7 de junio de 2016

Poesía a domicilio


Lo Triste del Amor
(Soneto)


Lo triste del amor no es el olvido
tampoco puede ser el mal recuerdo
puede ser quizás el beso que muerdo
o la nostalgia que siempre he vivido.

Lo triste no es pensar que se ha querido
mas allá de lo absurdo y de lo cuerdo
en el amor malsano no hay acuerdo
porque al final se queda malherido.

Lo triste del amor son sus colores
que se destiñen al pasar los días
y pierden el aroma de sus flores

como alocado tren pierde sus vías
como postrado Rey sin sus honores
interrumpe el dolor su travesía.


Poema postrero


Deja correr tu voz por mi garganta
y conviértela en beso fermentado
no apagues la luz de tu sonrisa
y convierte tus ojos en dos trompetas.

Después que tu lengua recorra mi cielo
aterriza en mi espanto y dibuja tu sueño
que mi saliva hará una antorcha de tu alma.

Tus labios como frescas legumbres
convertirán mis ansias laberintos
y mis ojos que ya son los tuyos

serán las ventanas del cielo.


Francisco Henriquez Rosa

4 de junio de 2016

Lo que quisiera





(Soneto)

Quisiera recordarte y estás muy lejos.
quisiera escucharte y tu voz no me suena.
me quedo esperando tu amor, los reflejos.
cual el reo perpetuo que espera condena.

No escatimaré el encanto de un beso.
el toque de tus manos y de tus pechos.
Escarbaré tu cuerpo entre los lechos.
De aquellas noches en que hoy me siento preso.

Que te puedo ofrecer, sólo mis dientes,
O mis manos mis ojos, mi esqueleto,
Que de tus ansias siempre está repleto.

Que ya no sabe lo que es ser paciente
Que muere lejos como el sol ardiente
Y vive en luna de tu amor completo.


Francisco Henriquez Rosa

28 de mayo de 2016

A La Madre



Delante de ti me veo en el espejo que no acepta cambios,
ni corbata nueva ni peinarse en esta forma.

Lo que veo es eso que tú ves que soy, el pedazo desprendido de tu sueño,la esperanza boca abajo y cubierta de vómitos.
Oh madre, tu hijo es éste, baja tus ojos para que calle el espejo
y podamos reconciliar nuestras bocas.
A cada lado del aire hablamos de cosas distintas con iguales palabras.
Eres una columna de ceniza (yo te quemé),
una toalla en la percha para las manos que pasan y se frotan,
un enorme búho de ojos grises
que espera todavía mi nombramiento decorativo,
mi declaración conforme a la justicia,
a la bondad del buen vecino, a la moral radiotelefónica.
No puedo allegarme, mamá, no puedo ser lo que todavía ves en esta cara.
Y no puedo ser otra cosa en libertad,
porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen que me aplasta,
el hijo, verdadero y a medida de la madre,
el buen pingüino rosa yendo y viniendo
y tan valiente hasta el final,
la forma que me diste en tu deseo:
honrado, cariñoso, jubilable, diplomado.

Julio Cortázar


A mi madre

Aquí, a la sombra tranquila y pura
con que nos brinda grato el hogar,
oye el acento de la ternura
que en tus oídos blanda murmura
la dulce nota de mi cantar.

La voz escucha del pecho amante
que hoy te consagra su inspiración,
a ti que aun eres tierna, incesante,
de amor sublime, de fe constante,
raudal que aliento da al corazón.

Mi voz escucha: la lira un día
un canto alzarte quiso feliz,
y en el idioma de la armonía
débil el numen ¡oh, madre mía!
no hallo un acento digno de ti.

¿Cómo tu afecto cantar al mundo,
grande, infinito, cual en sí es?
Me basta si te miro,
si la dicha y el bien sueño a tu lado,
porque tu vista calma
los agudos tormentos de mi alma.

¡Ay! Que sin ti, bien mío,
mi espíritu cansado languidece
cual planta sin rocío,
y con sombras mi frente se oscurece,
y entre congoja tanta
mi corazón herido se quebranta.

Oye mi ardiente ruego,
oye las quejas de mi angustia suma,
y generoso luego
olvida que la pena que me abruma
te reveló mi acento
en horas ¡ay! de sin igual tormento.

Escúchame y perdona:
que ya mi labio enmudeciendo calla,
y el alma se abandona
con nuevo ardor a su febril batalla,
y débil mi suspiro
se pierde de las auras en el giro.

¿Cómo pintarte mi amor profundo?
Empeño inútil, sueño infecundo
que en desaliento murió después.

De entonces, madre, buscando en prenda,
con las miradas al porvenir,
voy en mi vida, voy en mi senda,
de mis amores íntima ofrenda
Que a tu cariño pueda rendir.

Yo mis cantares lancé a los vientos,
yo di a las brisas mi inspiración;
tu amor grandeza dio a mis acentos:
fine fueron tuyos mis pensamientos
en esos himnos del corazón.

Notas dispersas que en libres vuelos
y a merced fueron del huracán,
pero llevando con mis anhelos
los mil suspiros, los mil desvelos
con que a la Patria paga mi afán.

Hoy que reunirlas plugo al destino,
quiero que abrigo y amor les des:
esa es la prenda que en mi camino
al soplo arranco del torbellino,
y a colocarla vengo a tus pies.

Salomé Ureña de Henriquez








13 de mayo de 2016

Olvidar, para que?



(poema inspirado en un cuento de Silvina Ocampo)

Podría haberte olvidado
pero mis días
tienen mas de 24 horas
y tus labios
mas calor
que todos los fuegos.

No puedo olvidarte
porque eres memoria
y la historia de tus ojos
lo dicen
con tu mirada
de deseos.

El olvido no existe
en mi discurso
porque tu lo escribiste
con el volumen azul
del beso eterno.

Olvidar para que?
Si es el recuerdo
compañero cercano
de esos momentos
que entibian el corazón.

A veces olvidar es recordar
por el afán terrible
de buscar en la memoria
los fragmentos
perdidos
de esos momentos
únicos en dulzura.

Y ya no me acuerdo si te olvido
o te recuerdo
solo se que fuiste y no seras
aunque tenga la memoria

manchada de tu nombre.

Francisco Henriquez Rosa

16 de abril de 2016

¿POR QUÉ ESCRIBIR UN DIARIO?

5 ESCRITORES TE CONVENCERÁN PARA HACERLO



Escribir un diario no es para todos: hay quien lleva haciéndolo desde los 10 años, ininterrumpidamente, con verdadera devoción y quien se sienta delante de una libreta por obligación y tentado está de hacer enumeraciones de acciones y menús como cuando era pequeño. Hay quien asegura que despeja la mente y la libera de problemas, y quien piensa que escribir sobre sí mismo no hará más que aumentar los quebraderos de cabeza. Por supuesto, los hay también de trabajo, pero hoy hablaremos de los beneficios de escribir un diario personal, signifique lo que signifique eso. Porque son muchos los escritores que escribieron un diario durante toda su vida y que están convencidos de que tuvo una positiva influencia -puede que incluso fundamental- sobre su creatividad.
Uno de ellos es Anaïs Nin, escritora de diarios por excelencia, y que de hecho, pasó a la historia de la literatura por la calidad de los mismos. Ella dijo: “Fue mientras escribía un diario que descubrí cómo capturar los momentos de vida. Llevar un diario durante toda mi vida me ayudó a descubrir algunos elementos básicos esenciales para la vitalidad de la escritura.

Cuando hablo de la relación entre mi diario y la escritura no pretendo generalizar sobre el valor de escribir un diario, ni aconsejar a nadie a hacerlo, sino simplemente extraer de este hábito ciertos descubrimientos que pueden ser fácilmente incorporados a otros tipos de escritura.
De ellos, el más importante es la naturalidad y espontaneidad. Estos elementos surgieron, he observado, desde mi libertad de selección: en el diario sólo escribía sobre lo que me interesaba realmente, lo que sentía con más fuerza en ese momento, y este fervor, este entusiasmo produjo una viveza que a menudo se marchitó en mi trabajo formal. La improvisación, la libre asociación, la obediencia al estado de ánimo, la impulsividad, las innumerables imágenes, retratos, descripciones, bocetos impresionistas, experimentos sinfónicas, a los que podía acudir en cualquier momento a por material”.
También a Virginia Woolf le gustaba escribir en su diario, y utilizaba un cuaderno diferente cada año. A su muerte, había llenado 27 tomos. Gracias a ellos, explica, encontraba “diamantes en bruto”. Así, explicaba “Me doy cuenta, sin embargo, de que lo escrito en este diario no cuenta como escritura, ya que acabo de releer el diario del pasado año y estoy muy impresionada por el galope desordenado y rápido del texto, que a veces, de hecho, da sacudidas casi intolerables sobre los adoquines. Pero si no lo hubiera escrito más rápido que la más rápida máquina de escribir, si me hubiera detenido a pensar, nunca lo habría escrito; y la ventaja del método es que propaga accidentalmente divagaciones que habría excluido de haberme parado, pero que son diamantes en medio del basurero”.
André Gidé, otro famosos diarista que mantuvo el hábito durante 60 años seguidos, explicaba sus ventajas desde un punto de vista más personal: “Un diario es útil durante conscientes, intencionales, y dolorosas evoluciones espirituales. Entonces es cuando uno quiere saber dónde está parado … Un diario íntimo es interesante sobre todo cuando se registra el despertar de las ideas; o el despertar de los sentidos en la pubertad; o incluso cuando uno siente que está muriendo”.

Y lo mismo ocurre con Franz Kafka, a quien el diario le ayudaba a reconciliarse consigo mismo “Una de las ventajas de llevar un diario es que uno se da cuenta con tranquilizadora claridad de los cambios que se sufren constantemente y que de manera general se admiten naturalmente, se creen, se recuerdan, pero que inconscientemente se niegan cuando se ese reconocimiento nos sirve para sentirnos más esperanzados o en paz. En el diario se encuentra la prueba de que en situaciones que hoy parecerían insoportable, uno vivió, miró a su alrededor y anotó observaciones, que su mano derecha se movió entonces como lo hace hoy en día, cuando podemos ser más sabios porque podemos mirar hacia atrás y ver cómo eramos antes, y por esa misma razón hemos de admitir la valentía de nuestro esfuerzo anterior en el que persistimos incluso en completa ignorancia”.
Por último, los beneficios que nos propone Susan Sontag parecen algo más retorcidos: “Sobre llevar un diario: Es superficial entender el diario como un simple receptáculo de los pensamientos secretos, privados de alguien- como un confidente que es sordo, mudo y analfabeto. En el diario no sólo me expreso de manera más abierta de lo que podría ante cualquier otra persona; me creo a mi misma.
El diario es un vehículo para mi sentido de la individualidad. Me representa como emocionalmente y espiritualmente independiente. Por lo tanto (por desgracia) no se limita a constatar mi vida real, sino más bien – en muchos casos – ofrece una alternativa a la misma.
http://www.libropatas.com/

26 de febrero de 2016

Ruben Dario



To Roosevelt 

It is with the voice of the Bible, or verse of Walt Whitman,
that we should reach you, Hunter!
Primitive and modern, simple and complicated,
with a bit of Washington and a bit of Nimrod.
You are the United States,
You are the future invader
the naive America who has Indian blood,
that still prays to Jesus Christ and still speaks Spanish.

You are a proud and strong exemplar of your race;
you are cultured, you are clever, you oppose Tolstoy.
And breaking horses, or murdering tigers,
you are an Alejandro Nebuchadnezzar.
(You're a professor of energy,
as today's madmen say.)
You think life is fire,
that progress is eruption;
where you put your bullet
you put the future.

No.

The United States is strong and big.
When it shakes there is a deep tremor
through the enormous vertebrae of the Andes.
If you clamor, you hear the roar of the lion.
Hugo said to Grant: "The stars are yours."
(Just shining, rising, Argentine sun
and the Chilean star rises ...) You're rich.
Join Hercules' cult to Mammon's;
and lighting the path to easy conquest,
Liberty raises her torch in New York.

But our America, which had poets
from the old days of Netzahualcoyotl,
you have saved in the footsteps of the great feet of Bacchus
panic in the alphabet learned a while;
who consulted the stars, that knew Atlantis,
whose name comes to resonate in Plato
Since the ancient times of your life
living light, fire, perfume, love,
America's great Montezuma, from the Inca,
redolent of America by Christopher Columbus
Catholic American, Spanish American,
The America where noble Cuahtemoc said:
"I'm not a bed of roses" that America
trembles in hurricanes and lives in Love,
men of Saxon eyes and barbarous soul lives.
And dreams. And loves, and vibrates, and is the daughter of the Sun
Be careful. Live the American Spanish!
There are thousand of puppies loose Leon Spanish.
Be required, Roosevelt, being God himself,
Rifleman the terrible and strong Hunter,
order to keep us in your tight grip.

And, You may count it all, missing one thing: God! 

16 de febrero de 2016

La mujer en las crónicas de Rubén Darío

Por Esther Andradi.
La Jornada Semanal.



Llegué a Rubén Darío caminando entre las piedras de tres biografías del siglo XIX entre Buenos Aires y Lima: Juana Manuela Gorriti, Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera, tres escritoras, tres amigas, tres periodistas exiliadas y rebeldes, que vieron morir el siglo en medio de turbulencias. Clorinda Matto de Turner, excomulgada y exiliada en Buenos Aires; Mercedes Cabello de Carbonera, difamada, acusada de locura, encerrada en un manicomio en Lima, Perú; Juana Manuela Gorriti sobre el fin de su vida, regresando a Argentina, el país de sus orígenes.
Cuando, en 1898, el poeta nicaragüense Rubén Darío comenzaba a publicar sus crónicas en el diario La Nación de Buenos Aires, hacía dos años que Clorinda había fundado en esa ciudad el periódico El Búcaro Americano, que iba a editar hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 1909.
El paralelismo de estos mundos es poco menos que desconcertante. Otro amanecer se filtraba a través de los muros de una sociedad cerrada. Años de fisura, de cierre, de desplantes y revueltas, la belle époque y el anarquismo, socialistas en ciernes, el colonialismo, la desunión americana y el avance gringo, la revolución profundamente industrial, el dirigible y la máquina, el automóvil desplazando al caballo, la gran guerra que se avecinaba, madame Curie y su esposo, estrellas de laboratorio; Isadora Duncan garabateando descalza un graffiti en la escena del ballet; las sufragistas inglesas escupen el té y promueven involuntariamente un adelanto en la fotografía: por primera vez se pondrá en práctica un antecesor del teleobjetivo moderno, es decir, la fotografía a distancia y a escondidas, para identikit de las subversivas señoras.
Darío llega desde Managua hasta el sur de América en busca de Europa, pero descubre que Buenos Aires está muy lejos de París. Desde 1892 hasta su muerte, en 1916, se dedica a escribir crónicas periodísticas desde su lugar de residencia: Santiago de Chile, Buenos Aires, Madrid, París. Casi un cuarto de siglo registrando la cotidianidad, las costumbres, las visiones, lo que vendrá. Al mismo tiempo escribía lo mejor de su poesía, y mantenía una correspondencia intensa con personalidades de la cultura de América y Europa.
La lectura de las crónicas de Darío permite pasearse por escenarios del lujo, el delirio de entre siglos y entrever los albañales de la historia. Poco de lo que sucedía le fue ajeno y de todo o casi todo opinó con su boca grande y carnosa, y puedo imaginarlo, hasta oírlo, celebrar con su voz cada una de sus ironías. “Van aquí mis opiniones y sentires, sobre cosas vistas e ideas acariciadas. No busco el que nadie piense como yo, ni se manifieste como yo. Libertad, libertad, mis amigos...” escribió. Y sin duda su voz iluminó escenarios y oscureció otros, con la misma intensidad.
Darío publicó varios volúmenes con sus crónicas: Opiniones, Todo al vuelo, Peregrinaciones, España contemporánea, Parisiana, El viaje a Nicaragua, Letras, La caravana pasa, Tierras solares, porque las consideraba tan literatura como su poesía, “aunque ni contribuyeran a su fama inmediata ni le brindaron beneficio económico alguno”, según escribe el estudioso alemán Günther Schmingalle.
La circulación de las crónicas darianas en esa bisagra entre siglos es un registro a la vez de la política editorial de La Nación, uno de los diarios más importantes de América, viendo a la distancia aquello que se releva, se elige, se silencia, se difunde: es decir, cómo se estructura la llamada objetividad.
Dos elementos me interesa destacar de la escritura del poeta: la irrupción de la crónica modernista y, dentro de ella, su mirada respecto de sus colegas escritoras.
La crónica modernista
 ¿Qué es una crónica modernista? “Darío renovó la métrica, las metáforas y lo que es harto más importante, la sensibilidad; cuanto se ha hecho después, de este o del otro lado del Atlántico, procede de esa vasta libertad, que fue el modernismo” afirma Jorge Luis Borges.
Hay que ver cómo Darío organiza su material y de qué manera busca encontrar al lector del otro lado del Atlántico, en un mundo donde lo visual apenas existía y había que hacerse de la descripción exhaustiva, explayando la mirada por encima de los objetos, las situaciones, desde Europa –Madrid, París–, para trasplantarla a América.
Las crónicas de Darío tienen por lo general una o dos fuentes principales. Una de ellas puede ser una noticia aparecida en la prensa. La otra es alguna experiencia o vivencia personal, un encuentro, una entrevista, un libro o un artículo leído, escribe Schmigalle. Y más adelante menciona la importancia de la “autorreferencia” en estos textos. “Lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente...”: este es el material para la crónica dariana. “La noticia vale por el modo de contarla: se fragmenta la anécdota; con detalles de aquí y de allá se va dando una impresión libre de la información objetiva [...] Darío picotea en lo pintoresco, en lo inaudito, amable y gracioso, generalmente surgido del modo de presentar el hecho o del hábil uso de sus pormenores”, agrega Susana Zanetti, investigadora argentina recientemente fallecida.

Damas o mujeres

Una de las crónicas publicada por Darío en La Nación en 1901 se titula “Esas damas...” con profundo acento en los puntos suspensivos. En ella el poeta ofrece una visión crítica y mordaz de las ricas cortesanas de París y del éxito con sus “víctimas”, entre ellos hispanoamericanos notables y argentinos (sic).
Otra crónica, publicada casi diez años más tarde, se titula “¡Estas mujeres!” dedicada a las sufragistas, con el acento puesto en los signos de admiración. Darío dice haber visto varias fotografías de “estas políticas”, refiriéndose a las mujeres inglesas que luchaban por el derecho al sufragio, y las describe como “viejas” “todas feas”, y “jamonas”, y critica los “escándalos, ya groseros, ya cómicos, de las sufragistas británicas”. Para él estaba bien que hubiera mujeres que se distinguieran en lo que hacían, Sarah Bernhardt o Madam Curie, “pero estas marivarones –escribe tratando de suavizar la palabra– merecen el escarmiento”.
Sorprende la relación desde el título entre “damas” o “mujeres”, casi un enfrentamiento.
No se puede olvidar que en la bisagra de 1900 se inscribe la masiva inmigración europea a Argentina. La época del desplazamiento de la población más pobre de Europa con la ilusión de “hacer la América” incluyó también la trata de mujeres jóvenes que engrosaron los burdeles del Río de la Plata. Al mismo tiempo, es la irrupción de la fuerza de obreras en el escenario político y social argentino. “Hacia 1902, el incipiente movimiento laboral argentino organizado a partir de 1890 empezó a demostrar su fuerza en huelgas y demostraciones públicas de acción gremial que amenazaron paralizar la economía exportadora”, escribe Jorge Salessi, y agrega que ello generó en la sociedad “un temor a la inversión de mujeres que rompen con los modelos patriarcales de mujer ‘femenina’ y varón ‘masculino’ y temor a la inversión en el ejercicio del poder...”
Darío, tan sensible en otros aspectos políticos y sociales de entonces, no pudo ni supo encontrar el punto de tolerancia para ese sector social que representan las mujeres. En eso fue un hijo de su tiempo. La irrupción del cuerpo, y en especial el de las mujeres jóvenes, actuó como un tensor literario para el modernismo. Se anclaba en la letra. Medio siglo más tarde ese pensamiento iba a constituirse en motor de rebeldías sociales.

Plumíferas y viragos

Zoila Aurora Cáceres, escritora peruana, esposa durante seis meses de Enrique Gómez Carrillo, gran cronista y amigo del poeta, le pide a Darío un prólogo para su libro Oasis de arte. Crónicas de viaje por Europa, de 1911. Darío escribe en ese prólogo:

Confieso ante todo que no soy partidario de las plumíferas; que Safo y Corina me son poco gratas y que una Gaetana Agnesi, una Teresa de Jesús, o una George Sand me parecen casos de teratología moral [es decir monstruosidades del mundo animal y vegetal. Y continúa:] ¿De dónde proviene mi poco apego a las mujeres de letras? Posiblemente, o seguramente, porque todas, con ciertas raras excepciones, son feas. Evangelina (seudónimo de Zoila Aurora) no se encuentra en este caso, pues ha sido y es gala de los salones, tanto por su espíritu como por su beldad, gracia y elegancia. Baste con decir que es una compatriota de Santa Rosa de Lima.

En otro fragmento de este prólogo, Darío define la literatura aceptable/tolerable para las mujeres de esta forma “Una literatura discreta, un escribir como se borda, o se cuida una flor; una manifestación de impresiones y sensaciones, sin dogmatismo ni pedanterías, confieso que suele ser en ocasiones no solamente excusable sino encantador.”
La literatura “excusable” para las damas ya había sido desarrollada por Darío casi a modo de manifiesto en su crónica “A propósito de Mme de Noailles”. Después de leer el libro de la condesa, el poeta lo describe como un “flordelisado volumen de cosas bonitas, tiernas, melancólicas, femeninas”, y asegura que la condesa de Noailles “reconcilia la literatura con los cabellos largos, el sexo vilipendiado por Schopenhauer.” A continuación Darío se explaya con vehemencia en la descripción de los atributos extraliteraterarios de madame de Noailles:

Es una bella flor humana llena de mental esencia […] es una rara perla perfumada, como las del mar de Ormur. Es una joven exquisita, de veinte años, divina de frescura y gracia, que demuestra simplemente que se puede tener un nombre ilustre, un marido, un automóvil y poner su alma cantante y soñadora en las alas de los versos [...] Nada tiene que ver esta sacerdotisa apolínea o pánica con los pantalones del feminismo [...] ella vaga por los bosques comunicando, con la libertad de la naturaleza [...] Encanto natural, la comunicación secreta e íntima con el universo, dice todo lo que ve y todo lo que siente. Y siempre es el alma amante en el cuerpo amoroso, que vibra al soplo del armonioso viento. Ella canta la eternamente nueva canción de las florestas primaverales, de los frescos vergeles de las flores recién nacidas, de los nidos, de la hermosura melodiosa de un momento matutino, y la gloria y la alegría de amar, razón y triunfo inmenso de la vida.

Darío agrega que es consciente de las dificultades de nobles, como la condesa de Noailles, que aspiran a cultivar las artes y las letras. Y admite que “las mujeres tienen más dificultades todavía que los hombres”. Como remate de este alegato sobre la diferencia, Darío afirma que “si bien la naturaleza es sabia para ordenar el mundo como corresponde según la fisiología”, dice, “creo sin embargo, en que así como hay hombres de alma femenina, hay mujeres de alma e inteligencia masculinas.”
Para evitar cualquier confusión, advierte, sin embargo, “que no me refiero a los viragos del feminismo militante”. “Viragos” según la definición de María Moliner, son las “mujeres masculinas”. Viragos igual a “estudiantas ibsenianas” y “feministas marisabidillas...” Darío asumía la costumbre de su tiempo que definía la inteligencia como atributo viril y por ello sospechosa siempre que la ostentase una mujer, sobre todo en las letras o en la política; el terreno de lo femenino estaría dado por lo “sensible” en oposición a la “razón”. ¿Conocía Darío a aquellos hombres que albergan un “alma femenina”? Se sabe que su amigo Gómez Carrillo era un seductor de todo aquello que se le ponía enfrente y, según un crítico francés, si el matrimonio con Zoila Aurora Cáceres concluyó abruptamente fue porque ella no soportó que Gómez Carrillo la engañara con el chofer.
“Sería bueno –sueña Darío, escribe, tiene nostalgias, deseo, ¿una utopía?– que una mujer aportase buen lenguaje y buena sopa.” ¿El lenguaje de Nora y la sopa de la criada? ¿La belleza y la inteligencia? Finalmente, ni una ni otra. Y terminó consumiéndose en ese ardor que los poetas de su generación sólo cantaron en versos pero lo temieron en la realidad. La cultura es la inversión de la vida. Estaba escrito en los graffiti del París del ’68 •

Notas Adrede

  "Vivimos la   vida Adrede   en  este  mundo fragmentado  como único eslabón  de la esperanza.  Adrede caminamos a veces sin rumbo  pa...