14 de enero de 2007

ALEXIS GÓMEZ ROSA "Calié de la palabra"


“A propósito de un poeta” Pues como te iba diciendo



Tener la predilección de un poeta no es lo mismo que tener la predilección por un cantante o un pelotero.
El cantante por mas que te guste, pasa de moda y, aunque te siga gustando solamente te gustaba mucho cuando estaba “pegado”. Sobre el pelotero tiene que ver mucho su promedio de producción y a veces te desencantas cuando lo cambia de equipo.
El poeta no, sigue siendo el mismo; sigue sangrando multitudes y rebeliones y siempre está escapando del y buscando el infortunio. El poeta te dice lo que no sabes y que sientes, te lee la mano con la palma de su libro, llora contigo las peores alegrías y se exilia contigo cuando ve que la noche no quiere ser tu cómplice.
Creo en la poesía como aventura de lo no-dicho y como columpio de la realidad que no se mece. Este es el caso del Poeta Alexis Gómez Rosa, poeta aventurero y agente secreto de la palabra publica, es como decir un “calié literario”, donde no se salva una rima que pueda ser subversiva. Es el único poeta que se ha visto con saco, en pantalones cortos y en chancletas y que tomar vino o ron para él es un asunto de interpretación gutural.




En esta tierra de oro,
Yacen, colectivamente,
Los chinos de Bonao: amigos
Del Jefe y del país.
La comunidad cantonesa
En República Dominicana,
Siempre laboriosa y altruista,
Ruega a Dios, todopoderoso,
Por el eterno descanso
De estos comerciantes politeístas:
El oído del mundo.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994



¡Válgame Dios! ¡Por fin
la muerte! Ciñe de la poesía
su diadema. Sobre la mesa
dejo el romance, el soneto y la lira,
para ganar en piedra
o mármol tu homenaje postrero,
es mi tormento mayor.
Así termina y se oferta
Mi obra, de un polvo a otro
Con fin, (¡sálvame Dios!),
Rodeado por el diapasón
De tu lengua.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994



Una pena me embarga,
Mi hermano,
El día de mi entierro,
No podré contabilizar
Los asistentes.
De: Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, 1994



Muchos vieron arder la sombra en la madrugada
Del puente.

Casas dormitando su miseria en el río
Después de un nutrido bombardeo… vuelve,
Volvió a ser roble la ceniza:

Piedra caribe
El muro gnomo y la casa de oración…
Abrió luego su pórtico el aullido. Oremos.

Vísceras de menesterosos, ¿quién dijo?
Cartílagos de plástico, fibras de vidrio y poliéster
Por las reventadas vitrinas, hierve la vida
En un oscuro convivio de ratas invioladas,
Colgados maniquíes en desfile,
Frente a mis ojos:
Chorreantes las luces de mercurio.
De: La tregua de los mamíferos, 2005.

1 comentario:

María Inés dijo...

Mientras viva un poeta en un trozo de corazón de un humano la poesía no morirá. ¡Qué viva la poesía!!!!!

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