, Matilde.

POR Andrés Hax - ahax@clarin.com
Etiquetado como: Mario Sabato Ernesto Sabato El destino decidió que 2011 sea un año de despedidas de grandes figuras de las letras argentinas: primero María Elena Walsh, seguida por David Viñas y el sábado, el gran Ernesto Sabato. Anoche, en un atardecer helado en el enorme pabellón Jorge Luis Borges, el segundo hijo de Ernesto Sabato —el cineasta, Mario— enfrentó noblemente la dolorosa tarea de recordar públicamente a su padre en un homenaje que estaba programado previamente como un tributo al escritor que en 24 junio iba a cumplir 100 años. Se trataba de una charla y la proyección de “Sabato, mi padre”, un documental que hizo Mario y del que al escritor le mostraron sólo 40 minutos “para que no reviviera momentos dramáticos”.
Antes de salir al escenario sonaba la musica de Adiós Nonino de Piazzolla y otros tangos que tanto le gustaban a Sabato.
La forma que tomó el homenaje fue un reportaje público en el cual el presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, Juan Carlos D’Amico, entrevistó a Mario Sabato. Antes de comenzar D’Amico pidió disculpas a los periodistas por las posibles torpezas que podría cometer por no ser del rubro. Sin embargo, resultó ser un interlocutor ideal, ya que hizo preguntas que tal vez un periodista no se hubiera animado a formular por pudor de hacer cuestionamientos sumamente íntimos en un momento tan difícil. El resultado fue un encuentro cálido.
Por ejemplo, D’Amico le dijo a Mario: “Ernesto Sabato fue siempre un hombre que padeció llevar como carga muchas de las desgracias que ocurren en el mundo… ¿Transmitía esa pesadumbre en el ambiente familiar?” Y Mario, encorvado en su asiento, mirando hacia la mesa donde se sentaba sobre el escenario delante de casi mil personas, con su pelo gris y un saco gris, respondió: “Trataba de hacerlo, pero no lo dejábamos mucho. Vamos a ser sinceros: era bastante hinchapelotas con eso. No se puede estar triste todo el tiempo, angustiado todo el tiempo… Todo era una exageración. Vivió esa exageración…” ¿Cómo era Ernesto? El hijo lo tenía calado: “Parecía muy duro, pero no lo era tanto. Se escudaba detrás de esos anteojos de armazón grueso y negro”.
Un conocido de Ernesto Sábato, quien estuvo en más de diez cumpleaños del escritor, comentó la increíble semejanza de la voz de Mario y la de su padre; la entonación, las pausas, la melodía. En lo que fue el momento más desgarrador de la noche, D’Amico le pidió que Mario repitiera lo que dijo hoy a la mañana en el entierro. Fue el único momento en el cual se le quebró la voz al hijo de Ernesto (su hermano Jorge, murió en un accidente automovilístico en 1995): “Mi homenaje chiquito es decirle a mi padre y mi madre y a mi hermano que me voy a hacer cargo de la familia. Ahora soy el jefe de la familia.” Al principio de la charla D’Amico anunció que la casa de Sabato en Santos Lugares será declarada patrimonio provincial y convertida en un casa museo “para estar cerca de Sabato el mayor tiempo posible.” Esa casa, se sabe, fue un lugar importante en la vida del escritor. Ayer, Mario contó que, antes que su familia, la habitó el escritor brasileño Jorge Amado.
Mario hizo un homenaje muy sentido a su madre Matilde Kuminsky. Dijo que vivió para sostener, impulsar y estimular a su padre y que postergó su propia carrera como escritora. Sobre el final de su vida publicó dos libros, uno de cuentos y uno de poemas.
Mario aludió a la figura pública de su padre y la reacción del publico frente a su muerte:“En estos dos días tumultuosos, ha sido maravilloso sentir la compañía de la gente. Papá no nos pertenecía, le pertenecía a toda esa gente que fue a darle su último adiós y eso me da alegría y orgullo.” La frase de Mario que resume en una línea el luto del hijo fue: “Mi padre tenía una vitalidad trágica”.

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