22 de abril de 2009

Literatura Mediocre en Nueva York


La primera obra que debería tirarse a la hoguera es aquella novela defectuosa que publiqué en 1990. Fue tan defectuosa la obra como los lectores que conquistó en la comunidad del alto Manhattan y otros escenarios de Nueva York. Por eso circularon bien las dos ediciones que lancé ilusionado. Pero del trato al maltrato, quedó el mal de una época de puras sandeces; y lo peor es que al cabo de casi veinte años muchos siguen en la misma.

Es mi respuesta al comentario de un lector de un diario virtual que intenta atacar mi posición autocrítica sobre los años ochenta. Lamentablemente en mi revisión de los hechos y “desechos” literarios de aquella época no se salva una sola obra de la diáspora marginal. Lo de diáspora marginal lo adopto para dejar a los dominicanos la libertad de matener la bandera en alto por nuestro flamante Premio Pulitzer Junot Díaz y el éxito de vitrina de Julia Alvarez .

El Nueva York literario que me tocó vivir, especialmente ese enclave de Washington Heights, fue entonces y sigue siendo un escenario propicio para un rodaje intacto de Rebelíon en la granja, esa novela satírica de George Orwell donde los animales se imponen a los seres humanos.

Mediocre City, así vengo llamando al Washington Heights de mis recuerdos literarios. Allí todo es posible, por eso nada es extraordinario. No puede haber literatura buena donde no se registra nada extraordinario. Y cuando ocurren cosas que pudieran dar luz y fuerza a nuestra imaginación, las pasamos por alto por la incapacidad de observación, el ego que nos caracteriza y la falta de sensibilidad.

¿Qué más puedo decirle a ese anónimo lector-escritorzuelo que se dio por aludido en mi artículo “El reclamo de la poeta Miriam Ventura", publicado en mi blog personal, en el virtual Diario Horizonte y otros medios de comunicación?

El anónimo en cuestión dice que “lo curioso es que él (o sea yo, José Carvajal) parece olvidar que sus libros forman también parte de este grupo de obras que no sirven”.

Lo anterior se refiere al siguiente párrafo de mi artículo: “El tiempo nos ha demostrado que el camino que emprendimos en los años ochenta no dio el fruto que se esperaba. Hablo por supuesto en materia literaria. El resultado ha sido un puñado de obras tan defectuosas que no sirven ni siquiera para alimentar la caldera de ningún edificio del alto Manhattan”.

Que yo sepa, en ningún momento me excluyo. Asumo la responsabilidad que me toca, e invito a los demás a asumir la suya. De modo que se haga la luz y se vean todas las virtudes y los defectos.

Por ahora me despido con una cita del Premio Nobel de Literatura 2008, el francés J.M.G. Le Clézio: "Todo es liso y puro, invisible en la noche”

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