28 de marzo de 2006

MANUEL RUEDA Y EL CONTRAMOR






CONTRAMOR



Anónima y desnuda
así te quiero
sobre mi lecho
sin nombre ni palabra
toda acto
de amor
brazos tan sólo
boca senos cadera
escalofríos
así ofrecida
sin arrepentimientos y sin alma
con voluntad de ser y de extinguirte
en cada uno de tus besos:
olvido puro en las mudanzas
del amanecer.

II

Nada me sirve en el instante de tenderme junto a ti
como no sea tu misma.

Nada me sobra sino tú
que opones tu presencia a tu cuerpo
tu mirada a ese deseo puro de tus ojos.

Nada me sobra tanto como la tiranía de tu amor
que no me deja amarte como debo.




FESTÍN DE LOS INSTINTOS.



Cuerpo que naces de la oscuridad
del caos de ti mismo.
Te mueves y la sombra te perfila.
Sombra que existe como luz
tal vez olvido
en la penumbra de un volumen
inevitablemente trunco.
Cuerpo
que has llegado en constancia de los cuerpos
inconcluso al deseo
o a la belleza feliz de conocerse.

Sombra y silencio te revelan:
sucesivos espejos
brillos negros
donde florecen margaritas calcinadas.

Te huelo con alientos y sudores mortales
te pulso como cítara y como salmo te entono
bebiéndote arrasándote rehaciéndote
fuente nocturna donde me hundo
para extraer un rostro conocido
de tu convulso fondo de materias.
Cuerpo en que se suman los cuerpos y las formas
hecho de gracias renovadas
te sumerges
y apareces cambiado por mis manos
en el inacabable festín de los instintos.

(R) Manuel Rueda

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