21 de marzo de 2006

CITAS DE LIBROS








ISABEL ALLENDE



La escritura es una larga introspección,
es un viaje hacia las cavernas más oscuras
de la conciencia, una lenta meditación.

Escribo a tientas en el silencio y por el camino
descubro partículas de verdad, pequeños cristales
que caben en la palma de una mano y justifican
mi paso por este mundo.

Cuando las circunstancias nos empujan a los extremos
despiertan nuestros peores instintos y la historia da un vuelo trágico,
porque los mismos hombres que en la vida cotidiana parecen mansos,
al contar con impunidad y un buen pretexto
suelen convertirse en fieras sanguinarias. (refiriéndose a Pinochet)

La mente selecciona, exagera, traiciona,
los acontecimientos se esfuman,
las personas se olvidan y al final
sólo queda el trayecto del alma,
esos escasos momentos
de revelación del espíritu.

Un día más de espera, uno menos de esperanza.
Un día más de silencio, uno menos de vida.

En el mundo de los sueños
hay paisajes y personas que yo conozco,
allí exploro infiernos y paraísos,
vuelo por el cielo negro del cosmos
y desciendo al fondo del mar
donde reina el silencio verde,
encuentro decenas de niños de todas clases,
también animales imposibles
y los delicados fantasmas
de los muertos más queridos.

Las novelas se hacen con dementes y villanos,
con gente torturada por sus obsesiones,
con víctimas de los engranajes implacables
del destino.

El proceso alegre de engendrar un niño,
la paciencia de gestarlo, la fortaleza
para traerlo a la vida y el sentimiento
de profundo asombro en que culmina,
sólo puedo compararlo al de crear un libro.
Los hijos, como los libros,
son viajes al interior de una misma
en los cuales el cuerpo, la mente y el alma
cambian de dirección, se vuelven hacia
el centro mismo de la existencia.

En otras culturas las ancianas se visten de negro,
se amarran un pañuelo a la cabeza,
se dejan el bigote a la vista
y se retiran de la agitación mundana
para consagrarse a ritos piadosos,
lamentar sus muertos y atender a sus nietos,
pero en Norteamérica realizan esfuerzos grotescos
para verse siempre saludables y contentas.

Ignoro cómo y por qué escribo,
mis libros no nacen en la mente,
se gestan en el vientre, son criaturas caprichosas
con vida propia, siempre dispuestas a traicionarme.
No decido el tema, el tema me escoge a mí,
mi labor consiste simplemente en dedicarle
suficiente tiempo, soledad y disciplina
para que se escriba solo.

El problema con la ficción es que debe ser creíble,
en cambio la realidad rara vez lo es.

La novela es un proyecto de largo aliento
en el cual cuentan sobre todo la resistencia
y la disciplina.

En un cuento, en cambio, todo se ve,
no debe sobrar o faltar nada,
se dispone del espacio justo y de poco tiempo,
si se corrige demasiado se pierde esa ráfaga
de aire fresco que el lector necesita para echar a volar.

La novela se hace con trabajo,
el cuento con inspiración;
para mí es un género tan difícil
como la poesía...

Si escribo algo, temo que suceda,
si amo demasiado a alguien temo perderlo;
sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar...

Con cada amor volvemos a nacer
y con cada amor que termina
se nos abre una herida.
Estoy llena de orgullosas cicatrices.

Citas tomadas del libro PAULA de la escritora Isabel Allende.
Págs.: 17,22,31,85,95,149,210,256,286,310,330,340,346. (c)

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